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domingo, 30 de diciembre de 2007

Cine/ Mr. MAGORIUM Y SU TIENDA MAGICA

Imaginamagorium
Es inevitable que en fechas navideñas las pantallas cinematográficas se llenen de películas familiares llenas de historias amables y plagadas de buenas intenciones. En esta ocasión, un Dustin Hoffman ya septuagenario (cómo pasa el tiempo; y es que en su película más popular, “El Graduado”, el actor aparentaba veinte años pero tenía exactamente diez más) se convierte en Mr, Magorium, propietario de una juguetería mágica que decidirá traspasar a su ayudante Molly Mahoney, una encantadora Natalie Portman.

Basada en un guión original de su propio director, Zach Helm, “Mr. Magorium y su tienda mágica” cumple a la perfección lo que enunciaba al principio del artículo: buenas intenciones, entretenimiento familiar y, además, aporta algún que otro destello de imaginación. Lamentablemente, la narración no sabe o no puede ir algo más allá: no se intenta establecer una parábola sobre la dependencia de la infancia actual de los juguetes electrónicos, ni tampoco se traza una moraleja acerca de la niñez ausente y/o solitaria.

“Mr. Magorium…” posée un diseño de producción realmente excepcional (obra de Therese DePrez), y una gran partitura de Alexandre Desplat (también autor de “La Brújula Dorada”). Pero no deja de ser un film demasiado infantil en el que la gesticulante composición de Hoffman (perennemente encasillado en sí mismo desde Rain Man”) y la insípida presencia de Jason Bateman (¿alguien recuerda que reemplazó a Michael J- Fox en la secuela de “De pelo en pecho”?) resultan tan molestas que ni siquiera la dulzura de Natalie Portman puede contrarrestarlas. Tampoco el enésimo niño prodigio de Hollywood, Zach Mills, ávido coleccionista de sombreros (Magorium lo es de zapatos) contribuye a hacer de la película una obra mayor.

Inspirada (o más bien subvencionada) por las tiendas de la franquicia Imaginarium, donde únicamente destaca “Mr. Magorium…” es en la creación de la juguetería que se erige en verdadera protagonista, un espacio fantástico en el que los juguetes cobran vida (sin que nadie explique por qué… ni falta que hace) y en donde, hacia el final, la nula química existente entre Natalie Portman y Jason Bateman hace imposible la existencia de una historia de amor entre ambos, cosa que no deja de ser de agradecer porque, en el fondo, el único romance que puede intuirse es el que se insinúa (muy púdicamente) entre la joven dependienta y el anciano juguetero, que tuvo la delicadeza de morirse antes de que la ñoñería se adueñara totalmente del film.

Luis Campoy

Lo mejor: Natalie Portman y la banda sonora
Lo peor: las cejas de Dustin Hoffman
El cruce: "Solo en Casa 2" + "Pequeños Guerreros"
Calificación: 6 (sobre 10)

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