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martes, 13 de marzo de 2007

¿Feminismo Siglo XXI?

No hace demasiado tiempo, las cosas no eran como ahora. En una época todavía reciente, que ninguno de los que me estáis leyendo habéis vivido ni yo tampoco, pero que queda patente en los libros de Historia, los documentales y la memoria colectiva, las mujeres no eran iguales que los hombres. Es decir, por supuesto que eran iguales, pero socialmente no se las consideraba del mismo modo. Durante muchísimo tiempo, la única misión asignada a la mujer era la de satisfacer al varón, ya fuese como objeto sexual o como esclava-cocinera-limpiadora. Eran tiempos oscuros y los seres humanos que entre las piernas no portaban testículos dictatoriales tenían que asumir, sumisas, su condición de complemento, de apéndice, de comparsa, de media naranja que jamás podía aspirar a la condición de naranja completa. Por si alguien lo ignora, hay que recordar que hasta hace no muchos años las mujeres no podían tener propiedades a su nombre, ni pisos, ni coches ni nada, era de todo punto imposible que pudiesen concurrir como candidatas a unas elecciones (ni tan siquiera como número cuatro de la lista), e incluso les estaba prohibido el simple hecho de votar o sufragar en unas elecciones. Como consecuencia de todo ello, entre finales del siglo XIX y principios del XX, un movimiento de mujeres denominado precisamente “Sufragistas” comenzó en los Estados Unidos una lucha sin cuartel para obtener la ansiada y justa equiparación con sus homólogos masculinos. Nombres como los de Emmeline Pankhurst hicieron posible, con su tesón y con su sacrificio (muchas veces concretado en sus propias vidas) el que ahora, por fin, en la mayoría de los países civilizados del mundo, los caballeros y las damas sean considerados y tratados igual.

Sin embargo, ya en pleno siglo XXI, continúan existiendo ejemplares del sexo femenino que, por un quítame allá esos euros, no dudan en pisotear el legado de igualdad que sus precursoras tan dolorosamente les proporcionaron. Sé de muy buena tinta que muchas de las señoras y señoritas sudamericanas que acuden a esta España de Zapatero y Rajoy lo hacen con el propósito o la esperanza de encontrar un español que no sólo las mantenga sino que corra con todos sus gastos (y los de sus familiares más o menos directos). Estas personas pretenden conservar en nuestro país las mismas costumbres o tradiciones que al parecer existen en el suyo, y es que, según me cuentan, el sudamericano o latinoamericano medio todavía vive en los lejanos tiempos en que la mujer carecía de independencia o entidad propia, y era poco más o menos que una criatura desvalida a la que había que corresponder sus atenciones con dinero. Vamos, que casi todas las inmigrantes de Latinoamérica que nos honran con su presencia o bien disfrutan del protectorado económico de sus maridos o parejas, o bien ansían hallar un español que les proporcione idéntica seguridad… cuando no una seguridad aún mayor (y conste que he dicho casi todas).

Hoy he sabido de la existencia de improvisados gabinetes de asesoramiento que se erigen entre uvas y melocotones, entre coles y lechugas, a medio camino entre el agro y el firmamento. “Todos los españoles les entregan la paga a su mujer y ella es quien administra el dinero”, dice la docta voz de la sabiduría encarnada en Helena Francis de la horticultura. Instintivamente, y no para acariciar narcisistamente mi nalga, echo mano al bolsillo trasero del pantalón y saco mi cartera, de la cual extraigo tembloroso mi Documento Nacional de Identidad. Al dorso del mismo, un rótulo informa de que nací en Alicante, y sé de buena tinta que la ciudad de Alicante (Alacant para los valenciófilos) se halla ubicada en la provincia del mismo nombre, la cual pertenece a la Comunidad Valenciana, y esta última forma parte de un país llamado España. Coño, que soy español. Soy español, y he compartido años y años de mi existencia con alguna que otra mujer… pero nunca, nunca, le he entregado mi nómina a ninguna para que me la administre. Y tampoco mis amigos o conocidos lo hacen. ¿Será posible, pues, que sean “algunos españoles” y no “todos los españoles” los que deleguen en sus mujeres la administración de sus dineros? “No seas tonta, él debería mantenerte, a ti y a tus hijos”, prosigue la solícita asesora, con su rutilante y rubicunda sabiduría. ¡Jesús!. Juro por Snoopy, y hasta por Mafalda, que nunca jamás he sido ni seré un maltratador, pero… ¿un mantenedor? O sea, a ver si lo he entendido. ¿Realmente hay mujeres, descendientes de quienes fueron víctimas de las monstruosas y reiteradas injusticias del machismo, que propugnan ahora que lo lícito y lo lógico es que las trabajadoras que trabajan (y cobran) se guarden para sí mismas la integridad de su propia paga, en la creencia y la convicción de que su marido o su pareja las ha de mantener? Pero bueno….. ¡Qué perspicaz aplicación de la igualdad! (“¡Qué morro!”, diría el poeta.) Hombre y mujer trabajan los dos, pero la mujer se guarda su dinero bajo el sostén y el hombre ha de correr con los gastos de todo. Más que conservadurismo, eso me parece “caradurismo”.

