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jueves, 31 de enero de 2008

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Si el año pasado, por estas fechas, se hablaba de 300, ahora toca hablar de 400… Lo de entonces, se refería a la película basada en el comic que narraba la gesta de los guerreros espartanos que se enfrentaron al todopoderoso rey Jerjes. Lo de ahora, a algo mucho menos heroico: el bochornoso soborno que ofrece Zapatero a los incautos y desesperados que aún no sepan a quién votar. Creo que es la manipulación electoralista más estúpida y soez que he visto en mi vida. Mi padre está que trina pensando en el agravio comparativo que supone tan ridícula prebenda, sobre todo si tenemos en cuenta que los beneficiarios serían todos los declarantes (incluso los pobres pensionistas que declaran por propia voluntad y sin estar obligados a ello), y todos serían agraciados con la misma cantidad, tanto los que presentaron una declaración devolutiva como los que tuvieron que cotizar tropecientos mil euros al Fisco (señal de que sus ingresos fueron asquerosamente elevados). Igualdad e igualitarismo mal entendidos, en una campaña electoral que aún no ha empezado oficialmente, pero a la que nuestros políticos llevan entregados desde hace meses. Lo mío con ZP es una relación de odio/amor/odio que no acaba de decantarse hacia ninguno de estos dos polos opuestos, aunque ya es significativo que el primer partido de la Izquierda española esté siendo capaz de aliviar el habitual estreñimiento que solía padecer. Ya lo dicen las encuestas: en cómputo global, e, independientemente de las fluctuaciones puntuales de una u otra semana, el PP está recortando puntos al PSOE, no tanto por méritos ajenos sino por deméritos propios (vaya, el otro día escribí ésto mismo referido a la pugna Real Madrid/Barça, ¿por qué será…?). Las elecciones de 2008 van a ser unas de las más apasionantes de los últimos tiempos, y esperemos que los únicos aditivos sean estrictamente demagógicos y ninguna banda terrorista se proponga aliñarlos con sangrientos condimentos.

martes, 29 de enero de 2008

Las otras elecciones


A veces me pregunto por qué. Por qué estoy aquí y no allá, por qué vivo este presente y no aquel otro que pude haber vivido, por qué me aguarda este futuro inminente en lugar de cualquier otro alternativo. Supongo que se trata de elecciones. Todos las hacemos, consciente o inconscientemente, consensuadas con el cerebro o dirigidas por el corazón. Yo casi siempre funciono de esta segunda forma, y, cuando no lo he hecho, las cosas me han ido igual de mal que cuando dejé que la fría lógica se impusiese al cálido amor.

No me siento especialmente afortunado, aunque tampoco extraordinariamente desgraciado. Sí es cierto que creo que pude haber sido más feliz y que tengo asumido que ya nunca podré serlo tanto como quisiera, pero quiero pensar que cada día habrá una nueva ocasión de hacer algo bien o de dejar una huella positiva en el corazón o en la mente de alguien.

Lo cierto es que casi siempre elijo mal, o, como mínimo, casi siempre acabo lamentándome de alguna decisión tomada. Y lo que más duele es mi tendencia natural a parecer el malo. El malo, aunque sólo a los ojos de quienes escucharon a quien supo engatusarlos esgrimiendo argumentos teatralmente manipulados. Yo no soy malo. Lo digo con infantil convencimiento, con triste ingenuidad. Al contrario, detrás de cada decisión, por debajo de cada elección, ha habido un sinnúmero de sufrimientos, un sinfín de calentamientos de cabeza. Sí, he tratado de sufrir yo para no hacer sufrir, o, al menos, para minimizar el sufrimiento ajeno. Por eso duele tanto que determinadas apariencias, alegremente distorsionadas por la rumorología y la maledicencia, me sitúen exactamente en el polo opuesto de donde mi alma habita.

Todo tiene sentido si hay amor. Ese ha sido, en esencia, el lema de mi existencia. Ese, o su reverso tenebroso: nada tiene sentido cuando no hay amor. Bajo esos dos principios, que en realidad son uno solo, he planificado todas mis decisiones. He tardado más o he tardado menos, pero, si alguna vez he sentido que el amor era un pozo seco y vacío atado a un recuerdo, me he creído obligado a actuar en consecuencia, tan pronto como he estado totalmente seguro de que ésa y no otra era la decisión más correcta. Al mismo tiempo, incluso cuando los problemas y las dificultades me estrangulan cada día más, es en la luz del amor donde hallo la única guía, la única estrella que me puede guiar. Es sólo cuando se quiere a alguien de verdad, y, sobre todo, cuando ese alguien te demuestra a tí el mismo amor, cuando se sobrellevan, aun con una sonrisa de esperanza, todas las penalidades.

