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jueves, 28 de febrero de 2008

Face to face

No fue ni mucho menos decisivo, pero los índices de audiencia están ahí: 13 millones de personas (sumando el número total de espectadores que lo vieron en Televisión Española, en Cuatro y en la Sexta) presenciaron el cara a cara entre Zapatero y Rajoy. Había hambre de confrontación política de primer nivel, aunque lo que se dijo no fue sino una especie de resumen o repetición de los consabidos argumentos que ambos líderes llevan disparándose mutuamente desde hace no sólo meses, sino años. Me pregunto si no les resultará tan cansado decir las mismas cosas como a mí escucharlas. Porque si aburrido y reiterativo es oir cómo Rajoy esgrime su archiconocida retahíla de acusaciones y descalificaciones, hay que reconocer que no es menos soporífero el modo en que el Presidente (perdón, el candidato socialista) recopila sus argumentos defensivos mientras convierte en armas arrojadizas los puntos negros de la actuación de los anteriores gobiernos populares. Es un toma y daca casi infantil, pero, en el fondo, ¿no es éso precisamente a lo que ya nos tienen acostumbrados? ¿A qué otra cosa podríamos aspirar? Viendo cómo un tipo tan gris y poco carismático como don Mariano aspira a convertirse en Presidente de España, no me extraña que lo más probable sea que ZP prolongue su estancia en la Moncloa durante cuatro años más. Y la verdad es que, a medida que pasan las semanas, me doy cuenta de que prefiero esta posibilidad a la de que le releve su barbudo enemigo. Rajoy es una mezcla de Pepito Grillo y mosca cojonera que se repite más que un plato de judías con chorizo, y Zapatero enarbola sus cejas triangulares mientras sus enormes ojos saltones parecen la viva imagen de la inocencia. Para mí, si hay que imputarle la victoria parcial a alguno de los dos contendientes, el vencedor sería, sin duda, el líder del PSOE, aunque sea porque lleva cuarenta y ocho meses tratando de desarrollar políticas sociales de izquierda y durante algo más de noventa minutos tuvo frente a sí (a la derecha del espectador) a una Némesis redicha y engañosamente campechana que bien haría en no sonreir jamás, porque detrás de cada sonrisa parece subyacer la impostura de una fachada ensayada hasta la extenuación.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Cine/ "JUMPER"

Insoportable levedad

Hay películas (buenas) que necesitan el paso del tiempo para que uno las valore y aprecie en su justa medida, una vez asimilados serenamente sus logros y virtudes. Otras, en cambio, pierden, con el transcurso de las horas, el único aliciente de un envoltorio brillante detrás del que, en realidad, lo único que brilla es el vacío de la nada. "Jumper" pertenece, rotundamente, a esta segunda categoría. La historia del joven poseedor de poderes incomprensibles (en este caso, la capacidad de transportarse o "saltar" de un sitio a otro, que puede estar situado a miles de kilómetros de distancia) al que persigue sin descanso un enemigo formidable e implacable nos la han contado tantas veces que parece mentira que sus responsables hayan elegido la opción siempre arriesgada de apostarlo todo a la carta fácil de los efectos especiales, minimizando sin pudor alguno el resto de sus posibles alicientes. Escenas como la del epílogo final, en la que el protagonista se reencuentra con su madre muchos años después de haberle abandonado, ejemplifican a la perfección lo que acabo de comentar: el encuentro está narrado con tanta frialdad que su misma necesidad dramática se torna absurda, y hasta una actriz tan sólida como Diane Lane está penosa. Lo mismo puede aplicarse a todos y cada uno de los otros actores, sin excepción. Hayden Christensen repite por enésima vez su composición de chico-bueno-pero-con-alma-oscura que ya exhibió, con resultados nada más que discretitos, en las dos últimas entregas de "Star Wars", y la mediocridad se extiende también a las actuaciones de Jamie Bell, Rachel Bilson y un Samuel L. Jackson vendido, nuevamente, al Poderoso Caballero, y que se enfrenta por segunda vez a Christensen después de “La Venganza de los Sith”. Lo dicho, despliegue de efectos especiales, un innegable hallazgo visual (el plano del protagonista sobre la cabeza de la Esfinge de Gizeh) que, aunque ciertamente magnífico, acaba de resultar cansino a fuerza de ser repetido, y un despilfarro de celuloide al servicio de un argumento que ni a los niños engancha.
Luis Campoy

Lo mejor: el travelling aéreo alrededor de la Esfinge.
Lo peor: el guión, la dirección, los actores, el peluquín imposible de Samuel L. Jackson.
El cruce: "El Caso Bourne" + "La Zona Muerta" + "Regreso al Futuro II"
Calificación: 4 (sobre 10)

sábado, 23 de febrero de 2008

Cine / "EXPIACION"


EL AMOR, LOS CELOS Y LA CULPA

Durante el caluroso verano de 1935, la joven e imaginativa Briony Tallis, que a la edad de 13 años acaba de terminar su primera obra de teatro y está enamorada del hijo del ama de llaves de su lujosa mansión, cree percibir una actitud pecaminosa entre éste y su propia hermana Cecilia. El cocktail de imaginación desbordante e irreprimible despecho ante un amor adolescente no correspondido provoca una serie de dramáticas consecuencias que cambiarán para siempre la existencia de Briony y de quienes la rodean...