Pero aún hay más. Resulta que la misma persona (que no creo que colabore con “Asesores sin fronteras”) pasa por ser, asímismo, toda una autoridad en materia legal, y ha debido mamarse todas y cada una de las sentencias de separación que a su disposición pone la jurisprudencia especializada. “Ningún español pasa a sus hijos más de cuatrocientos euros al mes”, afirma sin que a sus mejillas asome rubor alguno. Yo, cada vez más mosqueado, rastreo cual sabueso el extracto de mi cuenta corriente, y cuando localizo “Pensión Alimenticia: 634,36 euros”, lo primero que hago es volver a dudar de mi nacionalidad (pero ya he dicho antes que mi carnet no miente), y, acto seguido, maldigo mi suerte por no haber contado, en los azarosos días de mi separación, con la infalible inspiración de dicha aprendiz de leguleya. Mas aun nos queda un último comentario, tan sagaz que su aplastante lógica cae como pétrea losa sobre mi inocente tendencia a la tolerancia: “No sé cómo consientes que los hijos de tu pareja no se coman la comida que les preparas”. Hombre (mujer), yo soy persona de gustos afortunadamente abiertos, y, al igual que la cocina china, la mexicana o la turca, también me agrada la ecuatoriana, pero de ahí a tener que obligar a dos críos de siete y ocho años, poco comientes por naturaleza, a que devoren sin rechistar cualquier plato que se les ponga ante los ojos, contenga lo que contenga… “Es que a veces ni siquiera se comen las pizzas o las salchichas con patatas fritas”. Vale, y yo a veces no puedo acabarme los macarrones al horno, y éso que a) me encantan y b) incluso los he preparado yo. Quiero decir que puedo entender que a una cocinera (o cocinero) le duela en el alma que su exquisita cocina permanezca en el plato y no alcance el estómago de sus destinatarios, pero hace años que se abolió la Inquisición y lo de meter un embudo en la garganta de un niño queda como muy mal visto. No defiendo la anorexia, pero, joder, a mí también me da rabia dedicar horas y horas a escribir estos artículos y luego no ver sus entradas inundadas de comentarios, pero no me queda otro remedio que aguantarme, porque si uno tuviese que obligar a todo Dios a tragarse todo lo que escribe o todo lo que cocina, los fabricantes de embudos no darían abasto.

Pues eso. En los albores del Siglo XXI, en esta España sesgada por las rivalidades partidistas , en la misma España que vio nacer a Emilia Pardo Bazán y a Ana Belén y a Lucía Etxebarría, no faltan las mujeres que prefieren ejercer un feminismo sui-géneris cuya aviesa filosofía es: “El hombre y la mujer somos iguales y debemos cobrar lo mismo, pero el hombre ha de mantener a la mujer”. Olé tus güevos, querida amiga. Mas disculpa, había olvidado que vosotras no tenéis testículos, ni nosotros tetas, pues la igualdad es una cosa interna y no externa, la igualdad por la que tanto habéis luchado presupone gozar de los mismos derechos, pero también afrontar las mismas obligaciones, y eso incluye el pequeño detalle de que no debe haber mantenedores y mantenidas, sino personas que comparten los gastos como comparten la cama. Así, de paso, algunos hombres despejarían muchas dudas existenciales respecto a si sus parejas les quieren mucho o si, por el contrario, las mueven otro tipo de innombrales intereses.

