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domingo, 30 de diciembre de 2007

Cine/ SOY LEYENDA

El último hombre vivo... y su perro



Podía haber sido casi una obra maestra, y se queda en una correcta película de ciencia ficción. La clave para que “Soy Leyenda” no pase a la Historia del Cine, o al menos, del Cine Fantástico, no radica en lo que le falta, sino, más bien, en lo que le sobra.

Tras la vertiginosa propagación de un virus que parece haber borrado del mapa a la totalidad de la especie humana, el científico militar Robert Neville (Will Smith) se ha convertido en el último hombre vivo que recorre las inmensas avenidas de una Nueva York en cuyos rincones sombríos se refugia una violenta colonia de criaturas que bien podríamos definir como… vampiros.

Los primeros tres cuartos de hora de “Soy Leyenda” rozan lo magistral. La enorme metrópoli deshabitada, perdida su batalla contra la naturaleza (los ciervos pululan libres por entre sus calles, y los leones los aguardan, listos para cazarlos), los mayores y más modernos comercios del mundo dolorosamente vacíos, los prodigiosos avances tecnológicos de la Humanidad, inútiles cuando no existen humanos que los disfruten… Will Smith está, también, más que correcto, creíble tanto en su impresionante fortaleza física como también en la fragilidad de su ánimo (la soledad es tan aplastante que se ve obligado a mantener largas conversaciones con su perro, y hasta con los maniquíes que ha ubicado en calles y tiendas para que le hagan algo de compañía). Si la película hubiese durado cuarenta y cinco minutos, estoy seguro de que se hubiese convertido, parafraseando su título, en una leyenda. Pero ésto es Hollywood y los jerifaltes de los Estudios no iban a consentir que una de sus megaestrellas se pasease por un film pesimista, apocalíptico y casi con tintes de documental.

Como decía al principio, los problemas de “Soy Leyenda” arrancan cuando su director, Francis Lawrence, decide que ha llegado la hora de que visualicemos a los “buscadores de sombra” (nombre demasiado poético para los vampíricos antagonistas). El aspecto de estos chupasangres es tan poco original (hermanos gemelos de los de “Underworld” e incluso de algunas de las criaturas menos “fashion” de “Entrevista con el vampiro”) que, como digo siempre, mejor hubiera sido imaginarlos que verlos; tan desilusionante e innecesario alarde visual ya lastró irreparablemente películas anteriores como “Señales” o “La Joven del Agua”, por poner sólo un par de ejemplos recientes.

Pero lo que realmente lastra las posibilidades de “Soy Leyenda” de erigirse en digna heredera de clásicos del género como “La Amenaza de Andrómeda” es, una vez más, esa necesidad de ciertos sectores de la América más tradicionalista de realizar, siempre y en todo momento, monumentos y homenajes a la Familia y a la institución que representa. Los molestísimos flash-backs en los que se narra la muerte de la esposa e hija del protagonista (que acaban por quebrar irremisiblemente el ritmo del relato) y, sobre todo, la aparición, en el último tercio, de la mujer y el niño que se alojan en la casa de Neville, no hacen sino arruinar el buen sabor de boca que uno conservaba hasta ese momento, pues su misión dramática parece, tan sólo, la de maquillar el muy logrado clima de pesimismo que Lawrence había sabido construir, provocando, al mismo tiempo, la derrota y la (heroica) destrucción del héroe.

Probablemente la mejor de las tres versiones realizadas de la fascinante novela de Richard Matheson (las otras dos las protagonizaron Vincent Price y Charlton Heston), “Soy Leyenda” será recordada por tres momentos realmente bien conseguidos: el paseo inicial del protagonista por la Quinta Avenida neoyorquina asolada por la maleza, y que culmina con la cacería del ciervo abortada por los leones; el adrenalítico instante en que Smith, herido al escapar de la trampa que le han tendido los vampiros, tiene que arrastrase hacia su vehículo mientras los rayos del sol van diluyéndose en el crepúsculo; y, sobre todo, la formidable interpretación del actor mientras se ve obligado a matar a su perro, instante que el director narra, muy inspiradamente, en off, utilizando una elipsis visual verdaderamente memorable.

Luis Campoy

Lo mejor: la primera media hora y la secuencia de la puesta de sol

Lo peor: el desenlace granguiñolesco

El cruce: "La Amenaza de Andrómeda" + "El Día Después" + "Underworld"


Calificación: 8 (sobre 10)

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