Este es, a grandes rasgos, el argumento de "Expiación", la nueva película conjunta de Joe Wright (director) y Keira Knightley (actriz protagonista) tras la maravillosa "Orgullo y Prejuicio". Poco o nada tienen en común ambos films aparte de la presencia de dos de sus artífices, pues lo que en la obra basada en la novela de Jane Austen era romanticismo bucólico pespunteado con logradas dosis de comedia, aquí se trueca en puro drama al borde de la tragedia y con elevados niveles de arrepentimiento y culpabilidad.

"Expiación" constituye una sorpresa. Sorprende, sobre todo y ante todo, la sabiduría cinematográfica de su director, capaz no sólo de contar una historia sino de crear una auténtica obra de arte, pintando y retratando a sus personajes y a su entorno con una paleta llena de colores y un pincel tan embellecedor en lo estético como incisivo en lo humano. Si los primeros quince minutos apabullan con esa tan consabida hermosura de la campiña británica, la media hora subsiguiente es un prodigio de narración dramatúrgica aposentada en el gesto y la mirada o, más aún, en lo mostrado y lo imaginado, en lo evidenciado y lo simplemente entrevisto. La perfección de cada uno de los planos y la extraordinaria interpretación de los actores (sutil, introspectiva e interiorizada pero tan fácil de entender como diez páginas de diálogo) nos brindan treinta minutos de Cine con mayúsculas que, lamentable pero lógicamente, no podían tener continuidad, no al mismo nivel. A partir del estallido de la Guerra, la historia y la narración se adocenan un poco, se hacen más previsibles, incluso sobrevuela, pasajeramente, la peligrosa sombra del aburrimiento, cosa que, con todo, resulta felizmente superada merced al sorprendente giro final.

Independientemente de la cosecha de Oscars que mañana mismo pueda bendecirla, "Expiación” merece la pena por sí misma, por navegar unas aguas (las del dramón post-victoriano servido con sentimiento y calidad) no por transitadas demasiado concurridas, por utilizar las armas estrictamente cinematográficas (la imagen y la música) con particular vehemencia sobre el soporte literario (la novela de Ian McEwan) que le sirve como punto de partida, y por obligar al espectador a que se involucre totalmente en una trama que no siempre es lineal. Tampoco hay que dejar de lado el buen hacer de su elenco protagonista, desde una Keira Knightley más desgarrada y desgarradora que nunca hasta un estupendo James McAvoy que después de este trabajo va a ir directo al estrellato, sin olvidar, tampoco, la original partitura musical de Dario Marianelli, cuyo tema principal utiliza como base rítmica el tecleo de la máquina de escribir de la joven escritora que provoca una tragedia y pasará el resto de su vida tratando de expiar una culpa que tendrá que vencer, también, con las armas de su imaginación.

Luis Campoy

Lo mejor: La fotografía, la música, la dirección, James McAvoy.
Lo peor: El drástico cambio de tono durante la segunda mitad.
El cruce: “Emma” + “El Paciente Inglés”
Calificación: 9 (sobre 10)

martes, 19 de febrero de 2008

Cine/ "SWEENEY TODD, El Barbero Diabólico de la Calle Fleet"

Los mata suavemente mientras canta...

Algo así como una leyenda urbana decimonónica, Sweeney Todd pertenece por derecho propio al imaginario popular de Gran Bretaña, en cuya capital se supone que vivió y donde asesinó a quienes hacía responsables de su estancia en prisión y de la subsiguiente pérdida de su mujer e hija. Su verdadero nombre era, al parecer, Benjamin Barker, y se cuenta que, una vez fugado del presidio, regresó a un Londres que asoló con una oleada de crímenes en los que contó con la complicidad de una pastelera llamada Nellie Lovett, quien supo sacar partido de los despojos humanos que Todd iba sembrando por doquier. La historia más o menos real del barbero diabólico de la calle Fleet ha dado lugar a múltiples manifestaciones literarias, televisivas y teatrales, siendo la obra musical escrita por el gran Stephen Sondheim la aportación definitiva al mito, la que ha definido permanentemente su hagiografía.

