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lunes, 27 de agosto de 2007

Cine: mi comentario sobre "SIGO COMO DIOS"


Confieso que no la ví en su momento sino hace apenas unas semanas, pero “Como Dios”, me sorprendió positivamente por la esforzada composición de Jim Carrey (actor payaso como él solo pero que sabe dotar a sus composiciones de un punto preciso de grandilocuencia gestual), la magnífica presencia del soberbio Morgan Freeman y tres o cuatro escenas francamente logradas. El caso es que el film amasó una apetecible fortuna en las taquillas de todo el mundo, y los productores no dudaron en poner en marcha su inevitable secuela. Han tardado cuatro años en conseguirlo, y por el camino se ha quedado su protagonista, que se negó a repetir papel y obligó a modificar la denominación de la franquicia, ya que su personaje, Bruce Nolan, era quien daba título original a “Como Dios” (“Bruce Almighty”, algo así como “Bruce Todopoderoso”) y cuya ausencia, al tener que derivar el foco de atención a otro de los caracteres que participaban en el primer film, Evan Baxter, hizo que la segunda parte pasase a denominarse (al menos originalmente) “Evan Almighty” (ya sabéis, “Evan Todopoderoso”).

Una vez se supo que Jim Carrey no iba a estar en “Sigo como Dios”, los productores se decidieron por otorgarle el protagonismo al emergente Steve Carell, secundario en el film original y que desde entonces no ha parado de trabajar, cosechando éxitos inesperados como “Virgen a los 40”. Su personaje, Evan Baxter, ya no es presentador de informativos televisivos, sino que se ha convertido en congresista (prueba de que en los USA cualquier petimetre puede ostentar un cargo público de importancia…. aunque me temo que tal cosa no sucede SOLO en los USA), hasta que Dios (nuevamente Morgan Freeman) se le aparece para ordenarle que construya un Arca a imagen y semejanza de lo que hiciera el bíblico Noé. Obviamente, sólo la presencia de Baxter y la reaparición de Dios mantienen el vínculo con la historia precedente, porque ya no se trata de que un hombre ateo y descreído alardée de que podría hacer las cosas mejor que el Creador, sino de que el propio Creador elige a un hombre deseoso de cambiar el mundo para que ejecute su divino plan.

Perjudicada por un presupuesto desorbitado que jamás de los jamases podrá recuperar, “Sigo como Dios” contiene, a pesar del terrible currículo de su director Tom Shadyac (responsable de “maravillas” como “Ace Ventura”, “Patch Adams” o “El Profesor Chiflado” y su secuela, además de la original “Como Dios”), varios momentos de buen cine, o al menos de lo que comúnmente solemos denominar “buen cine”: secuencias bien planificadas y montadas, excelente fotografía y música y una correcta interpretación de su actor principal (en un papel ciertamente difícil, pues debe pasar constantemente del drama a la comedia y de ésta nuevamente al drama, sólo para derivar de golpe a la mímica más gesticulante en el mejor estilo de… Jim Carrey). Morgan Freeman roza la perfección encarnando a un Dios al que cualquiera, cristiano o no, podría encomendarse con la convicción de ser atendido, y el fabuloso despliegue de miles de parejas de animales (imposible de distinguir cuáles son reales y cuáles están generados por ordenador) genera algunos chistes realmente hilarantes. Pero no todo es tan satisfactorio. El gag de la barba y melena crecientes del protagonista está copiado de “Vaya Santa Claus”, las buenas sensaciones cómicas que genera el aluvión de animales acaban por hacerse insoportable a fuerza de ser tan reiterativas y, sobre todo, a la mayoría de los personajes secundarios dan ganas de estrangularlos, especialmente a la repelente y chillona secretaria de Baxter que encarna Wanda Sykes.

Indudablemente, lo mejor de “Sigo como Dios” es la posibilidad que nos brinda de reencontrarnos con un “divino” Morgan Freeman capaz de resultar creíble y adorable en cualquier personaje que interprete, aunque también es gratificante la buena labor de un Steve Carell que, si logra moderar sus tics y aspavientos, podrá convertirse en un buen actor. Mucho menos divertida de lo que promete, pero mucho menos mala de lo que cabía esperar, “Sigo como Dios” tiene una buena factura técnica y es una pena que su hiperpoblación de animales computerizados haya multiplicado hasta el infinito un presupuesto que en otras circunstancias no tendría razón de ser.