Desde hace algún tiempo creía haber encontrado, por fin, la loca utopía expresada en el párrafo anterior: un amor insaciable, ávido de amor, generoso de sí mismo y ansioso del amor ajeno, atrapado en la certeza de que, cuanto más amas, más serás amado. Pero ese idílico palacio sólo se sostiene cuando lo sostienen los pilares firmes de la entrega total y de la confianza ciega y total. La fe mueve montañas, dicen, y yo diría que sólo la fe basada en la confianza te mantiene con los pies pegados a la montaña cuando los vientos huracanados soplan en tu contra.

Pero también la fe ha de ser alimentada, sin flaquear en el empeño de merecer confianza dando confianza, de justificar cada día por qué alguien está dispuesto a confiar ciega y absolutamente en nosotros, tan sólo tomando la palabra como única garantía y jamás recurriendo al espionaje barato. Hasta ahora, hasta hace poco, he vivido un estado de gracia en el que lo veía todo tan claro que cualquier pasajera duda se despejaba automáticamente tan sólo diciendo “Pero confío en ti”.

Pero a veces me pregunto por qué. Por qué ésto, que hace apenas un tiempo hubiese sido de esa manera, es ahora de esta otra. Por qué parece que las caricias encogen, que el brillo de las miradas se empaña, que la confianza ya no quiere ser confiada. Supongo que se trata de elecciones. Casi todos las hacen, y no siempre conscientemente. Se elige más independencia, más autonomía, más autosuficiencia, más libertad, elecciones todas ellas inmensamente justificables y reivindicables, siguiendo los criterios más razonables del cerebro.

Yo sigo funcionando por el corazón. Como siempre o casi siempre. Pero el corazón, en el fondo, es poco más que un músculo tonto, que no sabe o no contesta cuando le preguntas, que sólo entiende que se ama más cuanto más nos aman, que se confía más en alguien capaz de confiar en nosotros, que para recibir ilusión y cariño es justamente cariño e ilusión lo primero que hay que dar.

lunes, 28 de enero de 2008

Cine/ MORTADELO Y FILEMON. Misión: Salvar la Tierra

Caspa, cutrerío y efectos especiales
Mortadelo y Filemón, los personajes más carismáticos creados por el prolífico guionista y dibujante de cómic Francisco Ibáñez (13 Rue del Percebe, Rompetechos, el Botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio…), cumplen cincuenta años. Para celebrar tal evento, nada mejor que estrenar una oportuna secuela de su primera aventura cinematográfica, realizada por Javier Fesser en 2003, y que se saldó con un importantísimo éxito comercial. Por aquel entonces, yo no tenía un blog y no pude expresar mi opinión tras ver aquella película, pero no está de más hacerlo ahora, ya que lo mejor y lo peor de la segunda parte tiene su origen en el film que inauguró la saga.

Durante años y años, las únicas historietas a las que tuve acceso fueron las de producción propia, las netamente españolas. Faltaba muy poco para que cayeran en mis manos los primeros tomitos en los que Ediciones Vértice reproducía los materiales Marvel, y Mortadelo y Filemón fueron dos de mis primeros mejores amigos, anteriores a Spiderman, Batman y el Hombre Enmascarado. Pero mis largas horas ante aquellos tebeos (recordemos, para quien no lo sepa, que la denominación de “tebeo”, como sustitutivo de “comic” o “historieta”, tiene que ver con el título de una popular publicación humorística española, cuyo título era, precisamente, “TBO”) no me hicieron concebir una adaptación como la perpetrada por Javier Fesser. Para mí, los dos agentes de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) estaban en la onda del SuperAgente 86 (diversión puramente infantil, gadgets chapuceros, paisajes característicos de un James Bond venido a menos), pero el universo de Fesser se hallaba más próximo al de “El verdugo” de Berlanga o a su propia “El milagro de P. Tinto”, lo cual quedaba plasmado en una evidente nostalgia de los estereotipos y paisajes urbanos de nuestros años cuarenta y cincuenta, condimentada con algo de sal gruesa que se concretaba en un sentido del humor más bien tosco y zafio, que sólo mantenía del original en papel la caracterización de los personajes y los muy celebrados gags visuales heredados de un slapstick posmoderno y digital.