Siguiendo la estela de recientes musicales ("Moulin Rouge", "Chicago", "El Fantasma de la Opera", "Dreamgirls") que se estrenan en Estados Unidos en fechas propicios para su nominación a los Oscar anuales, el director Tim Burton aceptó hacerse cargo de la adaptación cinematográfica de la opereta de Sondheim, si bien imponiendo sus propias condiciones: rodar íntegramente en estudio, suprimir parte de las canciones y rejuvenecer la edad de los personajes protagonistas con el fin de que fuesen interpretados por su actor fetiche Johnny Depp y por su pareja en la vida real desde que la dirigiera en "El Planeta de los Simios", Helena Bonham Carter. El resultado es eminentemente positivo, muy en la línea de la estupenda "Sleepy Hollow", también protagonizada por Depp y en donde ya se explayaba en una ambientación gótica y tenebrosa y en la exhibición impúdica de la violencia. Lo mejor de "Sweeney Todd", la película, es íntegramente atribuíble al proceso de asimilación al que Burton somete a un material ajeno que acaba resultando personal y casi intransferible. Los diseños de producción de todas sus películas son especialmente destacables y esta nueva obra no podía ser menos: el Londres de “Sweeney Todd” es un escenario lóbrego, neblinoso y fantástico en el que intencionadamente predominan los tonos grises, como grises son las expectativas de futuro de las clases bajas protagonistas. Por éso resultan tan estudiadamente llamativas la escena del duelo entre Todd y el barbero italiano Pirelli (una de las pocas que transcurren bajo la luz diurna), o la secuencia onírica en la que Bonham-Carter intepreta la canción “By the sea”. Son, precisamente, las canciones las que constituyen un lastre pesadísimo que impide que el film alcance las cotas a las que, en caso de ser enteramente una obra de nueva creación, habría podido acceder. Quienes me conocéis sabéis que soy un enamorado de los musicales y de las películas que los adaptan, pero hay musicales y musicales y “Sweeney Todd”, a pesar del rimbombante nombre de Stephen Sondheim, me parece de los más aburridos y de los menos inspirados. Ni uno sólo de sus temas resulta especialmente atractivo en sí mismo, la orquestación es tan oscura como las imágenes que la recrean y, paradójicamente, los únicos actores que realmente cantan bien son quienes menos peso específico tienen en la trama. Que Johnny Depp no es un cantante profesional era bien sabido por todos, y por ello no deja de resultar paradójico que se le asigne el papel protagonista de una ópera (u opereta) a alguien que no va a dar lustre (más bien lo contrario) a ninguno de los temas que interpreta. Algo así sucedió hace poco con Gerard Butler y su masacre consentida de las hermosas piezas compuestas por Andrew Lloyd Webber para “El Fantasma de la Opera”, y es lamentable que los mandamases de los estudios no hayan aprendido la lección: o le das el papel a alguien que sepa cantar, o doblas su voz para las canciones, o te arriesgas a eliminar todos los cantables, cosa que, bien mirado, debió suceder en este caso.

No obstante lo expuesto, la maravillosa puesta en escena, la magistral fotografía y la excelente planificación de Tim Burton nos hacen olvidar “defectillos” tales como la decepcionante composición de Johnny Depp (injustamente nominado al Oscar) y la repelente ñoñería de los jóvenes enamorados. Menos mal que el siempre soberbio Alan Rickman y un sorprendente Sacha Baron Cohen consiguen subir el listón interpretativo de un film en el que la sangre que mana abundantemente de los gaznates rebanados constituye un aliciente para los fans del cine de terror y un verdadero tormento para los espectadores de estómago sensible.

Luis Campoy
Lo mejor: la ambientación, el divertido derroche de hemoglobina y Sacha Baron Cohen
Lo peor: el maquillaje de Johnny Depp y las canciones de Stephen Sondheim
El cruce: “El Conde de MonteCristo” + “Sleepy Hollow” + “La Pequeña Tienda de los Horrores”
Calificación: 8,5 (sobre 10)

viernes, 15 de febrero de 2008

Por fin, el primer trailer oficial de "INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL"