Luis Campoy
Calificación: 6 (sobre 10)

Cine: mi comentario sobre "LA ULTIMA LEGION"


No nos engañemos: sería absurdo decir que “La Ultima Legión” es una gran película. Probablemente, ni siquiera podríamos afirmar que se trata de una buena película. Pero sería injusto decir que un film que entretiene, que se hace ameno y agradable y que en ocasiones nos hace emocionarnos y sonreir constituye un bodrio, una basura cinematográfica. Basada sólo parcialmente (lo admiten los propios títulos de crédito) en una novela del autor de best sellers Valerio Massimo Manfredi, que lleva más de 20 años fabricando como en serie una sucesión de relatos pseudohistóricos que lo mismo transcurren en la Roma imperial que en la Grecia clásica o el Egipto faraónico, “La Ultima Legión” pretende narrar el origen épico de la famosa espada Excalibur, futura fuente de poder y honor del famosísimo Rey Arturo. La acción transcurre en el año 476 d.C. (aunque mejor no comprobéis exhaustivamente la verosimilitud de todo lo que nos cuentan), en plena caída del Imperio Romano, tan decrépito que su única esperanza es un muchacho de 12 años, Rómulo Augusto (Thomas Sangster), al que su padre Orestes trata de educar en la mejor tradición de los gloriosos césares. Sin embargo, los bárbaros godos liderados por Odoacro (Peter Mullan) entran en Roma a sangre y fuego, apresando a un asustado Rómulo a quien su mentor espiritual, el druida Ambrosino (Ben Kingsley) y el jefe de su guardia pretoriana, Aurelio (Colin Firth) deberán rescatar en el transcurso de una aventura que les llevará desde lo que hoy conocemos como Italia hasta la isla de Capri y de allí a la remota Britania, donde tratarán de recomponer la Novena legión del extinto ejército romano, la que con toda probabilidad es la última legión…

He leído decenas de artículos en los que se revelan los miles de errores históricos que contienen estas breves líneas argumentales, y estoy seguro de que tales erratas son todas ciertas, pero me parece una estupidez limitarse a juzgar un producto de entretenimiento en base a que no ostenta la frialdad académica de un ensayo o un documental. ¿Cuántas películas que hoy consideramos clásicas respetan escrupulosamente el devenir de la Historia? También se ha atacado la visible precariedad de sus medios técnicos, muy lejos de la grandiosidad de que gozaban sus “modelos” estéticos (“Gladiator”, “Excalibur” y “El Señor de los Anillos”), a alguno de los cuales imita innecesariamente en más de un momento, pero diré en su defensa que el director Doug Lefler se las apaña para conseguir que sus decorados den el pego más o menos dignamente, y aún le queda pasta para diseñar complejos travellings y contratar a un músico de postín, Patrick Doyle, que nos regala una excelente banda sonora que, aunque casi parezca increíble, no plagia a Hans Zimmer, algo de lo que no todo el mundo puede alardear.

Ninguno de sus actores ganará un Oscar o simplemente será nominado, y es innegable que tanto Colin Firth como, sobre todo, Ben Kingsley, han estado mejor en ocasiones anteriores, pero lo curioso es que todos y cada uno de los intérpretes que nutren el variopinto reparto de “La Ultima Legión” (entre los cuales también están John Hannah, Kevin McKidd e Iain Glen, viejos conocidos de producciones recientes más o menos populares) cumplen a la perfección con sus personajes, resultan creíbles, cercanos y entrañables. Es imposible no reseñar la increíble belleza de la actriz de bollywood (el Hollywood de la India) Aishwarya Rai, cuyos ojos y cuerpo se lucen casi tanto como los hermosos paisajes que han servido de escenario natural a la mayoría de las escenas del film.

Más próxima al espíritu de “Conan el Destructor” y “El Señor de las Bestias” (películas ambas sumamente entretenidas, a pesar de sus presupuestos más bien ajustados) que al de las citadas “Excalibur” o “Gladiator”, “La Ultima Legión” me hizo retroceder por arte de magia a alguno de los mejores momentos de mi adolescencia, cuando los sábados eran días de cine club y el mundo era un poco más ingenuo y los buenos eran héroes abnegados y los malos no eran malos sino malísimos y las doncellas hermosas eran capaces de convencer a su enamorado de que no se muriese sino que se quedase junto a ellas. Sólo por estas sensaciones tan positivas, que el cine computerizado y ultraviolento de hoy día está intentando aplastar, mereció la pena pagar cinco euros y medio y sumergirme en una fresca sala de cine para empuñar una Excalibur invisible mientras disfrutaba como un chaval viendo “La Ultima Legión”.

Luis Campoy
Calificación: 6,5 (sobre 10)