13 comentarios :

marisa dijo...

Estoy de acuerdo con la Igualdad de Derechos, y por lo tanto de Deberes entre los hombres y las mujeres.

Me gustaría saber que este artículo al cual te refieres, es una historia... pero mucho me temo que no, que es una realidad.

Yo como mujer, me podría sentir avergonzada que mis tocayas pretendan vivir de sus parejas y no compartir ingresos, gastos y trabajo, pero no todas somos asi,somos legión las mujeres que no dependemos de nadie, y es más atendemos a todas y cada una de nuestras obligacion.

Existe una generosidad en la mujer en general que no voy a descubrir yo ahora y que sé que tú conoces tambien.

Aunque hablemos de personas de otros paises, quiero pensar que, simplemente es cuestion personal de cada uno, en este caso de cada una, de su formación de su educación y tambien puede afectar como no, su cultura.

Las costumbres y las leyes de otros países tarde o temprano seran tan equiparables, que esto no sera comentario generalizado, sino puntual de cada persona.

Comprendo aún así, que las diferencias con personas de otros paises lleven a la convivencia a situaciones dificiles.

No es cuestionable...es una opción, por eso, siempre he pensado que dos almas que se unen en pos del amor sin importar estas cuestiones han de ser valientes, porque la generosidad de ambas y más si intervienen niños, debe ser extrema y de una predisposicion y disponibilidad total.

No obstante, todo ello y por lógica, lo regula el AMOR con mayusculas.

Cuando el sentimiento no es puro y se van con otros intereses seguro que no funciona ni aquí, ni allá.

La condición para la vida en pareja y para la vida en general, es la igualdad de derechos y deberes, seas de donde seas y fueres donde fueres.

Siempre he pensado que la convivencia es muy dificil, pero en las condiciones que explicas, lo siento amigo, en esas condiciones, es IMPOSIBLE.

Solo queda pensar, que está la opcion libre de seguir, o no continuar una relación, dependiendo de la disponibilidad de cada uno, para COMPARTIR, todo aquello que entre dos, hombre y mujer, sea necesario.

MIL BESOS.

MARISA

Juani dijo...

Pues hay muchas mujeres que llevan la economía de la casa, y los maridos les dan todo el dinero y así consiguen llegar a fin de mes. Puede que no tanto últimamente pero antes era normal.

Anónimo dijo...

F. es una chica, una chica que ha compartido contigo una parte de tu vida, y que aunque no te vea, te sigue leyendo.
Un saludo.
P.D. Me gustaría saber tu opinión sobre temas de actualidad, además de los artículos que escribes sobre comic o cine.

Luis Campoy dijo...

¿"F." es una chica que conozco? Déjame adivinar... ¿Fadela? ¿Fuani? ¿Fami? ¿Fari Farmen? ¿Famparo? Fran seguro que no, que no quiere formar parte de mi vida. Todo ésto es broma, naturalmente, pues sé perfectamente quién eres, querida F. En cuanto a lo que me pides, sabes que lo hago de vez en cuando, voy alternando los mundos fantásticos del cine y el comic con la cruda realidad crispado/pancartista. Sigue atenta, por lo cual te doy las gracias anticipadas. Y un besito.

Francis dijo...

Hola Luis:

Solo un comentario muy corto a tu artículo sobre ecuatofeminismo:

Respecto a la existencia de machismo entre los inmigrantes que nos visitan, no hay duda que en sus países de origen el machismo es una lacra solidamente asentada. Pero estamos en un pais moderno, desarrollado e igualitario. Los emigrantes se deben adaptar a los cambios que obsevan en España sin menoscabo de sus propias tradiciones; para ellos debería ser una suerte poder integrarse en una sociedad como la nuestra.

Los dineros: Aquí el que trabaja administra sus ingresos; las esposas que, lamentablente, no disponga de ingresos pueden ayudar en la administracion pero no dirigirla. Las esposas que tengan ingresos, ellas deben administrarlos; en este último caso, los gastos comunes de las parejas se deben acometer con los ingresos de ámbos, de mutuo acuerdo. De perogrullo.