En cuanto he llegado a casa, lo primero que he hecho ha sido buscarlo, y ¡¡¡bingo!! ¡¡Lo encontré!!. Sabía que ayer, Día de los Enamorados, se iba a dar a conocer el primer trailer de la película con la que muchos soñamos despiertos, deseando reverdecer viejas juventudes o, en cualquier caso, vivir nuevas aventuras con sabor nostálgico: “Indiana Jones y el reino de la Calavera de Cristal”. Acabo de verlo, tres veces, y aún estoy casi temblando de la emoción. Con mucho, supera mis mejores expectativas, y éso que casi la mitad del avance no es sino una especie de breve (y maravilloso) resumen de las tres entregas precedentes. Lo que en tan escasos minutos se nos muestra de la cuarta (y, probablemente, última) aventura del arqueólogo más famoso de la Historia no es, como yo me temía en un principio, cine otoñal con reminiscencias de western crepuscular, sino más, mucho más de lo mismo, dicho ésto con plena satisfacción y con todo el respeto posible a una de las mejores sagas del Séptimo Arte . Indy mantiene intacta su apostura y su socarronería, Cate Blanchett está de lo más sexy vestida de uniforme y Shia LaBeouf apenas tiene tiempo de romper el encanto con alguna gilipollez. Casi no puedo esperar al día 22 de mayo para comprobar cómo una vieja chaqueta, un sombrero y un látigo han sido capaces de volver a convertir a un hombre de sesenta y cinco años en el joven de cuarenta que enamoró a todo el Universo.
Aquí os dejo el enlace para que lo disfrutéis como yo lo he disfrutado.

Cine/ "NO ES PAIS PARA VIEJOS"



No es plato para todos los gustos (desgraciadamente)


Por fin llega a nuestras pantallas la esperada nueva propuesta de los Coen Brothers, "No es país para viejos", título español que, para variar, respeta a rajatabla el original inglés "No Country for Old Men".

Una de las primeras cosas que hay que decir es que no se trata, en absoluto, de una película convencional. Empieza de forma abrupta, se desarrolla a saltos y termina sin solucionar la mayoría de las premisas planteadas. Pero no penséis que todas estas circunstancias constituyen un defecto, sino, en todo caso, una virtud inesperada: se trata de un film diferente, único, original, que require del espectador una actitud más abierta y participativa que de costumbre.

La trama de "No es país para viejos" gira en torno a la droga, el dinero, la ambición, el crimen, la fidelidad a los propios principios y, en última instancia, la muerte. Sus personajes (un pobre soldador y su mujer, un viejo sheriff y dos asesinos a sueldo) están primorosamente bien descritos, a pesar de que, con la excepción del maduro agente de la Ley, ninguno de ellos habla demasiado. Sus personalidades quedan reflejadas a través de sus actos, merced a unas composiciones realmente sobresalientes de casi todos sus intérpretes, con especial mención a Josh Brolin y Javier Bardem. Si el segundo está hinchándose (merecidamente) a premios por su poderosa creación de un psicópata, el segundo no le va a la zaga, y en un registro más difícil porque tiene un papel mucho menos agradecido. El joven Brolin, hijo del actual compañero de Barbra Streisand, tiene a su cargo el rol del hombre común superado por las circunstancias, que pagará muy caro su intento de ayudar a un mexicano herido en el tiroteo acaecido durante una operación de compra-venta de heroína. Hacerse rico de repente no trae buenas consecuencias para nadie, y menos cuando los traficantes despechados ponen en tu camino a una auténtica máquina de matar inhumana, insensible e incansable.

Mitad cine negro, mitad western crepuscular, "NEPPV" ofrece más de lo que promete, principalmente porque no promete nada, a excepción de lo que puede intuir un cinéfilo basándose en la entidad de sus creadores. Los hermanos Coen han dado múltiples muestras de su capacidad desde "Sangre fácil" hasta ahora, pasando por "Muerte entre las flores", "Fargo", "Barton Fink" y "Oh, brother", y hay que reconocer que se desenvuelven estupendamente en el terreno del thriller, especialmente cuando éste se enmarca en un ambiente rural, provinciano, pueblerino. Este año vuelven a optar a los Oscar principales, aunque, como todo el mundo sabe, la candidatura que tiene más posibilidades de cuajar es la de Mejor Actor Secundario, categoría en la que Javier Bardem tiene una mano y media alrededor de la estatuílla, merced a un excelente trabajo de composición tanto física como introspectiva, con una impactante encarnación de la maldad en estado puro que será difícil de olvidar. Frente a él, el ciudadano gris que se ve inmerso en una sangrienta explosión de violencia (qué año el de Josh Brolin, que ha encadenado con éxito papeles tan dispares como el soldador de “NEPPV”, el médico de “Planet Terror” y el policía corrupto de “American Gangster”), y el sheriff-filósofo al que tan bien encarna un Tommy Lee Jones que se pasa media película aludiendo a su esposa llamada Loretta, lo cual me hizo pensar en su trabajo (casi de juventud) en "Quiero ser libre", donde hacía de marido de Loretta Lynn, la reina del country que interpretaba Sissy Spacek. Por cierto, otro guiño cinéfilo es la estética del cartel promocional del film que nos ocupa, que mimetiza el de "Salvar al soldado Ryan". "No es país para viejos" no es un plato degustable por cualquier paladar, pero quienes consigan asimilar su sabor disfrutarán de un menú compuesto por un buen guión, una buena dirección y algunas grandes interpretaciones, lo que, todavía en nuestros tiempos, equivale a una buena película.
Luis Campoy
Lo mejor: Josh Brolin, Javier Bardem, el guión y la dirección (o sea, casi todo).
Lo peor: el desenlace, demasiado abrupto para el gusto actual, y la suerte del personaje de Josh Brolin
El cruce: “Fargo” + “Desperado” + “Traición sin límite”
Calificación: 9 (sobre 10)