Mal comienzo


Mal empezamos. En tan sólo 24 horas, la tortilla futbolística ha dado una vuelta de campana. Los que habían hecho una pésima pretemporada (el Real Madrid) jugaron en su debut liguero un fútbol, como mínimo, animoso, voluntarioso e inspirado… mientras que el equipo que tan buena impresión había causado hasta ahora (el Barça) jugó simplemente igual que la temporada pasada. El derby madrileño constituyó un evento deportivo entretenido y espectacular, pero lo visto ayer en el campo de El Sardinero resultó más bien monótono y tedioso. Sí, el conjunto blaugrana desarrolló una apabullante posesión de balón, jugó al primer toque casi todas las veces… sólo que la mayoría de los toques eran en horizontal o hacia atrás, y pocas veces se creó un peligro real ante la portería del Racing. Tan escasas fueron las ocasiones de gol para el Barcelona que fueron más inquietantes los únicos tres contraataques del ultradefensivo conjunto santanderino. La alineación que presentó Rijkaard, que, obviamente, no era la de gala (recordemos que Puyol sigue lesionado y Milito estaba sancionado), dejó bastante que desear en todas las líneas, sobre todo por la inclusión de Oleguer y la exclusión inicial de Deco, quien, dicho sea de paso, tampoco fue precisamente un revulsivo cuando saltó al campo en el segundo tiempo. En cuanto a la delantera, no fue fantástica para nada. No sé qué diablos le pasa últimamente a Eto’o, pero su pólvora está más mojada que mis vacaciones a punto de acabarse. Pero, claro está, cuando hubo de sustituir a uno de sus grisáceos atacantes, el técnico holandés no se atrevió a excluir al de Camerún y retiró a Messi, mucho más inspirado pero mucho menos conflictivo. Tampoco Henry aportó nada más que un tiro al poste, y es que este jugador está volviendo a hacer lo mismo que en sus últimos tiempos en el Arsenal: plantarse solo lo más cerca posible del área y quedarse quietecito a verlas venir. Un diario madrileño especulaba ayer con la posibilidad de que el Barcelona se sacase de la manga un truco de magia y vendiese a Ronaldinho al Chelsea por 70 millones de euros, comprando, simultáneamente, al ilusionante Daniel Alves, que está loco por irse del Sevilla. A mí esta operación no me parecería nada mal, porque, si se va el dentolas brasileño, tenemos a Giovanni y a Bojan para sustituirle, y la aportación de Alves podría ser muy interesante. Pase lo que pase, espero que las cosas mejoren a partir de ahora, porque no hemos hecho sino continuar la misma tónica del final de la temporada anterior: el Madrid ganando, y el Barcelona causando una paupérrima impresión.

viernes, 24 de agosto de 2007

Cine: mi comentario sobre "LOCOS POR EL SURF"


Fue un documental francés del año 2005 titulado “El Viaje del Emperador” el responsable del actual auge que viven las películas “de pingüinos”. Pocos meses después de “Happy Feet”, película tan brillante como aburrida, llega “Locos por el Surf”, igualmente deslumbrante en cuanto a utilización de la tecnología informática, aunque un poco (tampoco mucho) más entretenida. Todavía no entiendo por qué se trata de pingüinos y no de marmotas o libélulas o gatos siameses, pero a alguien se le ha ocurrido contarnos que un montón de palmípedos vestidos con smoking beben los vientos por surcar las olas a bordo de una tabla de surf. Así, el protagonista de esta historia, Cody Maverick (cuyo nombre, a mi entender, procede de la fusión de dos personajes legendarios del far west. Buffalo Bill Cody, el célebre matador de búfalos y de indios, y Bret Maverick, héroe de una famosa serie televisiva cuya adaptación al cine protagonizó Mel Gibson), será capaz de abandonar su hogar en la Antártica para viajar hasta la remota isla tropical de Pen Gu, tan sólo para participar en un famosísimo campeonato de surf. Pero, como he dicho antes, lo de que los protagonistas sean pingüinos y no otra especie animal cualquiera es una mera anécdota sin trascendencia ni relevancia alguna, pues los referentes temáticos de “Locos por el Surf” no son, en realidad, “Happy Feet” o “El Viaje del Emperador”, sino “El Gran Miércoles” (la mejor película rodada acerca de la práctica surfera), “Cars” (cuyo argumento es plagiado casi al pie de la letra: una joven estrella de un deporte de riesgo es tutelado por una antigua leyenda de ese mismo deporte y, finalmente, cederá su triunfo en la carrera decisiva con tal de ayudar a uno de sus competidores) y “EdTV” (aquel film de Ron Howard que seguía la estela de “El Show de Truman” y en el que Matthew McConaughey era seguido a todas partes por un equipo de TV). Precisamente este último aspecto (una cámara siendo testigo de las hazañas y reflexiones de un personaje) es la máxima y única novedad de un producto muy bien acabado pero que tampoco consigue entusiasmar; será porque ni “Gran Hermano” ni “Happy Feet” lograron, tampoco, entusiasmarme.

Luis Campoy
Calificación: 7 (sobre 10)

domingo, 19 de agosto de 2007

Rodando "INDIANA JONES IV"