En cuanto a la pensión de alimentos. La asesora no tiene ni idea. Los jueces fijan las pensiones en relacion a los ingresos de las partes y a los convenios que se les presentan.

En cuanto a la comida: cada uno come lo que le gusta. Los niños comen solo lo que quieren y no se les puede imponer ningún alimento, ni ecuatoriano ni filipino. Lo del embudo esta mas que anticuado.

Y no desesperes con tus artículos. Yo solo leo algunos. De todos modos me parecen muy largos porque me gusta la cosas mas concretas. Pero debes escribirlos como quieras, faltaría más.

Luis Campoy dijo...

Reconozco que los artículos me salen un poco largos, pero es sólo porque quiero contar muchas cosas, analizar muchos puntos de vista, proporcionar muchos detalles. Prometo que algún día escribiré un post cortito. Ah, y gracias, tanto a Marisa como a Francis, por leer mi inacabable texto y proporcionarme comentarios no menos jugosos e interesantes.

Luis Campoy dijo...

Por cierto, F., ¿leíste mi artículo del martes 6 de Marzo, titulado "¿Hacia dónde va España?"?. Ahí sí había bastante reflexión político social, como pronto volverá a haber por aquí

Isa dijo...

Aquí otra que se lee tus artículos enteritos, y me encantan todos, aunque especialmente los de cine y actualidad (no futbolística, eso sí).

Y bueno, que en todas partes cuecen habas, pero se que hay mujeres independientes (y ahora mismo pienso en una) que ganan su buen sueldo y aún así únicamente se compran sus caprichos con el dinero de su pareja/novio. Y que incluso habiendo cortado con dicha pareja tienen el santo morro de pedirle dinero para irse de viaje con sus amigas. Y él es lo suficientemente tonto como para pagárselo claro.

Bueno, esto es un caso real que me resultó especialmente descarado, pero habrá más. Igual que hay chicas, novias o esposas, que prefieren compartir gastos y están muy lejos de lo que sería una "mantenida".

¡Saludos! ^__^

Isa dijo...

Uy, releo lo que he puesto y esa última parte puede ser malinterpretada.
Hay "mantenidas" y "mantenidas", porque muchas mujeres no han tenido la suerte de encontrar un trabajo con el que poder ganar dinero para contribuir en la economía familiar (mujeres sin estudios o con ellos, o con dos carreras, como la que me trajo al mundo) y aún así son amas de casa administradoras de la economía.

Sólo quería dejar claro eso.

Ciao!

Anónimo dijo...

He leído todos artículos, algunos com mayor interés que otros, pero en general todos me han gustado.
Están muy elaborados (aunque no te ofendas, yo diría que demasiado) para l gente de a pie, en cualquier caso, me gustan.
Ah, como te has enterado de lo del nº 4?
Un beso.
F.

Anónimo dijo...

Lo siento, vuelvo a leer mi comentario y veo la cantidad de fatas que he tenido. Tengo de decir en mi defensa que estoy trabajando y no me puedo entretener mucho.
Un beso.
F.

Eugenia dijo...

El artículo es mas que lamentable, supongo que por la convivencia, o
mala convivencia con tu amiga ecuatoriana.

En el primer mundo tenemos los mismos derechos en papel, y no hace tanto
tiempo, en el diario no, solo hay que ver un poco la tele o leer algún
periódico o hablar con alguna mujer que otra: menos sueldo, ya se que en
tu empresa no, maltrato, tu no, menos puestos de responsabilidad. Aun,
en las empresas, se valora mas al hombre con hijos, es menos
conflictivo, las mujeres con hijos son un problema y la que asciende es
a costa de su vida familiar, sobretodo renuncian a la maternidad. En los
últimos estudios sobre trabajo se hablan que las mujeres están ya
ascendiendo a determinados puestos debido a su cambios de hábitos de vida.
¿A que no sabes que el voto a escala federal en Suiza no se consiguió
hasta 1971?, el comunal en 1957
Y si hablamos de España tendríamos para rato, todos los logros de la
segunda república se encargó el franquismo y la iglesia católica de
eliminarlos. Nuestra revolución sexual fue en los 70 y 80, más tarde que
el resto de Europa, y aquí tu si, tu te casastes virgen.