lunes, 11 de febrero de 2008

Cine/ ASTERIX EN LOS JUEGOS OLIMPICOS

Derroche de medios, escasez de resultados


¿Quién dijo que adaptar un comic al cine era una tarea fácil..? Durante años, o, mejor dicho, durante décadas, los tebeos más populares en nuestro país han sido "El Guerrero del Antifaz", "El Capitán Trueno", "Roberto Alcázar y Pedrín" (representantes de la hiperespañolidad más acusada), además de "Tintín" y, sobre todo, "Asterix ", en calidad de ilustres aportaciones foráneas. Marvel era una ilustre desconocida, y D.C. tan sólo eran las iniciales que aparecían en la portada de los tebeos de Supermán (sí, con acento) que alguien importaba desde México. Asterix y Obelix (a éstos no les pongo la tilde porque nadie tiene muy claro dónde ubicarla, al menos por cuanto a su pronunciación) fueron los héroes de la generación anterior a la mía, y todavía a mí me salpicó su magia, basada no sólo en la calidad y claridad de su dibujo, sino, sobre todo, en la comicidad e ironía de sus guiones. Las adaptaciones animadas de estos personajes creados por Renè Goscinny y Albert Uderzo conservaron bastante bien el aspecto estético de la historieta, pero cometieron el comprensible error de infantilizar los textos para hacerlos accesibles a un público formado por niños ... pequeños. Fue no hace mucho cuando los franceses se decidieron a rendir el debido homenaje a sus universales galos, y tuvieron el acierto de contar con el gran Gerard Depardieu para dar vida a Obelix, mientras que el menos conocido Christian Clavier se hacía cargo del rol de Asterix. La película resultante, "Asterix y Obelix contra César" fue un considerable triunfo económico, al tiempo que un rotundo fracaso artístico. La obligada continuación, "Asterix y Obelix: Misión Cleopatra", mantuvo el mismo elenco original y, sorprendentemente, mejoró ligeramente el nivel del producto. Así las cosas, llega ahora el tercer episodio de la saga, con una considerable inversión presupuestaria y un aparente hándicap que al final no lo es tanto: la sustitución de Christian Clavier por Clovis Cornillac en el papel de Asterix.

"Asterix en los Juegos Olímpicos" se basa, obviamente, en la historieta de igual título y traslada la acción a una Grecia que hace poco hubiéramos definido como "de cartón piedra" pero que hoy en día hay que denominar "de píxel y byte", dado que, aunque se erigieron suntuosos decorados en la muy publicitada “Ciudad de la Luz” de mi Alicante natal, el pestilente tufo a infografía puede percibirse en todas y cada una de las secuencias. No estoy en contra del progreso, aunque sí me fastidia que los ordenadores sean la técnica dominante a la hora de (re-)construir escenarios, ambientes e incluso personajes. Puede que yo me haya vuelto más arcaico que la antigüedad grecorromana que el film pretende evocar, pero tengo una cosa muy clara: la escena cumbre de “Asterix en los Juegos Olímpicos”, la carrera de cuádrigas en la que participa el ex-piloto Michael Schumacher, en ningún caso está mejor visualizada, rodada o montada que su indiscutible modelo canónico, la magistral secuencia central de “Ben-Hur”, filmada hace prácticamente ¡¡50 años!! O sea, por mucho que avancen determinadas técnicas cinematográficas, el esfuerzo, la pericia y el mérito de los humanos sigue siendo notoriamente superior a los logros auspiciados por las máquinas.

Lo peor de “Asterix en los Juegos Olímpicos”, junto a ese sentido del humor tan francés, tan poco sutil y tan grotesco y chabacano en demasiados momentos, es que la participación de los teóricos protagonistas, Asterix y Obelix, queda diluída en favor de personajes que deberían haber sido secundarios, tanto en función de su importancia real en la trama como de la (antipática) composición de los actores que los ejecutan, con especial mención al insoportable Benoit Poelvoorde, al parecer muy popular en el país vecino, y que aquí interpreta a Bruto, hijo de Julio César. Alrededor de este caricato se desarrollan demasiados minutos y demasiadas subtramas y sobrevuelan demasiados personajillos (sin ir más lejos, nuestro Santiago Segura, simplemente horrendo), mientras que los irreductibles galos parecen secundarios en su propia película. En cuanto a Alain Delon, rescatado de su voluntario retiro para interpretar a César, decir que su presencia es tan gratificante en cuanto a su condición de animal cinematográfico como irritante por su tediosa sobreactuación (¡y qué cargantes los franchutes, remarcando y subrayando y enmarcando por doquier la participación de su mayor estrella, casi como si de un verdadero César de la interpretación se tratara!).