Para los amantes del cine de aventuras, para los nostálgicos de una adolescencia arqueológica, para los admiradores de Harrison Ford y de Steven Spielberg y de George Lucas y de John Williams…. Ya tenemos el primer “teaser” poster de “Indiana Jones IV”, que se va a estrenar el año próximo (durante la celebración del “Memorial Day”, o sea, el día 22 de Mayo de 2008, si mis fuentes no son erróneas) y cuyo título más probable, de entre los varios que Lucas ha filtrado a la prensa, será “Indiana Jones y la Ciudad de los Dioses”. Han tardado casi 20 años en poner en marcha esta cuarta y última entrega, y en el intervalo de tiempo lo primero que hay que decir es que Harrison Ford ha envejecido muchísimo en todos los sentidos. Una vez vistas las primeras imágenes del rodaje, observo con algo de tristeza que tanto el rostro como el cabello como los movimientos de Ford expresan a las claras que se trata de un hombre de sesenta y cinco años, si bien, sin ir más lejos, en las fotos que se está sacando Sylvester Stallone mientras rueda su “John Rambo” (es decir, Rambo IV”) se le ve mucho mejor, ¡y tiene sesenta tacos!. No tengo absolutamente nada en contra de los hombres de sesenta y cinco años, pero es que se trata del intrépido aventurero-arqueólogo del sombrero y el látigo, todo un icono de un estilo puro y casi inocente de entender la aventura, y, personalmente, no me gustan las películas “crepusculares” en las que sus protagonistas se pasan el rato acusando el paso del tiempo y añorando una juventud tan perdida como el Arca que dio título a la primera película y que, según algunos, aparecería de nuevo en esta cuarta parte (sin ir más lejos, si observáis el poster adjunto, veréis que el látigo y el sombrero descansan sobre una caja de madera en la que hay unos números grabados… que son los mismos que pueden leerse en la caja de madera en la que encierran el Arca que Indy recuperaba al final de su primera aventura). Otro dato que induce a pensar que el guión del film (que teóricamente vendrá firmado por David Koepp y Jeff Nathanson, aunque su autoría se debe a una docena de escritores más) supone una especie de final de ciclo, un epílogo consciente a todo lo que hemos conocido desde 1981, es la confirmada presencia de Karen Allen, que “En busca del Arca Perdida” encarnó a Marion Ravenwood y que, muy probablemente, es la madre del hijo de Indiana, al que da vida, como ya dije, el joven y prometedor Shia LaBeouf, el “prota” de “Transformers”. Es una pena que Sean Connery se haya negado a repetir su papel de “padre” del héroe (y abuelo del hijo de éste, no nos olvidemos), pero hay que tener en cuenta que, tanto en 1989 como ahora, la diferencia entre Connery y Ford es de apenas ¡¡12 años!!, y muy posiblemente en el momento presente la relación paterno-filial no hubiera resultado creíble, a juzgar por el aspecto actual que presentan ambos actores. Otro que tampoco ha querido volver es John Rhys-Davies, que encarnaba a Sallah, el amigo egipcio del arqueólogo, y uno que no ha podido, por mucho que le hubiera gustado, es Denholm Elliott, el director de la Universidad tanto en la primera como en la tercera entrega, que falleció de SIDA hace 15 años. Junto a Ford, Allen y LaBeouf, el reparto se completa con los nombres de Cate Blanchett, Ray Winstone, John Hurt y Jim Broadbent, todos ellos de reconocida valía y prestigio. Yo estoy siguiendo con creciente interés las noticias acerca del rodaje (que estos días se desarrolla en Los Angeles), y espero que, dentro de nueve meses, lo que nazca sea una criatura digna de sus muy ilustres progenitores.

viernes, 17 de agosto de 2007

Cine: mi comentario sobre "LOS 4 FANTASTICOS Y SILVER SURFER"


En el extremo opuesto de adaptaciones “oscuras” y “realistas” como “Batman Begins”, llega la segunda entrega de “Los Cuatro Fantásticos”, tan simplona, intrascendente y pueril como la primera. Se trata de la inevitable continuación de un éxito que sorprendió a propios y extraños en 2005, habida cuenta de que ni el director elegido (Tim Story) ni los actores protagonistas (Jessica Alba, Ioan Gruffudd, Chris Evans y Michael Chiklis) eran conocidos para el gran público, amén de que el presupuesto de producción sólo dio para unos efectos especiales más bien discretitos. Sin embargo, e indudablemente a consecuencia de la gran aceptación popular del comic Marvel en que se basaba, el film recaudó una fortuna en su primer fin de semana de exhibición y aguantó el tipo en los días posteriores, repitiendo éxito tanto en los pases televisivos como en su explotación en DVD. Como consecuencia, el estudio, demostrando que tan sólo miraron los dólares amasados y no la deficiente calidad del producto, encomendó al mismo equipo creativo la puesta en marcha de la secuela, que ahora llega a los cines de todo el mundo reeditando los aspectos positivos (económicos) y negativos (cinematográficos) de la primera entrega.

Nuevamente encarnados por Gruffudd, Alba, Chiklis y Evans, los Cuatro Fantásticos (Reed Richards/Mr. Fantástico, Susan Storm/La Mujer Invisible, Ben Grimm/La Cosa y Johnny Storm/La Antorcha Humana) regresan para certificar la necesidad del americano medio de convertir en héroe a cualquiera que ostente alguna característica especial. Cierto es que, en el caso de estos cuatro personajes, sí puede decirse que sus poderes les convierten en seres excepcionales, pero donde naufraga la narración del film es en cómo describir sus motivaciones, sus interrelaciones, su humanidad. Así, Reed representa el tópico del “profesor chiflado” (inteligentísimo pero serio y aburrido), Susan aporta la nota de sex appeal con algún toque de feminismo infantil, La Cosa se limita a encarnar al monstruo-con-un-corazón-de-oro y la Antorcha se conforma con hacer de ligón y payaso. Tampoco el retorno del villano del anterior film, el Doctor Muerte (Julian “Embrujadas” McMahon), aporta demasiada intensidad dramática a la función (acerca de los estúpidos militares norteamericanos que deambulan como comparsas, mejor ni hablar), y lo más logrado de esta secuela es la aparición de otro personaje legendario de los comics, Silver Surfer, a quien en el film llaman “El Surfista de Plata”, ignorando que, durante décadas, en España lo hemos conocido como “Estela Plateada”. Silver Surfer era un astrónomo en su planeta de origen hasta que se convirtió en heraldo de Galactus, el devorador de mundos, y en la película ha sido creado digitalmente a partir de los movimientos del mimo Doug Jones, fauno en “El Laberinto del ídem” y hombre pez en “Hellboy”. El aspecto de este amante de las olas siderales, que recuerda vagamente al T-1000 de la ya lejana “Terminator 2”, semeja al mercurio líquido y además tiene características de licuación y casi de transustanciación-

