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martes, 29 de abril de 2008

Todavía más revueltos


Se nota que la tercera temporada está tocando a su fin, porque todas las tramas de “Amar en tiempos revueltos”, el culebrón socio-romántico-político de las sobremesas de la 1 de Televisión Española, se han acelerado y precipitado como si los guionistas las hubiesen empujado por una pendiente engrasada con pieles de plátano. A pesar del modo más bien cobarde con que despacharon a Margarita, la desdichada disminuída psíquica de la que hablé en mi anterior artículo, he de reconocer que, en capítulos como los emitidos ayer y hoy, he podido ver algunas de las mejores secuencias ofrecidas en estos meses. Alguna vez he alabado el modo en que todos estos culebrones, la mayoría tan faltos de auténtica calidad en sí mismos, sí consiguen implicar emocionalmente al espectador en su diario vaivén, logrando el hecho casi imposible de que uno pueda llegar a empatizar con los personajes hasta el punto de reir, emocionarse y sufrir al unísono. Seguro que no fui el único en contener una lagrimilla cuando Juanito el Chico tuvo por fin entre sus brazos a la macizota joyera Julieta, y he de reconocer que en más de un momento de esta mañana mi pensamiento ha volado hacia ese Madrid de posguerra en el que, fiel reflejo de esta era zapateril, los “rojos” son descritos como buenos, heroicos e idealistas y los “fachas” adictos al Régimen se nos presentan como malvados, viciosos y siniestros. A partir de lo sucedido hoy, ya nada volverá a ser lo mismo, y creedme que ésto lo digo con auténtica pena. Como cualquier televidente ya sabía, el atentado perpetrado por los agentes disfrazados de productores cinematográficos ha fracasado, y del peor modo posible. El tirador tiroteado (y muerto), el pobre Juanito apresado tras dormirse en el trabajo (gajes de haberse cepillado a un icono erótico como Lola Marceli), los maquis como estrellas invitadas y Fernando enfrentándose a Carlos (el uno agraciado por el amor de Alicia, el otro obligado a conformarse con su cariño fraternal) con ventaja sólo aparente para el segundo, a quien definitivamente se le da mucho mejor vociferar a sus subalternos que disparar por la espalda a conspiradores caídos en desgracia. Recuperando el tono que ya me pareció inapropiado durante aquellas semanas en que la ingenua Margarita permaneció secuestrada, la odiosa prostituta Maribel pervierte los más bajos instintos de un indefenso Hipólito Roldán que me ha hecho recordar el recentísimo caso del austríaco Josef Fritzl, el padre que ha abusado de su hija durante 27 años, y no olvidemos la difícil tesitura en que se encuentra el modélico matrimonio formado por Sole y Juanito el Grande tras la recepción de la misiva del Padre Angel. Tensión casi insoportable y tempestuosas sensaciones a flor de piel en la recta final de esta telenovela que espero y deseo aún se prolongue en una nueva y cuarta andadura.

domingo, 27 de abril de 2008

Zarzuela para todos

Era una noche primaveral, el penúltimo viernes del mes de abril, cuando mi familia y yo asistimos a lo que para nosotros era una especie de acontecimiento: por fin una compañía de zarzuela se dejaba caer por Alhama de Murcia.

La zarzuela está próxima a su extinción, o éso al menos es lo que llevo oyendo durante toda mi vida. Fueron mis padres los que me introdujeron en el mal llamado Género Chico, o mejor dicho, fui yo quien participó de ese mundo entrevisto y entreoído a través de las canciones que cantaba mi madre y de los acordes que desgranaba mi padre cuando enarbolaba nuestra vieja guitarra. Yo no sé si ya entonces (final de los años setenta) alguien pensaba realmente que, cada vez que se representaban “La Verbena de la Paloma”, “La Revoltosa” o “Luisa Fernanda”, el telón que cerraba cada espectáculo podía ser el último en caer, pero doy fe de que no era el único que acudía al Teatro Principal de Alicante cada vez que la Compañía Lírica nos visitaba. Lo que sí tengo que admitir es que, lamentablemente, la edad media de quienes acudían y acuden a este tipo de representaciones oscila en torno a los sesenta años, y eso no sé muy bien a quién imputarlo. Supongo que una de las razones de que la Zarzuela entrase en decadencia fue la competencia directa con entretenimientos aún más populares (como el Cine), el elevado coste de trasladar a ochenta o cien personas de aquí para allá, que lógicamente, también requería una importante subvención pública si no se quería colapsar los bolsillos de los espectadores, y, probablemente, la dejadez de los responsables culturales de nuestro país, que poco a poco han ido abandonando a su suerte a un género que sólo es “chico” en la mente obtusa de quienes piensan que, por el hecho de que la Opera, su hermana mayor, esté cantada en italiano, tiene más categoría o “qualité”.

Como iba diciendo, el otro día asistí nuevamente a una representación de zarzuela, la primera que yo recuerdo en los siete años y pico que llevo viviendo en Alhama de Murcia. He de reconocer que el nombre de la Compañía, “Amigos de la Zarzuela de Cartagena”, me predispuso inicialmente hacia la condescendencia, e incluso llegué a pensar que se trataría de un grupo de jubilados deseando vestirse de chulapos y que se limitarían a mover los labios mientras sonaba el playback de alguna obra grabada por los Alfredo Kraus, Manuel Ausensi o Teresa Berganza de turno. Nada más entrar al teatro, me llevé dos sorpresas, a cada cual más satisfactoria. En primer lugar, la sala (el antiguo Cinema Velasco) estaba casi llena; y, en segundo, la presencia de una orquesta cuyos profesores iban vestidos con pajarita y smoking, como marca la etiqueta reservada a las galas más deslumbrantes.

