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lunes, 27 de agosto de 2007

Cine: mi comentario sobre "LA ULTIMA LEGION"


No nos engañemos: sería absurdo decir que “La Ultima Legión” es una gran película. Probablemente, ni siquiera podríamos afirmar que se trata de una buena película. Pero sería injusto decir que un film que entretiene, que se hace ameno y agradable y que en ocasiones nos hace emocionarnos y sonreir constituye un bodrio, una basura cinematográfica. Basada sólo parcialmente (lo admiten los propios títulos de crédito) en una novela del autor de best sellers Valerio Massimo Manfredi, que lleva más de 20 años fabricando como en serie una sucesión de relatos pseudohistóricos que lo mismo transcurren en la Roma imperial que en la Grecia clásica o el Egipto faraónico, “La Ultima Legión” pretende narrar el origen épico de la famosa espada Excalibur, futura fuente de poder y honor del famosísimo Rey Arturo. La acción transcurre en el año 476 d.C. (aunque mejor no comprobéis exhaustivamente la verosimilitud de todo lo que nos cuentan), en plena caída del Imperio Romano, tan decrépito que su única esperanza es un muchacho de 12 años, Rómulo Augusto (Thomas Sangster), al que su padre Orestes trata de educar en la mejor tradición de los gloriosos césares. Sin embargo, los bárbaros godos liderados por Odoacro (Peter Mullan) entran en Roma a sangre y fuego, apresando a un asustado Rómulo a quien su mentor espiritual, el druida Ambrosino (Ben Kingsley) y el jefe de su guardia pretoriana, Aurelio (Colin Firth) deberán rescatar en el transcurso de una aventura que les llevará desde lo que hoy conocemos como Italia hasta la isla de Capri y de allí a la remota Britania, donde tratarán de recomponer la Novena legión del extinto ejército romano, la que con toda probabilidad es la última legión…

He leído decenas de artículos en los que se revelan los miles de errores históricos que contienen estas breves líneas argumentales, y estoy seguro de que tales erratas son todas ciertas, pero me parece una estupidez limitarse a juzgar un producto de entretenimiento en base a que no ostenta la frialdad académica de un ensayo o un documental. ¿Cuántas películas que hoy consideramos clásicas respetan escrupulosamente el devenir de la Historia? También se ha atacado la visible precariedad de sus medios técnicos, muy lejos de la grandiosidad de que gozaban sus “modelos” estéticos (“Gladiator”, “Excalibur” y “El Señor de los Anillos”), a alguno de los cuales imita innecesariamente en más de un momento, pero diré en su defensa que el director Doug Lefler se las apaña para conseguir que sus decorados den el pego más o menos dignamente, y aún le queda pasta para diseñar complejos travellings y contratar a un músico de postín, Patrick Doyle, que nos regala una excelente banda sonora que, aunque casi parezca increíble, no plagia a Hans Zimmer, algo de lo que no todo el mundo puede alardear.

Ninguno de sus actores ganará un Oscar o simplemente será nominado, y es innegable que tanto Colin Firth como, sobre todo, Ben Kingsley, han estado mejor en ocasiones anteriores, pero lo curioso es que todos y cada uno de los intérpretes que nutren el variopinto reparto de “La Ultima Legión” (entre los cuales también están John Hannah, Kevin McKidd e Iain Glen, viejos conocidos de producciones recientes más o menos populares) cumplen a la perfección con sus personajes, resultan creíbles, cercanos y entrañables. Es imposible no reseñar la increíble belleza de la actriz de bollywood (el Hollywood de la India) Aishwarya Rai, cuyos ojos y cuerpo se lucen casi tanto como los hermosos paisajes que han servido de escenario natural a la mayoría de las escenas del film.

Más próxima al espíritu de “Conan el Destructor” y “El Señor de las Bestias” (películas ambas sumamente entretenidas, a pesar de sus presupuestos más bien ajustados) que al de las citadas “Excalibur” o “Gladiator”, “La Ultima Legión” me hizo retroceder por arte de magia a alguno de los mejores momentos de mi adolescencia, cuando los sábados eran días de cine club y el mundo era un poco más ingenuo y los buenos eran héroes abnegados y los malos no eran malos sino malísimos y las doncellas hermosas eran capaces de convencer a su enamorado de que no se muriese sino que se quedase junto a ellas. Sólo por estas sensaciones tan positivas, que el cine computerizado y ultraviolento de hoy día está intentando aplastar, mereció la pena pagar cinco euros y medio y sumergirme en una fresca sala de cine para empuñar una Excalibur invisible mientras disfrutaba como un chaval viendo “La Ultima Legión”.

Luis Campoy
Calificación: 6,5 (sobre 10)

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