Es obvio que un argumento de proporciones cósmicas, en el que los protagonistas son, además de superhéroes, científicos, podía haberse prestado a una interpretación muchísimo más interesante, a poco que se hubiesen eliminado unos cuantos chistes y se hubiese intentado madurar el tono infantil que todos criticamos en el primer film. Pero tampoco esta vez ha habido suerte, y es una pena, porque el espectáculo visual no es desdeñable, los efectos especiales han mejorado y algunos de los actores les han cogido muy bien el punto a sus personajes (especialmente Michael Chiklis como La Cosa y Chris Evans como La Antorcha Humana; Ioan Gruffudd no curaría su sosería ni con toda la sal desalinizada por Cristina Narbona y, en cuanto a Jessica Alba, es tan atractiva como pésima actriz). La única esperanza para los fans del comic original es que, en la muy previsible tercera parte, se produzca, como mínimo, un cambio de director y también de dirección (de la comedia paródica a la ciencia ficción), y, tal vez, alguna sustitución en su elenco protagonista.

Luis Campoy
Calificación: 5,5 (sobre 10)

jueves, 16 de agosto de 2007

¿Será Schuster un nuevo Camacho?


Puede que tampoco el juego desplegado hasta ahora por mi equipo habitual, el Fútbol Club Barcelona, sea como para tirar cohetes… pero ¿soy yo el único que piensa que el nuevo Real Madrid de Bernd Schuster es una máquina en la que falla prácticamente todo? Casi cada semana han ido incorporándose nuevas “estrellas” (tan rutilantes como el hiperfamoso Pepe, tan caro como desconocido), pero ni el susodicho, ni el “traidor” Saviola, ni el portero Dudek (qué chiste tan fácil sobe cuántas dudas inspira cada vez que sustituye a Casillas), ni Metzelder, ni los recién llegados (y lógicamente inadaptados) Snejder y Drenthe han hecho gran cosa, por no decir nada. El técnico alemán (que, por cierto, también se rumoreó como posible sustituto de Rijkaard en el Barça) aún no ha sido capaz de definir no sólo un once titular (cosa lógica si tenemos en cuenta que, hasta el día de hoy, la plantilla aún sigue abierta y algunos pilares básicos como Van Nistelrooy todavía no habían podido integrarse) sino, ni siquiera, un sistema de juego propio o característico. Ver los partidos de pretemporada del Madrid está siendo un calvario para sus seguidores, y un verdadero gozo para sus detractores, que los tiene. Y ni siquiera la utópica llegada de Silva, Robben o Ballack, por no decir la de los mucho más elusivos Kaká o Cristiano Ronaldo, podría mejorar, a corto plazo, la imagen de impotencia que está dando el club ganador de la última Liga Española. ¿Acaso no funcionaba mucho mejor el equipo merengue cuando aún conservaba a Beckham, Ronaldo y Roberto Carlos? Yo pienso que sí, y más de uno estará dándose cuenta de que la solución de los problemas galácticos no tenía por qué consistir en la teletransportación de la mayoría de ellos. Todo ello me lleva a preguntarme, a juzgar por lo visto hasta el momento, si don Bernardo será capaz de mantenerse en el banquillo más tiempo de lo que hizo don José Antonio (Camacho).