Por el modo y manera en que bordaron “La Verbena de la Paloma”, la archiconocida pieza de Tomás Bretón, considero que los Amigos de la Zarzuela de Cartagena son, desde ya, también, mis amigos. Es cierto que la mayoría de los integrantes de la compañía son algo mayores que yo mismo (y éso que yo hace ya algún tiempo que dejé de ser treintaañero), pero su nivel artístico está mucho más cerca de la profesionalidad de lo que uno podría haber imaginado. Liderados por un pletórico José María Marín dando vida a un perfecto Don Hilarión, cada uno de los integrantes del elenco dio lo mejor de sí tanto en lo cómico como en lo estrictamente musical, con mención especial para el tenor que encarnaba a Julián, a quien tan sólo le faltaba un pelín de volumen de voz para rozar la gloria (aunque quién sabe si eran los profesores de la orquesta, dirigidos por el maestro José Antonio Torres Acosta pero contratados en la capital de España, quienes tocaban un poco demasiado fuerte). Desconozco con qué frecuencia se reúnen y ensayan estos hombres y mujeres y si realmente son todos ellos cartageneros, pero no pude evitar pensar en lo bonito que sería poder participar yo mismo en una asociación de ese tipo, y poner en forma mis pulmones para entrenar mi torpe voz de barítono al servicio de una empresa así.

Una vez concluída la puesta en escena de la obra de Bretón propiamente dicha, la Compañía aún concedió un bis hiperdesarrollado, ya que ofreció, a modo de aperitivo, algunas de las piezas de su próximo montaje, “La Alegría de la Huerta”, finalizando el recital, tal y como en esta Región mandan los cánones, con el hermosísimo “Canto a Murcia” de “La Parranda”, momento en que, a los sones escritos hace ya tantos años por el insigne Francisco Alonso, murcianos, alhameños y agregados nos pusimos en pie para despedir emocionados a aquellos amigos que nos habían traído un regalo lírico e inolvidable.

domingo, 20 de abril de 2008

Adiós a la Liga


Cada noche de domingo venimos diciendo lo mismo, y cada noche de domingo la frase es un poquito más real: el Barça ha dicho adiós a la Liga. Es cierto que todavía hay quienes se aferran a ese clavo ardiendo que se llama Champions League, pero mucho me temo que tan enorme globo de ilusiones nos lo van a pinchar un señor llamado Cristiano Ronaldo y sus diez compañeros: el Manchester United. Mi opinión (la misma que llevo expresando aquí desde hace muuuuchos meses) es que, por mucho que nos duela, el Barcelona se merece un segundo año consecutivo a cero, y que sea esa ausencia de títulos, ese fracaso total y sin paliativos, lo que precipite el cambio y remodelación que necesita no sólo el equipo sino todo el club. Desde Ronaldinho hasta Begiristain, desde Rijkaard hasta Laporta, la totalidad de los estamentos blaugranas deberían ser reciclados con urgencia. Lo de anoche frente al Español fue más fatalismo que indolencia, pero no hay que olvidar que no era, ni mucho menos, la primera vez que el pretencioso cuarteto autodenominado “Los Cuatro Fantásticos” (Ronaldinho, Eto'o, Messi y Henry) regresaba al vestuario con una inolvidable cura de humildad llamada impotencia (goleadora). De nada sirven la presión incesante sobre el área rival, el control abrumador de la pelota o la calidad incuestionable de las figuras, cuando la realidad irrefutable es que no se marcan goles. Si elimináramos al Manchester (cosa harto improbable) o, aún peor, si lográsemos ganar la Champions (cosa que ya entraría más en el terreno de la ciencia ficción que en el estrictamente deportivo), tengo muy claro que se trataría de un engañoso espejismo que tan sólo conseguiría que Rijkaard siguiera un año más, que Txiki continuara luciéndose este verano con fichajes de lo más absurdo y que Laporta no se avergonzase de pasear su catalanismo por todos los foros políticos en los que le permitiesen participar. Ojalá me equivoque, pero lo mejor que le puede pasar al Barça es caer ante los ingleses por un marcador escandaloso, quedar terceros o cuartos al final de la Liga y que el amigo Juan LaPuerta se despierte una mañana tan metido en política que no le quede otro remedio que abandonar su palco en el Camp Nou y no volver a pisarlo.

jueves, 17 de abril de 2008

La guerra del agua

Hace unos días leía en el periódico un artículo de opinión en el que el articulista opinaba que, desde que Zapatero revalidó su triunfo electoral, los espacios deportivos de las televisiones “dedicaban más tiempo al Barça que al Real Madrid”, cosa que, obviamente, parecía molestar al articulista merengón. Sobre esto sólo tengo que decir que últimamente no pongo en marcha el cronómetro cuando me siento frente a la caja tonta, pero sí es cierto que, desde que tengo uso de razón, he podido constatar justamente lo contrario: cualquier ínfimo suceso acontecido en el vestuario del Santiago Bernabeu merecía, en cualquier cadena de televisión, una atención y, sobre todo, un tiempo que nada de lo que pasaba en el club azulgrana parecía merecer. Digo ésto a cuento de que, como dice el sapientísimo refrán, “Nunca llueve a gusto de todos”, por lo que, si trasladamos algo tan trivial como una rivalidad deportiva a un terreno mucho más inquietante como es el de las reservas hídricas, creo que resulta lógico que se haya desatado la llamada “Guerra del Agua”. Me parece muy, muy lamentable que el novísimo ejecutivo “rosa” (Berlusconi dixit) de ZP lo primero que haga sea enfrentar a unas comunidades con otras por un quítame allá esos hectómetros cúbicos. A veces pienso que don José Luís está mal asesorado o que no es cierta su independencia respecto a la presión de los independentistas “moderados”. Vale que aceptó investirse en segunda ronda para no tener que pactar con nadie, pero ésto de que, después de haber clamado a los cuatro vientos que no haría trasvases, la primera decisión que adopte sea la de favorecer el suministro acuífero a los catalanes en detrimento de los valencianos y murcianos, tanto o más necesitados, suena no tanto a inconsciente error político como a gravísima afrenta con matices post-electoralistas. Vamos, que le doy la razón a Camps cuando dice que regar los campos catalanes precisamente porque en aquella “comunitat” gobierna una facción del PSOE es un agravio comparativo, un desprecio y una humillación a los territorios en los que el electorado respaldó mayoritariamente al Partido Popular. Todos los nuevos gobiernos se merecen (o eso dicen) un período de gracia de 100 días para cometer errores y, sobre todo, para subsanarlos. Espero fervientemente (y conmigo algún que otro millón de españoles) que, en los próximos tres meses, las mentes pensantes del ejecutivo zapateril lleven a cabo las medidas oportunas para proporcionar a TODAS las comunidades necesitadas el beneficio y la paz del agua que es su vida.