Podríamos decir que es el exceso lo que hiere casi mortalmente a esta coproducción entre varios países europeos. A “Asterix en los Juegos Olímpicos” le sobran ambiciones (técnico-estéticas), le sobran personajes (incluyendo cameos tan poco aprovechados como los del citado Schumacher, el futbolista Zinedine Zidane o el baloncestista Tony Parker) y, sobre todo, le sobran minutos (sin ir más lejos, el larguísimo y soporífero epílogo pone de los nervios al más pintado). Algo más corta, más fiel al comic original y más ceñida al protagonismo de Asterix y Obelix, esta película hubiese resultado mucho, muchísimo mejor.

Luis Campoy
Lo mejor: Gerard Depardieu, la carrera de cuádrigas y algunos decorados
Lo peor: Benoit Poelvoorde, Santiago Segura y el atracón de efectos digitales
El cruce: "Asterix y Obelix: Misión Cleopatra" + "Ben-Hur" + "Torrente"
Calificación: 5 (sobre 10)

viernes, 8 de febrero de 2008

¿Serbio o español?


Supongo que se tratará de una concatenación de casualidades, pero lo de este chico, Bojan Krkic (que se va a hacer de oro apostando a que nadie es capaz de pronunciar correctamente su apellido) y su romance de ida y vuelta con la Selección Española ya comienza a pasar al imaginario popular. Resulta que, aunque el chaval nació en Linyola, su papá es más bien serbio que otra cosa, por lo que el vástago puede aspirar a la doble nacionalidad hispano-serbia, de modo que los dos países podrían reclamarle legítimamente. Existe, pues, una pugna soterrada, una carrera en la que sólo puede haber un ganador: en cuanto el joven Krkic dispute un partido oficial vistiendo la camiseta distintiva de uno de los dos países, el otro ya no podrá convocarle. No sé si sería por esto último por lo que el incansable presidente barcelonista, Joan Laporta, ése que prefiere asistir a un mítin de Carod Rovira antes que a un partido de su equipo, prohibió a Bojan que se hiciese unas fotos vistiendo la elástica española, no fuera que alguien pensase que un talento tan emergente tenía algo que ver con la Madre Patria (de algunos). Mas el mecanismo futbolístico siguió su curso, y el muchacho se incorporó a la concentración de Luis Aragonés, si bien, a su llegada, se le diagnosticó una inoportuna gastroenteritis. Me da a mí que tenía ganas de cagarse en más de cuatro, y los médicos aconsejaron que no entrenase con el resto de seleccionados hasta que se repusiera. Cuando parecía que la taumaturgia había obrado su curación y estaba finalmente alienado para disputar la segunda parte del España-Francia, en el que a) se hubiese proclamado el jugador más joven en defender los colores de este país y b) se hubiese podido enfrentar a sus compañeros de club Henry y Abidal, sufrió un mareo que le hizo caer de la alineación. ¿Casualidad o mala suerte? Lo cierto es que la adscripción del zagal a una de sus dos nacionalidades continúa siendo un misterio sin resolver, y, en tanto en cuanto no se produzca su debut, tanto España como Serbia pueden llevarse el gato (perdón, el futbolista) al agua. ¿Veremos finalmente a Bojan jugando al lado de Casillas, Ramos, Puyol, Torres y compañía, o tendremos que aprender a pronunciar su apellido y otros diez tan impronunciables como el suyo?

jueves, 7 de febrero de 2008

Cine/ JOHN RAMBO: Vuelta al Infierno

Apocalypse Rambo


El inefable Sylvester Stallone, que parecía defenestrado por el cine de gran presupuesto hollywoodiense tras dilapidar su carrera a finales de los noventa con películas a cada cual más pésima y menos taquillera (la otra noche pude ver el inicio de “D-Tox, Ojo Asesino”, y no seguí viendo porque era simplemente insoportable), pareció resucitar de sus propias cenizas el año pasado con su más que correcta “Rocky Balboa”, puesta al día y pseudo-remake de uno de sus títulos emblemáticos. Doce meses después, Stallone toma las riendas de la aparentemente agotaba serie de su otro gran personaje, Rambo, y nos regala un producto que, tras visualizarlo y someterlo a un somero análisis, nos revela que a) el “potro italiano” es un pésimo guionista pero b) su estilo narrativo como director ha evolucionado tan satisfactoriamente que parece un digno heredero de Robert Aldrich o Samuel Fuller, realizadores que iluminaron el cine bélico en la década de los cincuenta. Más aún, me atrevería a decir que “John Rambo” es el particular “Apocalypse Now” de Sylvester Stallone, y no se me tome como hereje porque, salvando las distancias y sin pretender equiparar el talento de Francis Ford Coppola con el del creador de Rocky, tanto uno como otro film comparten no sólo coincidencias argumentales sino también similares postulados quasi-filosóficos, por no decir humedad, jungla y horror, mucho horror.