"GUERRA CIVIL": héroes en guerra

Sé que parece increíble tratándose de un blog en el que se supone que se habla de comics de forma más o menos habitual, pero lo cierto es que hasta ahora no me había referido al gran evento marvelita de los últimos tiempos: el macro-crossover denominado “CIVIL WAR”. Destaco especialmente lo de “Civil War”, así, en el idioma de Shakespeare, de David Beckham y de Tom Cruise, porque parece que los de Panini (la editorial que actualmente publica el material Marvel en nuestro país) dan por hecho que toditos los lectores de sus publicaciones no necesitan que el título del acontecimiento se traduzca como “Guerra Civil”. Lo cierto es que nos hallamos ante un suceso que ha puesto patas arriba un universo superheroico que ya no volverá a ser el mismo. Todo empezó hace unos meses, cuando al Gobierno USA (también en los tebeos) le entró la neura fascistoide y decidió controlar a todos y cada uno de sus ciudadanos, especialmente a aquéllos dotados de poderes especiales. Lo que se presagiaba únicamente como una molesta injerencia gubernamental adquirió proporciones realmente dramáticas a raíz de un suceso trágico e inesperado: un grupo de enmascarados de segunda, los eternamente adolescentes New Warrios (Nuevos Guerreros, para Carmen Sevilla y la mayoría de vosotros) se prestó a ser seguido por un equipo televisivo en una especie de “Gran Hermano” para tipos con mallas y leotardos. De la forma más irresponsable, los New Warriors (integrados por Speedball, Namorita, Destructor Nocturno y Microbio), se enfrentaron, seguidos por un montón de cámaras, a una formación de supervillanos teóricamente “menores” pero en los cuales militaba el peligroso Nitro, que, como en él es habitual, explotó en mil pedazos, arrasando el pueblo de Stamford y segando la vida de cientos de inocentes, entre ellos los niños de un colegio cercano. Tan terrorífica masacre, oportunamente difundida por los medios de comunicación, creó un antes y un después en las relaciones entre los héroes enmascarados y los ciudadanos a los que supuestamente protegen. El Gobierno promulga la Ley de Registro de Superhumanos, por la cual todos y cada uno de quienes defienden a la Comunidad preservando su personalidad civil bajo una máscara deberán pasar a convertirse en una especie de funcionarios y, ante todo y sobre todo, revelar su preciada identidad secreta. Naturalmente, la mayoría de nuestros amados personajes Marvel están, a priori, en contra de esta medida, pero algunos de ellos acceden a acatarla, para no situarse al margen de la legalidad. Es el caso de Iron Man, que se erige en líder del bando pro-Registro y arrastra con él a Spiderman, algo así como su aprendiz y guardaespaldas desde que el arácnido se unió a los Nuevos Vengadores. Lo terrible es que el icono por excelencia que representa a los Estados Unidos, el hombre que viste las barras y las estrellas, aquél que desde hace décadas ostenta la máxima representación de toda una nación, el Capitán América, decide apostar por la defensa de las libertades más básicas y elementales de sus compañeros y se convierte en adalid de quienes no están dispuestos a registrarse. Este es el plot argumental de esta macro-saga, que, debo admitirlo, me está gustando muchísimo, sobre todo porque la colección central, la que se denomina precisamente “Guerra Civil” (perdón, “Civil War”), está guionizada por uno de los mayores talentos literarios que actualmente contribuyen al engrandecimiento del Noveno Arte: el escocés Mark Millar, del que ya me sabréis entusiasta admirador si habéis leído mis otros artículos “comiqueros”. Millar va mucho más allá de la narración de combates y escaramuzas, y, al igual que su compañero J.M. Straczinsky en “Supreme Power”, o el ya clásico Frank Miller en “Watchmen”, aporta una lectura adulta, madura y política al fenómeno superheroico. Personalmente, considero a los pro-registro los auténticos villanos de la historia, aunque sólo sea por mis ideales románticos acerca de la libertad individual que no puede ser pisoteada ni siquiera por el todopoderoso Gobierno yanqui, y en este sentido, la alineación de Spiderman en este bando podría parecer, a priori, una decisión errónea por parte de los editores marvelianos. Sin embargo, hay que reconocer que, gracias a esta iniciativa, he presenciado dos de los mejores momentos que se han editado en un comic-book en los últimos años. en primer lugar, el instante en que Spiderman se quita la máscara ante las cámaras y la mirada atónita de todo el mundo y dice: “Me llamo Peter Parker y he sido Spiderman desde que tenía quince años”. Joder, el hecho de que mi ídolo de la infancia revele su identidad secreta, que tan celosamente ha defendido durante cuarenta y cinco años, me resulta repugnante como concepto, pero… el fragmento de historieta en que la revelación tiene lugar es sencillamente histórico y glorioso. El otro hito que nos regala “Civil War” (al menos en lo publicado en España hasta la fecha) es la batalla entre el Hombre Araña y el capitán América; se trata de otra cima difícilmente superable para quienes son admiradores de este tipo de publicaciones y de los personajes que las protagonizan. Un suceso de proporciones históricas que, según todos sabemos (y yo ya comenté oportunamente) palidecerá ante la tragedia que aguarda al pobre Capitán América. Pero todavía faltan algunos meses para que el luctuosísimo incidente se publique en nuestro país, y, entre tanto, hay mucho que disfrutar de esta espléndida (y yo, que me consideraba pacifista…) “Guerra Civil”.

viernes, 10 de agosto de 2007

Cine: mi comentario sobre "RATATOUILLE"


Un punto de partida socio-gastronómico: el “ratatouille” es una comida típica de ciertos puntos de la región francesa de la Provenza consistente en un refrito de calabacín, tomate, pimiento, cebolla y berenjena (es decir: poco más o menos, el equivalente franchute a nuestro pisto, o fritada, o moje). Así, el título original de la última maravilla tecnológica de Pixar y Disney es un evidente juego de palabras que entremezcla la cocina con la identidad de su protagonista: una rata. Curiosamente, la apuesta de hacer que el héroe de una ficción infantil sea un roedor de alcantarilla funciona sin problemas para la mayoría de la gente, a pesar de ser bien conocida la aversión de todos los mortales hacia estos animalillos asociados a la suciedad y a la transmisión de temibles enfermedades. Precisamente aquí subyace el inevitable mensaje “familiar” que siempre suele acompañar a este tipo de films: la tolerancia hacia lo diferente, la aceptación y el respecto a los demás… incluso aunque se trate de sucios roedores.