No se quien te ha contado eso de las asesorías, supongo que es fruto de
la interpretación de unas mujeres con poca cultura y que arriman el
ascuas a sus sardinas.
Probablemente les intenten explicar que la familia en España es como un
equipo, que todos aportan algo, trabajen fuera, y por lo tanto consigan
ingresos, como no. Que no hay que pedirle al marido dinero , mendigarle,
para comprar, que el dinero pertenece a la economía familiar, que su
nombre aparece en la cuenta del banco, y en muchos casos si que son
ellas la que administran, mas antes cuando pagaban los recibos, compras
y demás, ahora todo está domiciliado, como son las que limpian las
casas, cuidan de hijos, y demás cosas domesticas, cuando no trabajan
fuera de casa (en muchos sitios aun trabajando fuera), pero es una
administración de diario, para grandes compras lo deciden juntos.
Y eso de compartirlo todo nunca lo he entendido. El trabajo no realiza a
nadie, propaganda capitalista, es una necesidad, que importa quien
trabaje. Una familia necesita dinero y si es suficiente con uno que
trabaje mejor, así tendran mas tiempo libre todos, porque el otro
realizará labores domesticas. No es necesario que todos freguemos 4
veces, barras 3, compres 8 y cocines 10. Hay que hacer una serie de
tareas y se hacen y posiblemente habrá hasta una especialización.
Hay parejas que separan todas sus cosas, y ponen una parte de su sueldo
para compartir gastos. Yo siempre me he preguntado que si uno gana menos
que el otro y por lo que sea no le queda dinero para ir a cenar o al
cine ¿el otro que hace?:
-se va solo
-le presta el dinero
-lo invita
-otra cosa

Las pensiones alimenticias van por barrios, unas buenas y otras malas,
otras no se pagan, y ya se que tu no.

Estas mujeres vienen de unas sociedades distintas, socialmente
desfavorecidas, con un nivel cultural por los suelos, analfabetas
sociales y culturales.
Yo trabajo en la Universidad y te puedo asegurar que las extranjeras
sudamericanas que vienen a estudiar no vienen con esas intenciones,
vienen a formarse, a mejorar, algunas a quedarse buscando mejores
condiciones, otras buscan posgrados de calidad para continuar en sus
países y mejorarlos.
Las inmigrantes de las que tu hablas no han conocido mucho más, la vida
sin un hombre no es vida, claro que los hombres a los que tienen acceso
son como ellas, terminan cargadas de hijos de distintos padres que no se
preocupan por nada, con un mal trabajo que solo les llega para
sobrevivir, ni para malvivir. Tienen que mantener a familias que han
dejado en sus países, por suerte los que se quedan no necesitan mucho.
El hambre es muy mala y hacen lo que sea para salir adelante
A nosotras, las europeas, nos hacen mucho daño, su comportamiento nos
quita camino andado, solo hay que ver la cantidad de hombres que se han
casado o juntado con ellas, no sucede lo mismo al contrario pocos
hombres sudamericanos veras con españolas. Son melosas, no preguntan
nada si tiene las necesidades y la de los suyos cubiertas, es una mejora.
A nosotras nos corresponde enseñarle una nueva vida, que las mujeres no
necesitan un hombre que las mantenga, que las cuide, y todo eso. Pero
necesitan formación y educación. Como la necesitamos nosotras.
Yo se, todas sabemos, que los hombres españoles aún no han asimilado la
igualdad, esperaba que algunos nos ayudaran en esto, con nuestras
compañeras. Muchos de ellos buscan mujeres mas sumisas o que se
conformen con menos. Siguen sin querer compañeras.
Lamentablemente, no todos nuestros hombres están a la altura de las
circunstancias, ni nosotras siempre, que criticamos con mucha facilidad
en lugar de ayudar.

*Lee El Niño Yuntero de Miguel Hérnandez, lo explica mejor que yo*

Luis Campoy dijo...

Joder, Eugenia, me has dejado anonadado con la longitud de tu comentario. La pena es que empiece diciendo "Tu artículo es más que lamentable"; no sé si te refieres a que el tema de que trata es triste o deprimente o a que lo que resulta patética es la calidad literaria del texto (por Dios, espero que no sea ésto último).