He dicho como mil veces que, a la hora de disfrutar (o no) una película, es primordial establecer las bases de lo que uno espera hallar en ella, para evaluar el grado de satisfacción de las expectativas. En este sentido, cualquier espectador de cualquier parte del mundo sabe que una película de Sylvester Stallone y, más concretamente, de Rambo, no va a depararle una historia profunda ni unos diálogos magistrales, como tampoco personajes creíbles o grandes actores luciéndose a través de personajes de compleja psicología. O sea, el viejo zorro italoamericano sabía perfectamente lo que tenía que ofrecer a sus todavía fieles legiones de fans, y vaya si se lo proporciona ¡con creces!. Una vez superados los primeros y prescindibles cuarenta y cinco minutos, la aventura y la violencia se apoderan de la pantalla, con un realismo y una crudeza simplemente impresionantes. La brutalidad y el salvajismo de Rambo resultan sorprendentes y apabullantes, pero hay que reconocer que Stallone sabe perfectamente cómo filmarlos, exhibiéndolos en planos muy breves que se dejan ver pero en los que tiene el pudor y el buen gusto de no recrearse. Además, como bien sabe el público incluso antes de pagar la entrada, el ex-boina verde tiene una particular e irrefrenable tendencia a cometer actos violentos, razón por la cual vive recluído en las selvas de Tailandia; mas, cuando las circunstancias se confabulan en su contra, conjuga en todas sus declinaciones el célebre lema de la serie: “Si quieres sobrevivir a la guerra, conviértete en guerra”. El truco es presentar a las futuras víctimas de Rambo como seres inhumanos y monstruosos, que disfrutan cometiendo los actos más crueles y virulentos con actitudes que la extrema derecha norteamericana (uy, qué casualidad, igual que la española) asocian con la depravación y la perversidad (el más malo de todos los malos es… homosexual). De este modo, ante la exposición de tanta injusticia y tanta maldad, hasta el más pacifista acaba por desear que Rambo se deje de zarandajas y haga lo que mejor sabe hacer: matar, matar y matar. A destajo, sin piedad y con tanta efectividad como truculencia.

Más bien indefendible desde el punto de vista ideológico, y más bien soporífera durante su primera mitad, creo que es justo admitir que, si se aceptan las convenciones del género bélico, la parte final de “John Rambo” es todo un acierto: es concisa, tiene un ritmo magistral, la acción está muy bien narrada y Stallone no se pierde en inútiles disquisiciones moralizantes. El aspecto físico del actor y director resulta asombroso para un hombre de casi 62 años (aunque puede que no sea del todo “natural”: durante el rodaje se le requisaron una gran cantidad de anabolizantes), y el final de la película, que prácticamente, copia el principio de “Acorralado”, la primera entrega de la serie, parece que confirma que ésta va a ser la aventura final del personaje. Por cierto, nuevamente sufrí una especie de vahído en mi sensibilidad musical cuando, mientras se escuchaban los sones de la partitura compuesta por Jerry Goldsmith para acompañar las andanzas del imparable icono de la América de Reagan, los títulos de crédito afirmaban que la banda sonora había sido escrita por… Brian Tyler. Que sí, que el tal Tyler habrá sido el encargado de ensamblar los pedazos, pero ¿no hubiera sido más correcto atribuir la autoría al insigne Goldsmith?.
Luis Campoy

Lo mejor: La adrenalínica violencia de las escenas de acción
Lo peor: El guión, de lo más tópico y maniqueo
El cruce: "Rambo" + "Apocalypse Now"
Calificación: 7 (sobre 10)

domingo, 3 de febrero de 2008

Cine/ MONSTRUOSO

El 11-S, Godzilla y la Bruja de Blair

No puedo evitarlo, me resulta irresistible, es monstruosamente superior a mis fuerzas. Tengo que declararlo públicamente y a los cuatro vientos: "Monstruoso" es un Gran Hermano rodado por la Bruja de Blair y con los integristas de Al-Qaeda disfrazados de hijo bastardo de Godzilla.