El argumento de “Ratatouille” es más bien poco creíble: Remy es una rata de alcantarilla dotada de un gusto y un olfato poco comunes, incapaz de comer cualquier desperdicio y espectador habitual del canal de cocina en el que presenta un programa el cocinero Auguste Gousteau, un Arguiñano francés cuyo lema es “Todo el mundo puede cocinar”. Separado accidentalmente de su familia, Remy viaja a París y le las ingenia para conocer al joven Languini, un pinche de cocina que es en realidad hijo ilegítimo y aspirante a sucesor del fallecido Gousteau.

Si por algo suelen distinguirse las producciones Pixar es porque, a diferencia de sus competidoras en el terreno de la animación digital (DreamWorks, Fox, etc.), cuidan tanto la faceta argumental como la visual (algo que no puede decirse de tonterías como la reciente “Shrek Tercero”). Pensemos en los guiones de “Buscando a Nemo”, “Cars” o, sobre todo, “Los Increíbles”, y nos daremos cuenta de que su guión, incluyendo sus excelentes diálogos, es válido sin apenas adaptación, para una película “seria” rodada con actores de carne y hueso. No obstante, dado que se trata de un film de dibujos animados (o casi), es imprescindible hacer hincapié en su asombrosa, perfecta y excelente factura técnica. Todo en ella parece asombrosamente real: desde las texturas de pieles y pelajes hasta los bellísimos escenarios naturales parisinos, pasando por los movimientos y reacciones faciales de los personajes.

Si bien, como siempre en Pixar, el componente informático-visual roza muy de cerca la perfección, hay que reconocer que algo falla en los otros aspectos que componen una obra cinematográfica. No es sólo que la propia anécdota argumental resulte inconcebible para una mente humana (una rata cocinando), sino que la película se hace larga y pesada, el personaje del aspirante a cocinero Linguini carece del más mínimo de interés tanto dramático como humano y la relación que éste mantiene con su compañera de fogones y cazuelas Collette es tan artificial como innecesaria.

Ambientaba en los años sesenta parisinos y con múltiples referencias a clásicos como “Los Aristogatos” y “101 Dálmatas”, “Ratatouille” es mucho mejor que las últimas películas de animación estrenadas, pero, lamentablemente, algo menos divertida que lo que su trailer (eliminado, por cierto, del metraje final de la cinta, aunque sí constituye la imagen promocional en el poster) prometía.

Luis Campoy
Calificación: 8 (sobre 10)

miércoles, 8 de agosto de 2007

Demasiados fantásticos

Supongo que, dejándose influenciar subliminalmente por el inminente estreno (pasado mañana) de la segunda entrega de las aventuras cinematográficas protagonizadas por cierto cuarteto superheroico surgido de las revistas Marvel, algún hincha poco inspirado se apresuró a bautizar como “Los Cuatro Fantásticos” a la conjunción de los delanteros mediáticos que van a vestirse de azulgrana la próxima temporada: Ronaldinho Gaúcho, Samuel Eto’o, Leo Messi y Thierry Henry. No hay que ser un experto para darse cuenta de que alinear a cuatro delanteros no sólo requiere un talante ultramegaofensivo (lo cual no es la característica básica del entrenador Frank Rijkaard), sino que, lógicamente, desguarnece las otras posiciones, ya que si a once le quitamos uno y a diez le quitamos cuatro, sólo quedan seis puestos para repartirse, y el técnico holandés se ha caracterizado por utilizar un esquema de 4-3-3 (cuatro defensas, tres centrocampistas y tres delanteros), y en contadas ocasiones un 3-4-3, pero nunca, que yo recuerde, un 3-3-4. O sea: uno de los cuatro mediáticos atacantes deberá asumir la suplencia como quien asume silenciosamente las hemorroides. Pero los “problemas” (si es que disponer de varios de los mejores delanteros del mundo puede considerarse un problema) no terminan ahí. Resulta que, al menos en esta pretemporada que ahora se desarrolla en tierras niponas, el amigo Rijkaard está dando oportunidades a dos jóvenes canteranos surgidos del descendido Barcelona-B, Bojan Krkic (premio para el que consiga pronunciar correctamente este apellido) y Giovani Dos Santos (a quien algunos medios de comunicación se empeñan en denominar “Giovanni Dosantos”), además de a otros dos arietes a todos los efectos desahuciados, como son Maxi López y Santi Ezquerro. Lo cierto es que, sin haber visto juntos a Ronaldinho, Eto’o, Messi y Henry, uno puede sacar fácilmente dos conclusiones: primera, que la aportación del recién llegado Henry está siendo más bien simbólica o prácticamente nula; y segunda, que son precisamente los jóvenes Bojan y, sobre todo, Giovani, quienes, con su sola presencia en el campo, revolucionan el equipo y, además, consiguen materializar los goles. Digámoslo claro: este Barcelona 2007-2008 ha tirado por la borda los 24 millones de euros que ha pagado por “Tití” Henry, un gran tipo que ha vivido épocas gloriosas cuando militaba en el Arsenal, pero que está a punto de cumplir 30 añitos y cuya fortaleza, agilidad y puntería nada están teniendo que ver con la de los muchísimo más jóvenes Giovani y Bojan, que son el auténtico futuro del ataque barcelonista salvo que algún desgraciado considere que hay que hacer caso al gurú metomentodo Johan Cruyff, empeñado en que lo mejor es cederlos a otro equipo para que vayan “rodándose”. ¿Qué diablos?. Yo digo que, para que otro club disfrute de su talento, mejor que lo haga el Barça, aunque Henry e incluso Eto’o tengan que aburrirse de chupar banquillo.

