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jueves, 27 de septiembre de 2007

Menudos Presidentes

Si anteanoche era el Honorable President Laporta el que daba la nota con sus declaraciones abiertamente separatistas, ayer era su más ilustre rival deportivo quien protagonizaba la anécdota del día, al ser confundido con un delincuente colombiano. Lo de Ramón Calderón, máximo mandatario de todos los Blancos y Blancas, me parece simplemente cómico, pues no pasó a mayores y ni siquiera hizo falta la intervención del ministro Rubalcaba, amigo de la esposa de don Ramón, que, por un error en su tarjeta de embarque, fue víctima de un incómodo malentendido, ya que las autoridades aeroportuarias norteamericanas le tomaron por un mafioso cuyos apellidos eran “Ramos Calderón”. Pobre hombre, si su mayor delito es haber sido un niño mentiroso al que le creció la nariz con tanto Kaká y tanto Kaká…. Aunque, según he visto en un diario deportivo esta mañana, los yanquis le imputan una “hazaña” mucho peor: haberles enviado a la “pija” Victoria Beckham. En cuanto a Juan Lapuerta, ¿qué puedo decir que no haya dicho ya?. Más de una vez me he declarado “hincha” del Barcelona, si bien renunciando al componente catalanista que, para muchísima gente, tal filia conlleva. Se puede ser culé y no mandar a tomar por culé al Estado español, ¿o no?. Lo malo es que, cuando casi parecía que había logrado convencer a mis allegados de que tal independencia entre lo deportivo y lo político era posible, llega este senyor (perdón: señor) y me lo trastoca todo. Me da la sensación de que a lo que Laporta aspira es a erigirse en alcalde de Barcelona o, por qué no, en President de la Generalitat, y es lamentable que un hombre de su posición no se dé cuenta de que, lamentablemente, la mayoría de los que se afirman o reafirman “españoles” miran cada vez con peores ojos a quienes anteponen el sentimiento nacionalista a la identidad nacional. Mi amigo Fele, por ejemplo. Todavía recuerdo cuando, en aquella época en la que todavía se veían dinosaurios paseando por las calles de Alicante, él y yo correteábamos por el patio del colegio haciendo ondear una foto de San Johan Cruyff. Ahora, este viejo colega dice que ya no es del Barça, que está cansado de que sus cariños vayan a parar a un corazón que no late en español, y ha decidido reservar todo su aliento para el campechano Hércules de Alicante. Personalmente, nada tengo que objetar al catalanismo, ni al vasquismo (¿se dice así?), ni al mancheguismo… siempre y cuando el querer mucho a mamá no signifique pasar por encima de papá. Ya me entendéis. En fin, yo sigo en mis trece, y, a pesar de Laporta, creo que mezclar el fútbol con la ideología es tan estéril como pedirle a Ronaldinho un compromiso serio con unos colores que no sean los del papel moneda.

1 comentario :

Isa dijo...

Me ha gustado mucho esta última entrada de tu blog.
La verdad es que el fútbol ni me va ni me viene (cierta simpatía por algún equipo, como el Murcia o el Hércules, pero para de contar). Lo que sí me afecta más es lo que se mueve paralelamente a ciertos equipos, como en este caso el Barça, y este tipo de declaracios (ahora Laporta, en otros casos los mismos culés catalanes o incluso algún futbolista) que no hacen más que reafirmar mi antipatía por el equipo en cuestión.