martes, 15 de abril de 2008

Cambiar de género

Una de mis costumbres habituales es la de leer el periódico al revés. No, no es que me ponga boca abajo para leerlo, sino que siempre lo empiezo por el final, por la contraportada, para que lo primero que lea sean las páginas de cultura y los deportes. Cuando uno transita de este modo un periódico español, es inevitable encontrarse un montón de anuncios de contactos sexuales insertados entre el fútbol y el entretenimiento, alguno de los cuales contiene letras tan grandes e imágenes tan llamativas que es imposible no posar la vista en ellos. Los que más llaman la atención son los de travestis, aunque, a juzgar por alguna de esas fotos no buscadas pero imposibles de no hallar, en este caso la expresión “travesti” es un eufemismo de “transexual”. La otra noche ví en Cuatro un reportaje acerca del mundo de la transexualidad, del que prácticamente nada sabía, y casi mejor que hubiese seguido sin aprender lo que aprendí. Me explico. A diferencia del travesti (un señor que se viste de señora y que luego se quita el atuendo femenino y continúa siendo un hombre), los transexuales son unas personas a las que la Naturaleza les gastó una broma pesada, ya que encerró un alma de mujer en un cuerpo masculino. Conforme van pasando los años (poquísimos, en alguno de los casos), dichos individuos (¿individuas?) deciden que no van a conformarse con su destino, y acuden al médico más próximo para que les recete un ingente arsenal de hormonas femeninas, con lo cual, tras algunos meses de tratamiento, logran contener la aparición del vello corporal, así como la variación tonal de la voz. El. siguiente paso es la cirugía menor: en un quirófano les brotan repentinamente enormes senos siliconados e incluso se permiten mejorar, con botox, algunos de sus rasgos faciales. El 95 por ciento de los casos terminan aquí su transformación. Conservan, por tanto, sus atributos varoniles externos, y alguno de ellos, paradójicamente, continúa dándoles un uso eminentemente masculino. Pero la vida de la inmensa mayoría de estos seres queda sujeta a un patrón que, visto desde fuera, resulta muy poco atractivo. El citado reportaje de Cuatro entrevistaba a varias “mujeres transexuales” (casi todas ellas inmigrantes sudamericanas, todo hay que decirlo) y todas ellas coincidían en que, si bien se sentían, por fin, satisfechas y felices con sus nuevos cuerpos, sus posibilidades de supervivencia se limitaban al ejercicio de la prostitución. “No conozco a ninguna transexual que sea presidenta de una empresa”, decía una de las entrevistadas, razonamiento que justificaba el hecho de que en las zonas menos recomendables de las grandes ciudades y en las páginas de contactos de los periódicos se congregase la práctica totalidad de quienes habían cambiado su sexo en nuestro país. Naturalmente, esa teoría no es totalmente cierta, pues todos hemos oído historias acerca de personas que nacieron hombres y decidieron transformarse en mujeres (sin ir más lejos, la popular “chica Almodóvar” Bibi Andersen, hoy conocida como Bibiana Fernández), o viceversa, y ninguna de ellas se dedicaba, afortunadamente, a vender su cuerpo (como sí hacía ese engendro que se hacía llamar “La Veneno”, uno de los más repelentes hijos de las “Crónicas Marcianas” de Javier Sardá). Si ésta fuese la única opción de quien vino al mundo como macho y tomó la decisión de volverse hembra, mucho me temo que es casi peor el remedio que la enfermedad. O sea, ¿tan mal se pasa siendo mujer en cuerpo de hombre, que merece la pena transexualizarse con el único objetivo de prostituirse? ¿Es acaso llevar una vida como prostituta el ideal de estas mujeres de segunda generación? Frente a estas realidades, también se mostró en el programa el caso inverso: una chica que se sintió chico y se hormonó para que no le brotasen mamas y sí, por el contrario, vello facial y corporal. Este transexual masculino era, con mucho, quien salía mejor parado en el reportaje. Su ambición no era ser puta sino formar una familia, y nos presentó a su esposa (a la que, lógicamente, debió dejar de piedra cuando le reveló su “secreto”) y a su hijo, obtenido mediante inseminación artificial. Me viene a la cabeza, asimismo, el llamativo caso de dos lesbianas norteamericanas, una de ellas también operada para convertirse en varón, a las que la naturaleza les jugó una doble mala pasada, pues quieren concebir hijos y sucede que la hembra descubrió que era estéril , por lo que quien ha tenido que someterse a inseminación ha sido la mujer que en la actualidad se ha convertido en macho, lo cual es el origen de las llamativas fotos que han dado la vuelta al mundo en las que aparece un hombre en avanzado estado de gestación. Esto sí es una solución grotesca para un aparente error genético: la mujer que se sintió hombre se ve obligada a echar mano de la femineidad de la que abjuró para poder culminar su felicidad. Bueno, a mí me parece grotesco, pero supongo que cada cual tendrá su punto de vista, y, en cualquier caso, todas las formas de ser felices sin hacer daño al prójimo merecen ser toleradas y respetadas.

