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lunes, 15 de octubre de 2007

De feria en feria


Nunca sabe uno cuándo va a caer en brazos de un súbito, irrefrenable y efímero arrebato de inspiración. A la hora de iniciar estas líneas, viajo en un tren con destino a Madrid, y lo cierto es que no tengo ni la más remota idea de dónde estoy. No sé dónde estoy, pero sí sé de dónde vengo. Vengo de una Feria que sucedió a otra Feria que a su vez llenó el breve vacío dejado por una Feria anterior. Cuando uno vive a caballo entre dos ciudades, pasan estas cosas. Y, si tienes niños pequeños en esa edad en la que los sueños aún pueden hacerse reales y viajan a bordo de un tiovivo, el resultado es siempre el mismo: sus caritas se llenan de satisfacción al mismo tiempo que tu monedero se queda alopécico. Aún recuerdo los últimos tiempos del reinado de la peseta: las atracciones feriales nos costaban veinte duros, y ya nos parecían caras. Ahora, cada viaje de un infante en el “Ratón Vacilón” o en el “Dragón” de turno te cuesta la friolera de dos euros y medio. He citado los nombres de dos de los entretenimientos mecánicos con más predicamento entre la gente menuda, pero, haberlos, los hay mucho, mucho peores. Mi hijo suspira por subirse a todo aquéllo que desafíe al vacío, a la fuerza gravitatoria y a la cordura misma, y yo tengo que recurrir a mil y una excusas para evitar esa mareante agonía que hace que las tripas se junten con las amígdalas, y viceversa. Hay gente a la que le divierte pasarlo mal, pero a mí simplemente me da pánico. La última vez que subí en el más vacilón de los ratones, hice la mitad del recorrido con los ojos cerrados. Y la penúltima, mi hija, de tanto apretar las mandíbulas, perdió un diente (de leche). Confieso que me sentía más tranquilo cuando los niños eran más pequeños y pugnaban por sentarse en el Troncomóvil o en la Carroza de Cenicienta. Pero, sin temor a equivocarme, puedo afirmar que ha llovido mucho desde aquel entonces, y ahora lo mínimo que exigen es el “Dinosaurio”, hermano bastardo del “Dragón”, cuya única diferencia con respecto a aquél es que no te mareas hasta el final del viaje, justo cuando se acaba el billete. Otro aliciente que he encontrado en el “Dinosaurio” que se monta en Alhama de Murcia es el gracejo de su acomodador y animador, un auténtico “showman” provisto de un amplio repertorio de grititos, chorreos de aire comprimido y cachiporrazos a granel. Todo un espectáculo, él solito. Pero, sin duda alguna, la sorpresa del año ha sido una versión infantil del célebre “Toro Mecánico” que se llama “El Rodeo de Lucky”. Lo de Lucky, naturalmente, viene del célebre vaquero del comic francés, y, en lugar de toros encabritados, lo que hay son caballos desbocados que saltan y se contonean al ritmo de una pegadiza y persistente melodía. Bueno, en realidad se trata, no de una, sino de dos canciones del subgénero que podríamos denominar “spaghetti country”, que fue popularizado por artistas tan insignes como Dinamita Pa’ Los Pollos, Los Coyotes, Los Rebeldes, Coyote Dax o el mismísimo Loquillo. En concreto, tras una ardua investigación que no me deparará un Pulitzer, pude averiguar que los dos temas que se escuchan en “El Rodeo de Lucky” (y en la práctica totalidad de los Toros Mecánicos ambulantes) pertenecen (¡oh, sorpresa!) a un grupo llamado Zapato Veloz, que gozó de cierta fama gracias a su muy conocida “Tractor Amarillo”. Puede que no sea una obra maestra de la música “folk” made in Spain, pero hay que reconocer que los músicos que la grabaron sabían lo que se hacían (su guitarra eléctrica suena casi idéntica a la del Morricone de “La muerte tenía un precio”) y, ya casi llegando a Madrid en esta noche oscura, su melodía pegadiza y pegajosa es uno de mis mejores recuerdos de estas últimas Ferias.

3 comentarios :

E.Maria dijo...

Hola. Que recuerdos verdad, con lo que nos gustaban de pequeños y lo poco que nos gustan ahora..Feliz viaje. Saludos.
E. Maria.

marisa dijo...

...y yo me pregunto ...¿
Que tienen que ver Madrid y la feria?...
pero bueno me he divertido leyendote, como siempre.
besitos y Feliz estancia en mi tierra. Verás que son muy acogedores, aunque algo prisosos (no se si se escribe asi) pero para que me entiendas.

MARISA

Luis Campoy dijo...

Querida Marisa, ante todo, esperar y desear que todo te esté yendo bien. En cuanto a lo otro que dices, es muy simple: escribí el artículo durante el viaje que estaba realizando a Madrid. Muchos de amigo.