El principal hándicap de “Mortadelo y Filemón: Misión Salvar la Tierra” es la sustitución del Mortadelo original, Benito Pocino, por un Edu Soto (“El Neng” de Buenafuente) que no puede eclipsar el recuerdo de su predecesor. Pocino era un oscuro funcionario de Correos que, aun sin caracterizar, conseguía que cualquiera que le viera pensara inmediatamente en el famoso héroe de cómic, pero dicen las malas lenguas que el éxito se le ha subido a la cabeza y, para reencarnar al maestro de los disfraces en la secuela, pidió un sueldo tan desorbitado que los productores prefirieron sustituirle por otro actor. Soto ha aceptado rasurarse la cabeza y no puede decirse que “su” Mortadelo no tenga cierta gracia, pero, simplemente, no es “el” Mortadelo perfecto que Pocino supo crear casi sin proponérselo. A su lado, Pepe Viyuela (“Aída”) da vida al mejor Filemón posible, y el sobrecogedor acierto de los directores de casting de la primera parte posibilita que sigamos disfrutando de unos trasuntos humanos insuperables para los personajes del Superintendente Vicente (Mariano Venancio), Ofelia (Berta Ojea), el Profesor Bacterio (Janfri Topera) y el mismísimo Rompetechos (Emilio Gavira).

Aunque la segunda parte ha sido más de mi agrado que la película original, la cual, junto a innegables logros estéticos, adolecía de graves problemas argumentales (un acusado bajón de ritmo en su segunda mitad, achacable, entre otras cosas, a la presencia insufrible del francés Dominique Pinon), lo nuevo de Mortadelo y Filemón bebe de las mismas fuentes que su predecesora, ésto es, un manantial emponzoñado de innecesario infantilismo y cutrerío trasnochado. Resulta especialmente patética la secuencia ambientada en la supuesta Constantinopla, rodada con una pobreza de medios que hace que las escenas de “La vida de Brian” que parece copiar, se nos antojen millonarias en cuanto a presupuesto y número de extras. Del resto, decir que el villano, Botijola, encarnado por Carlos Santos (Povedilla en “Los Hombres de Paco”), resulta algo más carismático que su predecesor, el tirano Calimero, un notorio error de concepto a pesar de la esforzada composición de Paco Sagárzazu.

Una película cuyo título copia el de otra película anterior (recordemos que “Misión: Salvar la Tierra” fue la “imaginativa” denominación para nuestro país de la muy estelar “Star Trek IV”) no puede aspirar a ser demasiado original en nada, y la que nos ocupa es de todo menos éso. El espíritu del primer “Mortadelo” campa a sus anchas de principio a fin (y hay que decir que el diseño de producción, los efectos especiales y la composición física de los actores continúan constituyendo sus mayores aciertos), y, a poco que nos fijemos, podremos captar ecos nada disimulados de “Torrente 2”, sobre todo en la caracterización del villano, la citada “La vida de Brian”, que a su vez se burlaba de los combates de gladiadores de “Espartaco”, e incluso de “La Máscara del Zorro” (el enfrentamiento final de Mortadelo con su camaleónico rival, Todoquisque, incorporado por el también televisivo Alex -“Cámera Café”- O’Dogherty).

Le deseo suerte a esta propuesta orquestada por Miguel Bardem (primo de Javier), que, al fin y al cabo, independientemente de sus (discutibles) aciertos humorísticos, tiene, al menos, un aceptable nivel técnico y espero que la gente siga respaldándola con su apoyo, como sucedió con la primera entrega y como yo mismo pude comprobar ayer por la tarde.

Luis Campoy

Lo mejor: Pepe Viyuela y todos los secundarios de la T.I.A.; los efectos especiales
Lo peor: La infantilización de la idea original; la secuencia del circo
El cruce: "Mortadelo y Filemón" + "La Vida de Brian" + "Torrente 2"
Calificación: 6,5 (sobre 10)