domingo, 13 de abril de 2008

Cine/ "CASI 300"

HUMOR A TODA COSTA
Para satisfacción de mis detractores (que los tengo), éste debería ser, por fuerza, un artículo breve; casi tanto como acaba resultando la propia película que voy a comentar. Porque todo lo que puedo decir acerca de “Casi 300” ya lo dije respecto a “Scary Movie 4” y, más concretamente, “Epic Movie”, que, no por casualidad, fue la anterior propuesta de los firmantes del título que hoy nos ocupa, Jason Friedberg y Aaron Seltzer. Lo de utilizar una película famosa para burlarse de ella sin piedad y adornar el paisaje con innumerables referencias cachondas a otro millar de títulos, ya no es novedad y constituye todo un género en sí mismo (“spoof”, lo llaman los hijos del Tío Sam): buenos ejemplos de ello son “Hot Shots” con respecto a “Top Gun”, “Scary Movie” en relación a “Scream”, “Scary Movie 3” versus “The Ring”, las citadas “Scary Movie 4” y “Epic Movie” en referencia, respectivamente, a “La Guerra de los Mundos” y “Las Crónicas de Narnia” y, obviamente, “Aterriza como puedas” como reflejo distorsionado de “Aeropuerto”. Algunas veces la cosa funciona realmente (caso de “Aterriza…”), pero lo más normal es que este tipo de productos se limite a mimetizar la apariencia visual del film original y a trufarlo de gags de mal gusto basados en sexo y flatulencias. “Casi 300” se engloba, lamentablemente, en este segundo bando, y digo ”lamentablemente” porque la reproducción de la estética de la película dirigida por Zack Snyder roza la perfección, tanto en lo que respecta a la fotografía como en relación al vestuario, diseño de producción, música, montaje y efectos especiales. Incluso se ha cuidado la selección de los principales protagonistas masculinos, con un desconocido Sean Maguire haciendo de Leónidas, un envejecidísimo Kevin Sorbo (el Hércules televisivo de la serie que produjo Sam Raimi) interpretando a su Capitán y un divertido Ken Davitian ridiculizando al Jerjes de Rodrigo Santoro. Lo peor es que, en su denodado intento de buscar la carcajada a toda costa, los señores Friedberg & Seltzer echan mano, como en ellos es habitual, de su consabido repertorio de chascarrillos subidos de tono poco recomendables para los niños a los que inocentemente algunos llevamos al cine, y que acaban resultando incluso más fétidos y obscenos que de costumbre. Tampoco ayuda mucho el recurso fácil de recuperar a la inefable Carmen Electra (cada día más ajada y peor ¿actriz?) y hacer leña de árboles caídos como Britney Spears y Paris Hilton. Demasiado soez, demasiado dependiente de burdas alusiones a películas de moda como “Shrek Tercero”, “Spiderman 3”, “Rocky Balboa”, “Happy Feet”, “Transformers” o “El Motorista Fantasma” y demasiado ininteligible en sus molestas recreaciones de concursos televisivos desconocidos fuera de los USA, “Casi 300” (título español que, por una vez, mejora el apático “Meet the Spartans” / “Conoce a los Espartanos” original) es, también, demasiado corta. “Lo bueno, si breve, es dos veces bueno”, dice nuestro refrán, pero, en este caso, vais a permitirme que haga un chiste fácil (aunque mucho menos sórdido que los de “Casi 300”) diciendo que “Lo malo, si corto, parece más malo todavía”.

Lo mejor: la perfecta reconstrucción de la estética de “300”
Lo peor: las reiteradas bromas de carácter (homo)sexual
El cruce: “300” + “Epic Movie” + “Scary Movie”
Calificación: 4 (sobre 10)

Luís Campoy

jueves, 10 de abril de 2008

PDA (Pobre Diablo Acongojado)