"Monstruoso" ("Cloverfield" en el título original) ha bebido impúdicamente de las mismas fuentes que la citada "El Proyecto de la Bruja de Blair". Por un lado, su estrategia publicitaria es la misma que la utilizada por Daniel Myrick y Eduardo Sánchez para su "terrorífica" película (y copiada después en "Serpientes en el avión"): en lugar de costosísimas campañas de millones de dólares, se crea a través de Internet una expectativa creciente que hace que los posibles fans se interesen masivamente por un producto del que se sienten receptores naturales. Por otra parte, todo el metraje de la cinta ha sido rodado, supuestamente, por auténticos operadores aficionados, mediante mini cámaras de video o las integradas en sus teléfonos móviles, con lo que se sacrifica el arte en aras del “realismo”. Finalmente, tanto en uno como en otro caso, ninguno de los actores son conocidos, por lo que el espectador no tiene la sensación de que estén “actuando” y se potencia la impresión de que, efectivamente, se trata de ciudadanos anónimos a los que una tragedia monstruosa les ha pillado en medio.

Asimismo, la imagen más difundida de “Monstruoso” (la famosísima Estatua de la Libertad decapitada, y su enorme cabeza rodando por las calles) enlaza directamente con aquel suceso trágico e inolvidable que cambió, en más de una manera, el devenir de la Humanidad: el 11-S. Si en aquella ocasión fueron dos aviones controlados por terroristas quienes mutilaron el orgullo y el paisaje inconfundible de la Gran Manzana (destruyendo las archipopulares Torres Gemelas del World Trade Center), ahora es otro “terrorista” (un ente que provoca el terror) quien asola la ciudad de modo dantesco, privándola de uno de sus símbolos más reconocibles. Lo de que el bicho en cuestión sea o no semejante a Godzilla (el enorme lagarto mutante sustraído de la mitología nipona) no es sino una anécdota argumental, reforzada por el hecho de que uno de los protagonistas está a punto de viajar precisamente a Japón, pero bien podría haberse tratado de una oveja hiperdesarrollada o de un oso panda gargantuesco, por no hablar de un chimpancé venido a más (¿os suena de algo este último supuesto?).

“Cloverfield” vendría a significar “Campo de tréboles”, y se supone que es el nombre clave con el que el Ejército bautizó el incidente que asoló la antaño orgullosa metrópoli neoyorquina, y que se ha podido reconstruir parcialmente en base a las grabaciones realizadas por algunas de las víctimas. Lo del “Monstruoso” español se ha sacado de alguno de sus primeros slogans publicitarios, y, de por sí, resulta demasiado revelador para un film que ha tratado de mantener el suspense a raya (al menos para el gran público), ya que en las imágenes difundidas por la productora no se mostraba la existencia de la criatura en cuestión, cuyo aspecto y naturaleza han sido un misterio hasta el último momento. Los actores que pululan por el film (Michael Stahl-David, Mike Vogel, Lizzy Kaplan, Jessica Lucas, Odette Yustman), son, como dije antes, sumamente conocidos, aunque sólo en su casa a la hora de comer, y el director (Matt Reeves) tampoco puede decirse que sea un fenómeno de popularidad. Por eso, cabe admirarse del enorme poder que se ha dejado en manos del productor del evento, J.J. Abrams, creador de la serie “Perdidos” y que ahora está filmando el nuevo “Star Trek”. Abrams ha sido la auténtica “alma mater” de “Monstruoso” (cuentan que concibió la idea durante un viaje a Japón en el que vio que todas las tiendas estaban atestadas de muñecos de Godzilla), como también parece que lo será de su secuela, que, una vez visto el importante éxito en taquilla de esta primera entrega, ya ha sido anunciada por los dirigentes de Universal Pictures. Por lo que a mí respecta, ví la película el día del estreno, acompañado por mi hijo (a quien alguien debería nombrar, ya mismo, embajador en España del kaiju-eiga o cine de monstruos gigantes japoneses) y a los dos nos pareció bastante decepcionante. Sí, la tensión logra ponerte algo nervioso en algunos momentos e incluso alguno de los actores logra cuajar una correcta interpretación, pero uno se ha criado admirando “Casablanca” y “El Padrino” y éso de que absolutamente ningún plano esté quieto y bien centrado acaba por desquiciar la paciencia de cualquiera. Ya me sucedió lo mismo en “El Proyecto de la Bruja de Blair”, y es que, donde esté una buena película de suspense o terror cuyo impacto se base en la composición, la planificación y la fotografía, que se quiten los “docudramas” rodados al estilo amateur.


Luis Campoy

Lo mejor: la tensión creciente y, sobre todo, la destrucción de la Estatua de la Libertad

Lo peor: los diálogos son estúpidos, los personajes parecen descartes de "Gran Hermano" y la cámara no para quieta ni un momento

El cruce: "Godzilla" + "El Proyecto de la Bruja de Blair" + el 11-S

Calificación: 7 (sobre 10)