Nueve puntos


Nueve puntos... El balance final de la última jornada liguera supone un nuevo jarro de agua fría para los sufridos aficionados culés que tan sólo confiaban en que su equipo no perdiese el ritmo (imparable) del eterno máximo rival. El contrincante de turno, el Athletic de Bilbao, tampoco puede decirse que fuese un formidable oponente, pero los chicos de Rijkaard apenas pudieron anotar un gol y, como en ellos viene siendo habitual, no supieron dar un vuelco al marcador cuando los bilbaínos empataron. El duelo separatista por excelencia (vascos contra catalanes) tuvo como consecuencia directa que el club que más y mejor representa el centralismo más recalcitrante se aleje aún más en una clasificación que, al inicio de la segunda vuelta, parece más que sentenciada. El Barcelona sigue navegando sin rumbo definido, sus artilleros tienen la pólvora mojada, el capitán no sabe mantener la disciplina a bordo y el armador (Laporta) está más pendiente de asistir a los mítines de ERC que del éxito de la travesía azulgrana. Hasta un futbolista tan poco reivindicable como Deco se atreve a decir que, si el Barcelona tampoco gana ningún título esta temporada, está pensando en abandonar el club. Más de uno deberá hacer lo mismo, porque está claro que la Liga está perdida y no es ni mucho menos seguro que tengamos en el bolsillo la Copa ni la Champions, lo cual no ha de ser imputable a los méritos ajenos sino a los deméritos propios. El espejismo de aquel conjunto de juego deslumbrante que iba a dejar en mantillas al Dream Team de Cruyff duró más bien poco, y lo de ahora es una lenta agonía que sólo los ilusos y los optimistas más ciegos que desinformados se empeñan en no querer ver.

jueves, 24 de enero de 2008

Adiós a Heath Ledger




Menudo despertar tuve ayer... La pésima pronunciación de un oscuro corresponsal radiofónico daba cuenta de la consternación en toda Australia al conocerse el fallecimiento de Heath Ledger. ¿Heath Ledger? Pero si dentro de tan sólo unos meses se estrena 'El Caballero Oscuro', la nueva aventura de Batman, en la que da vida al Joker... Esto de despedir prematuramente a prometedoras estrellas de cine se está convirtiendo en una desdichada costumbre. Hace tan sólo unos días se nos marchaba Brad Renfro, el niño de 'El Cliente', y antes que él, River Phoenix y John Belushi y tantos otros... todos ellos víctimas de esa amante devoradora de vida que es la Droga. Lo de Ledger me impresionó particularmente (como me sucedió cuando lo de Phoenix) no sólo por su juventud, sino, sobre todo, por su gran talento y ascendente carrera. En tan sólo un par de años fue el vaquero Ennis del Mar de 'Brokeback Mountain', el legendario amante Casanova y el villano más paranoico de Gotham City, además de ser considerado para el papel que tantos éxitos le está proporcionando a Javier Bardem en 'No es país para viejos'. Tenía tan sólo veintiocho años y 'El Caballero Oscuro' ya no será su nuevo film... sino su película póstuma.

P.D. Otra tragedia, aún más cercana, conmovió mi vida ayer miércoles. El hermano de uno de mis más queridos amigos murió hace unos días, y a mí el mundo me parece un poco más pequeño y mucho más injusto.

martes, 22 de enero de 2008

Optimismo culé




Mientras las burbujitas del agua de Vichy cosquillean en mi garganta, me siento en la barra del bar y dejo que los negros nubarrones del cielo de mi mente se disuelvan en el inquebrantable optimismo de mi amigo el camarero. El futuro, tal y como lo pinta, más que de color de rosa es de color... azulgrana. “Tranquilo, sólo necesitamos que el Madrid empate dos partidos y luego ganarles por 0-1 en el Bernabeu, y ya les tenemos pillados, con la moral por los suelos”. Yo, visto lo visto, semana tras semana, veo más probable que nos suceda de nuevo lo de la temporada pasada (cero patatero para el equipo que le gusta a Zapatero). Está a punto de cerrarse el Mercado de Invierno y en el corral siguen balando las mismas ovejas. O peor: la ovejita negra bala en silencio, ocultos sus dientes bajo la terrible depresión que debe estar causándole el no poder ayudar al club que tanto ama. Demonios, me ha quedado tan bucólico que hasta a Txiki (Begiristain) se le habrían saltado las lágrimas. Menuda decepción lo de Ronaldinho, que, cuando más cuestionado está y cuando más se le necesita, se escuda tras de una lesión difícilmente demostrable. Messi, el pobre, está, todavía, más p'allá que p'acá. Y Eto'o en la Copa de Africa. Y Giovani atragantándose de balones (pero qué mamón es este mozo). Y el Madrid, que gana y no deja ganar y atraviesa una racha dulce que no sé quién les podrá amargar... Lo dicho: para la enfermedad de la realidad, la vacuna del optimismo culé que me inocula mi amigo el camarero. Se llama Jesús y en su local se respira un barcelonismo tan embriagador que sería una pena que se desvaneciera en nada, como las burbujas chispeantes del agua de Vichy (catalán).

sábado, 19 de enero de 2008

Cine/ ALIENS VS. PREDATOR 2 - Requiem

Secuela de secuelas

No albergaba grandes expectativas con respecto a esta secuela de secuelas cuyos ilustres precedentes alcanzaron su mayor gloria a mediados de los años 80. El abismo cinematográfico existente entre, por ejemplo, el primer 'Alien' y el anterior 'Alien contra Depredador ' es tan abismal que da vértigo analizarlo.