Suelo llevar la cartera llena de papeles, y no se trata, precisamente, de billetes. El listado de los comics que intento conseguir mensualmente, los teléfonos más importantes a los que tendría necesidad de recurrir si se me agotase la batería del móvil, incluso las tallas de ropa y zapatos... Un buen día me dije: "¿Por qué no adaptarse a los nuevos tiempos y comprar una agenda electrónica?". Me lo pensé durante meses, y sólo pude llevarlo a cabo con las últimas migajas de la paga extra de Navidad. ¿Qué aparato adquirir? Puestos a realizar la temida inversión económica, mejor hacerlo, pensé, agenciándome un "invento" que fuese lo más completo posible, ésto es, uno dotado de teléfono móvil y también de GPS, artilugio que empezaba a resultarme necesario tras haber cambiado mi actividad laboral. Como no quería equivocarme en la elección, dediqué incontables horas a navegar por páginas y páginas de internet en las que compradores y usuarios de PDAs (así se llama el cachivache en cuestión, siglas en inglés de "Personal Digital Assistant”, “Asistente Digital personal”) daban su opinión acerca de cuáles eran las mejores o al menos les habían resultado más satisfactorias. Finalmente, la encontré. Allí estaba ella: la novísima TyTN II de HTC (filial de Q-Tek), apodada "Kaiser" por su evidente majestuosidad. Joder, era tan cojonuda que incluso se abría transversalmente, dando lugar a la aparición de un teclado tipo qwerty que, al pasar a horizontal su lujuriante pantalla táctil, permitía que el usuario se sintiese frente a un potente ordenador en miniatura. Un sábado de enero me llevé a la familia al centro comercial Nueva Condomina de Murcia y, antes de meternos en el cine, me acerqué a MediaMarkt, ese comercio que sólo admite a clientes que estén seguros de no ser tontos. Ansioso por hacerme, por fin, con ese dispositivo con el que ya casi soñaba despierto, me encaminé al pasillo de los teléfonos móviles y accesorios, y busqué y busqué y busqué y no hallé ni a la Kaiser ni a la Zarina. La amable y avispada vendedora me aconsejó que me llevase otro producto de la misma casa HTC, la 3300, que tenía, además de GPS, radio FM incorporada, y costaba más barata que la otra. Dudé brevemente y, sin estar convencido del todo, cedí ante su locuacidad. Salí de MediaMarkt con la HTC 3300, que permaneció en mi poder exactamente 5 horas, justo hasta que entré en la FNAC (ubicada también en el parque comercial Nueva Condomina) y me dí de narices con la preciosa TyTN II de mis cibernéticos amores. Tenía que haber entrado en esta tienda antes que en la otra, pero tal vez no fuese aún demasiado tarde. Volví a MediaMarkt, formulé alguna mentirijilla piadosa a la encargada de Atención al Cliente, y conseguí devolver la PDA con el compromiso de que el dinero me sería restituído a los pocos días. Por fin era libre para agenciarme la maravillosa Kaiser de pantalla abatible y teclado extraíble, y, durante un mes y medio, ese montón de circuitos, tornillos, plástico y silicio me colmó de satisfacciones. Ya podía conducir guiado por su GPS, ya podía prescindir de los listados en papel que engordaban mi cartera, e incluso muchos de los artículos que colgué en este blog los escribí desde mi adorada PDA, a la que enseguida colmé de accesorios. Pero la felicidad no sólo nunca es completa, sino que, la mayoría de las veces, es despiadadamente efímera. El último viernes del mes de febrero, mi terminal entró en fase terminal. Fue imprevisto y fulminante: se apagó solo, como por arte de magia, y ni la física ni la química lograron reanimarlo. Más que un enfermo sumido en un coma irreversible, era un joven y bello cadáver. El lunes siguiente, llamé a la FNAC y cuál no sería mi sorpresa cuando me dijeron que, a pesar de que el aparatejo tan sólo tenía un mes y medio, no podían (no les daba la gana, vaya) sustituírmelo por uno nuevo. Me pusieron en contacto con el fabricante, HTC España (que, a juzgar por el acento de la señorita que me atendió, debía ser más “HTC” que “España”), y la respuesta fue la misma: una vez transcurridos 30 días, ya no se reemplazaba el producto, sino que sería reparado por el Servicio de Asistencia Técnica oficial de la marca, que, por cierto, está en Málaga salerosa. Ya empezaba a estar seriamente indignado, cuando no frustrado y aun arrepentido (¿también las agendas electrónicas de otros fabricantes menos ponderados por los internautas, como Palm o HP, se rompían a los 45 días?), pero mi natural benevolencia me hizo pasar por el aro, y una agencia de transportes malagueña me recogió la PDA en mi domicilio, la llevó al taller especializado y, al cabo de 3 (tres) semanas, me la trajo nuevamente. He de admitir que, cuando la encendí aquella tarde, ya no estaba ni la mitad de ilusionado que cuando lo hice por primera vez. Pero es que acabé todavía mucho más irritado cuando, ya encendida, la muy cabrona se apagó solita, tras haberme hecho concebir la falsa esperanza de que, una vez sustituída su placa base (pues era ésta y no otra la avería que la había afectado), iba a volver a funcionar normalmente. Recurrí al taller y me dijeron que lamentaban mucho que, a pesar de haber sido reparada, siguiera sin funcionar, pero que se la mandase nuevamente sin problemas (sin problemas para ellos, claro está). Encaminé entonces mis quejas nuevamente hacia el fabricante, pero la mujer que atentaba, con cada sílaba mal pronunciada, contra la sacrosanta lengua española, se lavó las manos cual Pilatos y me recomendó que llevase el terminal al comercio donde lo compré, para que fueran ellos quienes la remitieran por segunda vez al servicio técnico. Más p’allá que p’acá, subí a bordo de mi vehículo y conduje en estado de shock hacia Nueva Condomina, y en la FNAC me atendió un simpático jovenzuelo que se reiteró en la imposibilidad de reemplazarme la maldita PDA por una nueva, toda vez que HTC tenía por norma reparar en garantía en lugar de sustituir, y, por si fuera poco, me recomendó, me sugirió y casi me suplicó que fuese yo mismo quien la re-remitiese a los infalibles técnicos malagueños, si no quería permanecer sin agenda electrónica tanto tiempo que, cuando algún día la volviese a recuperar, probablemente ni recordaría cómo encenderla. La bilis sabe amarga y picajosa, pero tuve que tragármela mientras introducía la maravillosa TyTN II de nuevo en su caja-ataúd, para que los mensajeros de neumáticos ligeros la depositasen en manos expertas, tan expertas que, por si acaso, esta misma mañana he abierto en la Oficina de Atención al Consumidor una reclamación contra el fabricante, contra el vendedor y contra el servicio técnico, y no he incluído a Rodolfo Chikilicuatre porque no me cabía en el formulario. No sé qué pasará finalmente con mi apoteósica agenda electrónica y si servirá de algo ejercer el irrenunciable derecho al pataleo, pero, en tanto en cuanto lo descubro, permitidme un consejo, de amigo a amigo: si podéis evitarlo, procurad no comprar ningún producto HTC y Q-Tek, salvo que seáis sadomasoquistas y disfrutéis siendo mareados, atropellados y vilmente puteados.