lunes, 6 de agosto de 2007

Cine: mi comentario sobre "LOS SIMPSON: La Película"


Cuando una serie de televisión triunfa, las normas dictan que se produzca antes o después su salto a la pantalla grande. Este fenómeno viene repitiéndose en el show business norteamericano (y, por añadidura, internacional) desde tiempos casi inmemoriales, y ejemplos los tenemos todos en nuestra memoria: desde casos como “Star Trek” (el más obvio, en el que los mismos protagonistas televisivos volvieron a hacerse cargo de sus personajes en las incontables vueltas de tuerca cinematográficas) o “Corrupción en Miami” (donde el mismo creador y productor auspicia su salto al cine aunque sustituyendo a los actores originales) hasta “El Fugitivo”, “Starsky & Hutch”, “Embrujada” o “Los Hombres de Harrelson”, donde no se mantienen ni el equipo artístico ni el creativo, con resultados que oscilan entre lo aceptable y lo lamentable. “Los Simpson”, que nacieron como cortometrajes animados de un minuto de duración para el show de Tracey Ullman en 1987 y obtuvieron su propia serie apenas 2 años después, han alcanzado la friolera de 18 temporadas ininterrumpidas en antena y, lógicamente, su (inevitable) traslación a la gran pantalla tenía que producirse según los parámetros del primer grupo que he establecido anteriormente: todos sus artífices (creador, guionistas, dibujantes y elenco de dobladores) se han mantenido al cambiar las 625 líneas por las salas de cine. De este modo, “Los Simpson: La Película” no es sino un episodio más extenso y más intenso y en cuya realización técnica se han introducido, a pesar de lo que se decía en los trailers promocionales (donde se cargaban las tintas en el hecho de que se trataba de dibujos animados hechos por seres humanos y no por ordenador), numerosos aditivos generados digitalmente.

De los 400 episodios estrenados de “Los Simpson” yo debo haber visto algo así como 14, así que no puedo pretender erigirme en experto soberano acerca de sus detalles e interioridades, si bien sí puedo afirmar que todos los ingredientes de la serie “madre” televisiva se han respetado en su “hija” cinematográfica: humor corrosivo, ternura soterrada, crítica a los usos y costumbres de la sociedad y la política estadounidense y un sinfín de citas o referencias culturales y cinéfilas que, a la larga, han conseguido que determinados actores sean más conocidos por haber aparecido en un episodio de “Los Simpson” que por su propia y en ocasiones larga y brillante carrera. En el caso de la versión fílmica, hay que reseñar la presencia de Tom Hanks y Arnold Schwarzenegger (ascendido de Gobernador de California a Presidente de Estados Unidos) y la banda de rock Green Day, que interpreta el famoso tema musical de la serie (por cierto, hay que destacar el hecho de que la banda sonora original fue creada por el famoso Danny Elfman y, sin embargo, quien se ocupa de su adaptación es el no menos popular Hans Zimmer).

Contaminación ambiental, efecto invernadero, intrusismo del gobierno en las vidas de los ciudadanos, usurpación de la patria potestad y un par de chistes demoledores a costa de Alaska (recordemos que en “South Park” se burlaban de Canadá) son algunos de los aspectos que más llaman la atención con respecto a esta (¿por qué no decirlo?) estupenda película, tan poco recomendable para los niños como lo es cualquiera de sus episodios televisivos (no olvidemos las continuas referencias sexuales, políticas y religiosas que inicialmente pretendieron captar la atención de un público adulto) pero que cuenta con un arranque absolutamente prodigioso cuya originalidad y energía va diluyéndose un poquito a lo largo del metraje subsiguiente (consecuencia, sin duda, de la innecesaria participación de nada menos que 11 guionistas y 4 consultores de guión). En cualquier caso, se trata de un producto divertidísimo que no hay que olvidar que además de risas debe generar el (divertido y necesario) ejercicio de la mente y la razón.

Luis Campoy
Calificación: 8,5 (sobre 10)