Sin embargo, algo tiene de simpática esta propuesta orquestada por los hermanos Colin & Greg Strause. Para empezar, ese agradable aroma a peli de terror cutre de los ochenta, donde no faltan personajes tan fácilmente identificables como el sheriff bonachón, la rubia calentorra o la ex marine recién liberada del servicio, breves apuntes cómico-eróticos o, sobre todo, ciertos destellos de saludable violencia que no respetan convención alguna [una de las primeras víctimas de los aliens es un niño, algunos de los que parecían protagonistas la palman sin contemplaciones y ni las embarazadas se libran de convertirse en conejillos de indias de los invasores].

Por supuesto que absolutamente nada de esta peliculilla pasará a los anales del Séptimo Arte, pero sus efectos especiales son realmente buenos y sus dos protagonistas masculinos saben aprovechar sus muy contadas ocasiones para lucirse [o casi], si bien limitándose a servir de comparsa de los extraterrestres más belicosos del universo.


Luis Campoy

Lo mejor: Va directa al grano, sádica y divertida a la vez
Lo peor: La torpeza del guión, la nulidad de la mayoría de los actores
El cruce: "Aliens" + "Depredador" + "Viernes 13"
Calificación: 5,5 (sobre 10)

miércoles, 9 de enero de 2008

Cine/ AMERICAN GANGSTER

El mafioso negro y el poli blanco



No exagero si abro este comentario diciendo que “American Gangster” es la mejor película que he visto este año. De hecho, tan sólo he podido ver ésta y otra, la más bien mediocre “1408”. Pero, bromas aparte, lo cierto es que esta nueva (pero no última, ni mucho menos) obra de Ridley Scott, director de “Alien”, “Blade Runner”, “Legend”, “Gladiator”, “Hannibal” y un sinfín de obras más, constituyó para mí un inmejorable regalo de Reyes (la ví el día 5 de Enero).

“American Gangster” cuenta, más o menos fidedignamente, la historia “real” de Frank Lucas, uno de los primeros y más poderosos capos mafiosos de raza afroamericana, que durante los primeros años setenta del siglo pasado alcanzó gran poder dentro del crimen organizado, facción tráfico de drogas. Al mismo tiempo que del ascenso y caída de Lucas, somos también testigos de los esfuerzos de un honesto policía, Richie Roberts, que trata de seguir siendo fiel a sí mismo en un entorno en el que la corrupción campa a sus anchas entre los defensores de la Ley.

Cuando en una película se nos habla de mafia, hampa y gangsters, casi todos pensamos inmediatamente en “El Padrino”, la obra cumbre del género mafioso. Será difícil que alguna vez algún otro film de este mismo (sub)género supere al mítico título de Francis Ford Coppola, que, entre otras cualidades, se benefició de un sustrato literario de primer nivel, un reparto sencillamente maravilloso, los mejores técnicos a cargo del montaje, fotografía y diseño de producción y una partitura musical preciosa y muy, muy comercial, pero, al igual que otras producciones que han seguido muy dignamente su estela (“Scarface, El Precio del Poder”, “Atrapado por su Pasado”, “Los Intocables de Eliot Ness”, “Muerte entre las flores”, “Erase una vez en América”, “Uno de los nuestros” o la reciente “Infiltrados”), “American Gangster” ofrece abundantes destellos de calidad.