miércoles, 9 de abril de 2008

La investidura que dura y dura



Desde mi condición de humilde cronista de este tiempo que nos toca vivir, procuro estar pendiente de la actualidad en todas sus vertientes, y una de las cosas que más me interesan es la política, dado que se trata del marco en el que se desarrollan las leyes, las reivindicaciones sociales y las libertades. El Debate de Investidura que comenzó ayer es hoy tema obligado de análisis en todos y cada uno de los medios de comunicación de España y gran parte del mundo mundial. Yo apenas escuché sus primeros compases a través de la radio y, por la tarde, preferí invertir mi tiempo en actividades familiares mucho más reconfortantes, pero éso no quiere decir que no haya recibido con interés y agrado los titulares básicos de lo que allí aconteció. Lo de “agrado” lo digo porque me complació sobremanera el tono educado, mesurado y sorprendentemente conciliador con el que Zapatero realizó su intervención matinal. Eso sí es talante, y con talante da gusto tirar p’alante. Parece que los socialistas han comprendido que el tono de crispación y desasosiego que nos ha venido asfixiando durante los últimos años era una vía muerta imposible de transitar, y que, para relajar la tensión, la responsabilidad de recuperar la moderación perdida no es sólo cosa de los otros, sino también de uno mismo. Dos no discuten si uno no quiere, y aplaudo a ZP por entonar un discurso que incluso a un idealista desencantado como yo le sonó a gloria bendita. Tampoco hay que abandonarse a la inocencia de la credulidad infantil, pero después de lo de ayer sería absurdo no contemplar el porvenir inmediato con un cierto hálito de esperanza. Incluso Rajoy se vio incapaz de amargarle el día a su íntimo enemigo, y, a pesar de que anunciar que iba a votar a favor de su investidura a las primeras de cambio hubiese sonado a disparatada utopía, reconocer que le había gustado (como a mí… como a tantos analistas bienintencionados) “el sonido” de la intervención del candidato socialista y que estaba dispuesto a tomar la mano que le tendía creo que pudo significar el principio de una bonita legislatura.

martes, 8 de abril de 2008

Laporta, tienes la porta abierta


El Barça, mi pobre Barça, es una burda caricatura del super-equipo que encandiló a todo el mundo hace apenas dos años. Eso todos lo estamos viendo desde hace no uno sino quince, veinte meses. Parece que el único que no se entera es el presidente, Joan Laporta. Tras los tiempos de oscurantismo y chabacanería que vivimos en el último período de José Luis Núñez y, sobre todo, durante el patético mandato de Joan Gaspart, el señor Laporta consiguió volver a ilusionar al barcelonismo con una campaña electoral en la que derrotó, entre otros, a Josep María Minguella (habitual contertulio de los programas deportivos de la Cadena SER) y a Lluis Bassat, que había sido su mentor. Por paradójico que pueda parecer ahora, una de las promesas electorales de este abogado con claras aspiraciones políticas fue la de traer a una estrella mediática al Nou Camp, aunque inicialmente no se trataba de Ronaldinho Gaúcho, sino de… ¡David Beckham!. Por suerte para todos, el que acabó viniendo fue el dentolas brasileño y no el hombre-anuncio británico, pero el mérito de ficharle no fue de Laporta sino de su entonces vicepresidente deportivo, Sandro Rosell. Claro que todo aquél con inquietudes propias y opiniones bien asentadas acaba chocando con la megalomanía y el nepotismo del actual mandamás azulgrana, a quien parece que le basta, futbolísticamente hablando, con el asesoramiento de su particular gurú Johan Cruyff. Así, Rosell y otros muchos consejeros y vocales de la Junta Directiva del Barça se vieron obligados a abandonar la entidad no sin cierta polémica, mientras que Laporta iba encaminando sus intereses hacia la política. Sabidas son sus simpatías hacia el ala más independentista de ERC, con Carod Rovira a la cabeza, y creo que, también, ha sido responsabilidad suya, de su cada vez más evidente anti-españolismo (parece sufrir ataques agudos de ansiedad ante la contemplación de la camiseta de la Selección o ante la audición del Himno nacional), el que se haya polarizado de modo irreversible la postura de la gente ante el club culé: o se le ama con locura por el lustre de sus figuras (Ronaldinho, Eto’o, Messi, Henry, Iniesta, Deco, Bojan…) o se le odia a muerte por institucionalizar tan abiertamente el separatismo. Claro que ahora lo más fácil es cogerle manía a este equipo renqueante e incapaz de reaccionar, en un momento en que se ha demostrado que la preparación física ha sido de lo más deficiente y las estrellonas del vestuario se han pasado por el forro el reglamento de disciplina interna de un vestuario que el entrenador Rijkaard no ha sabido controlar. La pañolada del domingo debería servir para que Laporta abriese los ojos a la realidad: la política y el deporte se mezclan tan mal como el agua y el aceite, y si Laporta prefiere pronunciar discursos a gestionar un club de fútbol, más valiera que cogiese la porta y se marchase lo antes posible, permitiendo así la llegada de un nuevo equipo con auténticas ambiciones de gestionar un proyecto deportivo que vuelva a hermanar la competición, el arte y la ilusión.

martes, 1 de abril de 2008

Televisión/ "AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS": morbo de sobremesa

No siempre nos damos cuenta del inmenso poder que tiene la televisión. La “caja tonta”, como se la suele denominar a raíz de su facilidad para idiotizarnos o aborregarnos, es como las grandes novelas de aventuras de épocas pretéritas, pero a lo bestia: una ventana al mundo (a los mundos reales y a los inventados), un pozo sin fondo relleno de fantasía, una todopoderosa capacidad para hacernos pensar y sentir.

La verdad es que llevo meses pensando en escribir sobre “Amar en tiempos revueltos”, un caso atípico, al menos para mí, dentro del género que atiende al desprestigiado nombre de “culebrón de sobremesa”. Empecé a engancharme a esta serie en el verano del año pasado, y lo cierto es que ver uno y otro día a unos personajes bien construídos y generalmente bien interpretados te acaba por convertir poco menos que en su “amigo”, su “cómplice”, un “testigo” de su devenir por esa ficción catódita pero asimilable. “Amar en tiempos revueltos” es una producción de Diagonal TV para Televisión Española que, en realidad, constituye una especie de “remake” o adaptación de un producto anterior, “Temps de Silenci”, obra de los mismos creadores y que había triunfado previamente en Cataluña. Desde Julio de 2005, fecha del estreno de la versión “nacional”, sus creadores literarios, Josep M. Benet i Jornet, Rodolf Sirera y Antoni Oneti ubicaron su acción, inicialmente, al poco de acabar la Guerra Civil española, si bien, a lo largo de sus tres temporadas, el período histórico en el que se enmarca ha ido abriéndose hasta llegar, en los episodios que actualmente se emiten, casi a los años cincuenta del siglo pasado. La acción principal de esta telenovela transcurre en un Madrid de cartón piedra por el que deambula un tropel de personajes que tratan de reflejar (al menos, al principio) la realidad cotidiana de la época: obreros, falangistas, cabareteras, curas y camareros, gente rica y gente pobre con la que muchos españoles tienen por fuerza que identificarse, ya sea porque su edad les permitió vivir aquellos tiempos (revueltos) o porque (como en mi caso) las pequeñas historias que en ella se refieren están contadas de un modo ejemplar, utilizando diálogos vivos y creíbles, situaciones que se presumen cotidianas y temáticas fácilmente extrapolables a ésa y a cualquier otra época. No sé si por suerte o por desgracia, cuando yo comencé a verla (en la segunda temporada) ya no estaban sus primigenios protagonistas, Rodolfo Sancho, Ana Turpín, Pilar Bardem, Héctor Colomé o Félix Gómez, pero quienes desempeñaban los nuevos papeles principales, Ana Otero, Inma Cuesta, Begoña Maestre, Manu Fullola y Iago García, lo hacían lo bastante bien como para conseguir que un declarado enemigo de los culebrones se interesara por sus desventuras.