Ridley Scott opta en este caso por una narración clásica (cosa que, como siempre he dicho, hubiese beneficiado a la, por otra parte, muy estimable “Gladiator”), que no huye de los (necesarios) apuntes violentos que definen la personalidad del protagonista, y sabe hilvanar su largo pero no cansino metraje (en torno a las dos horas y media) gracias al buen trabajo del montador Pietro Scalia. Personalmente, no me gustaron demasiado ni la fotografía de Harris Savides ni, sobre todo, la música (una aburrida partitura escrita por el decepcionante Marc Streitenfeld), aunque admito que estoy anteponiendo mis opiniones personales a una estricta valoración crítica y objetiva. En cuanto a la interpretación, hay que decir que Denzel Washington está excelente, soberbio, en su composición de gangster impío y violento que, al mismo tiempo, resulta familiar, entrañable y simpático. Segura una nueva nominación al Oscar para este hombre, que, si envejece al mismo ritmo que los demás mortales, consigue que no se le note. Russell Crowe también se esfuerza, como en él es habitual, por no ser “Russell Crowe”, ésto es, por ofrecernos un registro diferente, aunque su personaje, que goza de muchísimos minutos en pantalla, no pasa de ser un “secundario de lujo”. También destacan una antipática Carla Gugino, un recuperado Armand Assante (que queda genial como mafioso italiano) y un ascendente Josh Brolin, tan metido en su papel que sus acciones son fácilmente predecibles, y lo digo en el mejor de los sentidos.

Una gran película de Ridley Scott (un señor que acaba de cumplir 70 años y está en plena forma), que estoy seguro de que ningún realizador afroamericano (léase Spike Lee, Antoine Fuqua o John Singleton) hubiera podido filmar mejor. Una gozada para el espectador de a pie y también para el público más exigente y espero que, muy pronto, un muestrario de importantes premios.


Luis Campoy

Lo mejor: Denzel Washington y Russell Crowe
Lo peor: Presentarnos a un gangster demasiado bueno y a unos polis demasiado malos
El cruce: "El Padrino" + "Uno de los nuestros" + "Fiebre Salvaje"
Calificación: 9 (sobre 10)

Cine/ 1408

La habitación diabólica
Algo sobrevalorada por determinados críticos, “1408” es, por encima de todo, un recital interpretativo de su protagonista, John Cusack, famoso por elegir acertadamente cada proyecto en el que interviene. La película se basa en una novela corta de Stephen King que parece una especie de remake o vuelta de tuerca a la genial “El Resplandor”, que dio pie a la no menos conseguida obra de Stanley Kubrick. Un escritor escéptico que acaba de divorciarse tras perder a su hija, víctima de un cáncer galopante, malvive escribiendo libros cutres en los que se dedica a desmontar leyendas urbanas en torno a casas falsamente encantadas. Un día alguien le habla del Hotel Dolphin, cuya habitación 1408 (por favor, léase “catorceceroocho”) no es jamás alquilada por haberse producido en ella extraños sucesos violentos y luctuosos. Nuestro escritor se empecinará en alojarse en la “habitación del pánico”… y durante su estancia en ella tendrá sobrados motivos para arrepentirse de su osadía.

“1408” juega con las emociones del espectador con un manejo muy hábil del susto, del impacto visual súbito, pero fracasa ligeramente en su pretensión de conmover emocionalmente. En realidad, el excesivamente largo metraje promete muchísimo más de lo que da, lo que da muestra de la habilidad de su realizador Mikael Häfstrom, al que, sin embargo, le falta la pericia necesaria para rematar felizmente la faena. Durante la mayor parte del film, lo que nos aterroriza es la posibilidad misma de ser aterrorizados de modo aterrador, si bien lo cierto es que la mayoría de los trucos son, en realidad, perfectamente predecibles y previsibles.

Simpática por su modestia y su obvia falta de pretensiones de trascendencia, donde únicamente brilla “1408” es en el terreno interpretativo, donde John Cusack realiza un esfuerzo más que sobresaliente (si no le nominan al Oscar será sólo porque se trata de un film “de género”, y además más bien modestito), que, de hecho, da la sensación de estar muy por encima del nivel de la propia película. Ah, y la participación de Samuel L. Jackson es tan simbólica (a pesar de colocar su nombre al mismo nivel protagónico que el de Cusack) que tan sólo aparece en un par de secuencias.

Mucha tensión, buena ambientación, falta de originalidad, abuso de clichés del género y dos o tres sustos impactantes, todo ello girando alrededor del estupendo trabajo de su estrella masculina. Así podríamos definir esta “1408” que, si por algo se ha vendido internacionalmente, es tan sólo por el nombre de Stephen King, mucho más conocido para el gran público que el de su excelente actor protagonista.

Luis Campoy

Lo mejor: John Cusack
Lo peor: el aire de "deja vu"
El cruce: "El Resplandor" + "Poltergeist"
Calificación: 6 (sobre 10)