Fue a principios de la tercera temporada (verano de 2007) cuando comencé a dedicar una hora y cuarto diarios a seguir más o menos asiduamente esta serie, de la que en la actualidad me confieso, sin pudor alguno, fan incondicional. La trama central que se viene desarrollando durante estos últimos meses tiene como protagonista a Alicia Peña (Sara Casasnovas), una jovencita inteligente y liberal que se ha criado en Francia y que tiene que quedarse a vivir en España tras la muerte de su padre (Emilio Gutiérrez Caba). Sus tíos (Antonio Valero y Marta Calvó) la acogen más o menos a regañadientes, y muy pronto los puntos de vista demasiado “modernos” de Alicia chocarán con las rígidas costumbres ultramoralizantes impuestas por el régimen franquista. En su camino se cruzarán don Alvaro Iniesta (Jesús Cabrero), su profesor de Derecho romano en la Universidad, así como Fernando Solís (Carlos García) y su socio Roberto (Miguel Angel Romo), empleados de una productora cinematográfica cuyo propietario, don Paco Valpuesta (Eusebio Lázaro), es, asimismo, el dueño del lujoso café-licorería Morocco. Pero en la Plaza de los Frutos hay muchas más historias que se entrecruzan. La fotógrafa Sole (Ana Villa) tiene un hijo, fruto de su relación prohibida con el Padre Angel (Marco Martínez), que fue obligado por el párroco don Senén (Joan Llaneras) a marcharse a otra parroquia. La condición de madre soltera de la muchacha, algo impropia de la época, no impide que los Juanitos (Roberto Mori y Jorge Monje), mecánicos de un taller de bicicletas, le deparen frecuentes atenciones, hasta que el mayor de ellos acaba proponiéndole matrimonio y reconociendo a su hijo. Por su parte, en la joyería “La Estrella” no es oro todo lo que reluce: la bella y sensual Julieta (Lola Marceli), mantiene un tórrido affaire con un joven (precisamente el prometido de la prima de Alicia), lo cual no pasará desapercibido para su celoso marido don Adriano (Luis Hostalot), que, además de como joyero, ejerce de prestamista. Si la citada licorería Morocco se caracteriza por su apariencia lujosa (hasta la prostitución que allí se desarrolla, bajo manga, se desenvuelve de modo elegante), en el bar “El Asturiano” se viven cambios con respecto a las anteriores temporadas de la serie. El propietario Pelayo (José Antonio Sayagües) y su esposa Enriqueta (Paloma Tabasco) han decidido hacerse cargo de la cantina de la Universidad, por lo que al frente del establecimiento han quedado Marcelino (Manuel Baqueiro) y Manolita (Itziar Miranda). Como digo, a partir del verano pasado viene desgranándose esta tercera temporada que, hasta hace poco, tenía siete ejes bien definidos: el personaje de Alicia y el irresistible influjo de su encanto sobre todos aquellos varones que la rodean (el profesor Iniesta, Fernando, su primo Carlos y hasta su tío Hipólito); los avatares de la productora Numancia Films, bajo cuya fachada se esconde una insospechada trama de agentes dobles que buscan asesinar a Franco mientras simulan estar buscando células comunistas; la infidelidad de Julieta y los avatares de su difícil matrimonio con el despiadado Adriano; el enamoramiento de Sole y Juanito el grande, que deviene en boda; la sexualidad reprimida del tío de Alicia, despertada por la llegada de ésta, y los devaneos con la castidad de su esposa Regina, que tiene al metomentodo don Senén como interesado asesor espiritual; las vivencias universitarias narradas desde el punto de vista de los estudiantes, sus profesores y los camareros que atienden a ambos; y el devenir diario de los clientes que comen y beben en el bar “El Asturiano”. Es precisamente en este último escenario donde se desarrolla gran parte de la subtrama que, muy posiblemente, está llamada a causar una mayor polémica, cosa que, si no se ha producido ya, sólo debe haber sido porque las cifras de audiencia de la serie no son tan estratosféricas como las de productos más llamativos pero de inferior calidad, como “Sin tetas no hay paraíso”, de Tele 5. Como dije anteriormente, el Morocco no es sólo un lujoso club en el que se cierran negocios en un ambiente selecto, sino que sus paredes esconden también el ejercicio de la prostitución, si bien de forma soterrada y sin el conocimiento de sus propietarios legales. Es uno de los camareros del local, Hilario, que “chulea” a una atractiva prostituta llamada Maribel, quien abre la veda de la caza de vírgenes con las que satisfacer los bajos instintos de sus clientes más depravados. La tal Maribel conoce fortuitamente a una pobre infeliz llamada Margarita (Rebeca Valls), muchacha de pocas luces aquejada de algún tipo de retraso mental, sobrina del matrimonio formado por Manolita y Marcelino y que oficia como camarera, cocinera y “chica para todo” en El Asturiano. Durante meses y con tanta astucia como perseverancia, Maribel finge tener una hermana “especial” como Margarita y, poquito a poco, se gana la confianza y aun la amistad de la joven, e incluso vence parcialmente el recelo de sus tíos. Estamos hablando de que está en juego no sólo el engaño a un personaje televisivo común y corriente, sino el presumible abuso a un disminuido psíquico, por lo que, sinceramente, yo esperaba que los planes de los desalmados quedarían tan sólo en un intento que sería frustrado en ultimísima instancia. Sin embargo, la semana pasada se produjo la consumación del secuestro de Margarita, engatusada por los falsos oropeles de un mago que iba a actuar exclusivamente para ella. Poco de mágica tuvo la escena en la que Maribel doblegaba la desconfianza de la desgraciada, pero el instante en que se abrió la puerta de la habitación en la que supuestamente iba a tener lugar el espectáculo de ilusionismo y Margarita vio el rostro del llamado Gran Mago, a quien pareció reconocer, mereció ser adscrito al género terrorífico. Incluso en aquel momento, pensé que los guionistas no se atreverían a llegar tan lejos: por amor de Dios, se trata de una serie que se emite en horario de sobremesa, con multitud de niños pululando ante la pequeña pantalla, y, lo que me parece más significativo, vuelvo a insistir en el hecho de que la pobre víctima es una deficiente mental. Pero me equivoqué, y al inicio del siguiente episodio, Margarita yacía con el rostro molido a golpes tras haber sido cruelmente violada, y, para más INRI, era convencida por la odiosa Maribel de que lo mejor era que se olvidara de sus tíos porque les había mentido para ausentarse de El Asturiano y porque lo que había hecho era “sucio y pecaminoso”. En momentos como éste es cuando se ejemplariza lo que decía al principio del artículo respecto a la facilidad del medio televisivo para que el espectador pueda llegar a empatizar con determinados personajes si éstos están realmente bien concebidos e interpretados. Yo hubiera hecho lo que fuera por evitarle tanto sufrimiento a ese ser inexistente hecho de palabras y rayos catódicos, pero ni siquiera fui capaz de negarme a contemplar, capítulo tras capítulo, su brutal martirio y degradación. Todos los días miro los periódicos y nunca veo un anuncio en letras grandes hablando de que las asociaciones pro-defensa de los disminuídos psíquicos hayan presentado una queja formal contra TVE y su culebrón “Amar en tiempos revueltos”, por lo que es de temer que la deriva a la que parecen haberse abandonado los reputados escritores del relato no vaya a ser cortapisada por nada ni por nadie. Más allá del destino trágico al que un personaje de ficción puede ser legítimamente sometido por su creador, debería imponerse el derecho de las personas más desfavorecidas a no tener que presenciar a diario cómo uno de los suyos es vejado de una forma despiadada, y también de los niños que asisten, sin entenderlo, al sufrimiento de un sér con el que, por naturaleza, les había resultado fácil identificarse. Obviamente, me diréis: “Si no te gusta lo que ves, cambia de canal”. Y la verdad es que he comenzado a pensar en hacerlo. Pero, un día sí, y otro, también, no puedo evitar seguir teniendo fe en la bondad inherente a todas las criaturas de Dios (incluídos los guionistas), y, además, cuando empieza a sonar la canción “Volver a comenzar”, entonada por la ex-triunfita Nuria Fergó y que sirve de banda sonora a la hermosa cabecera de “Amar en tiempos revueltos”, algo tira de mí hacia la pantalla chica y hacia la “1” de Televisión Española, y tan sólo espero que la presente situación dure lo menos posible o que, en cualquier caso, quienes tengan poder para ello exijan a los responsables de la cadena que pongan fin a tan innecesario morbo de sobremesa.