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martes, 13 de febrero de 2007

Eto'o es Hollywood


Los seguidores del F.C. Barcelona estaban (estábamos) hasta ahora tranquilos pensando que en el club de nuestros amores jamás existirían problemas de vestuario como los que tanto se han publicitado en el seno del equipo rival (¿hace falta que insulte vuestra inteligencia explicando aquí y ahora quién es el eterno rival del Barça?). Lo cierto es que escándalos como los como los que tenían por protagonistas a Ronaldo, Beckham, Cassano, Guti y el propio presidente Calderón (a quien más de un culé ha propuesto nombrar Hijo Predilecto del Barcelona… por lo mucho que su pésima gestión en la Casa Blanca está haciendo disfrutar a cierto sector del barcelonismo) nos parecían impensables en el club que dirige Joan Laporta… hasta que, hace pocas horas, el delantero camerunés Samuel Eto’o ha destapado la caja de los truenos.

Todo había empezado el domingo, hacia el final del partido contra el Racing de Santander, y de la forma más tonta posible. Eto’o, que recién empezaba a salir de una terrible lesión que desde septiembre le había mantenido alejado de los terrenos de juego, había confesado a sus allegados que esperaba jugar al menos 20 minutos contra el Racing. Sin embargo, el camerunés se quedó con tres palmos de narices cuando el también recuperado Leo Messi saltaba al campo al llamado de Rijkaard… y a él ni siquiera le mandaban a calentar. Es sabido que tras una lesión como la padecida por Eto’o no se encuentra uno recuperado de la noche a la mañana, y, de hecho, antes de someterse a un esfuerzo físico hay que realizar al menos un cuarto de hora de ejercicios de calentamiento. El delantero africano empezó a calentarse por dentro lo que no le dejaban calentar por fuera, y, cuando, a falta de menos de cinco minutos para finalizar el encuentro, el técnico le mandó entrar al campo, el impulsivo negrito dijo algo así como que saliese a jugar la purísima madre de Rijkaard, que él, para jugar cuatro minutos de mierda, no se molestaba en quitarse el chándal.

Este tipo de cosas son harto frecuentes en todos los estadios y en todos los partidos: cada club dispone de una plantilla de más de veinte hombres, pero se alinean once cada domingo. Todos quisieran jugar, pero algunos deben estar mentalizados para asumir su ostracismo. Evidentemente, en el caso de Samuel Eto’o se juntaron diferentes factores (su hirviente sangre africana, su hambre de juego y de gol, los cinco meses de parón y la pésima trayectoria goleadora de sus compañeros azulgrana, que él pretendía enmendar), pero eso no me parece excusa para quien, por mucho que cobre y por muchos tantos que marque, no deja de ser un pupilo en manos de un maestro, un soldado bajo el mando de un general. Eto’o debe jugar cuando el entrenador se lo ordena, y no jugar si el técnico no lo considera oportuno, y ha ser sancionado por tamaño acto de indisciplina. Claro que lo que sucedió después tampoco contribuyó a tapar el asunto. Primero, el otrora templado e impasible Rijkaard (que hace unas semanas la emprendió a hos… a puñetazos contra la marquesina del banquillo del Español), cuando se presentó en la rueda de prensa posterior al partido, pasó de hablar del regreso de Messi o de los 2 (dos) goles de Ronaldinho, y criticó públicamente al desobediente león africano. Por su parte, en otra salida de tono bastante poco afortunada, el presidente Laporta justificó el comportamiento de Eto’o, con lo que, indirectamente, estaba quitándole la razón al entrenador. Personalmente, repruebo la postura del jugador y apruebo la del técnico, que, por muy impasible que aparente ser, también debió sentirse jodido y disgustado cuando “su” futbolista le avergonzó públicamente al no acatar su autoridad.

Las cosas podían haberse quedado ahí y solucionarse pacíficamente entre bastidores… pero, este mediodía, Eto’o ha optado por pasar al contraataque y marcarle un gol por la escuadra a los directivos barcelonistas. El muchacho, que, además de un delantero dotado de un envidiable poderío físico y una extraordinaria puntería, es un bocazas de aquí te espero, ha vuelto a liarla como hizo hace un par de temporadas cuando cantó en riguroso directo su megahit titulado “Madrid, cabrón, saluda al Campeón”. Samuel, Samuelito, Samuelete ha llamado “mala persona” a su entrenador por reprenderle en público, y le ha recordado las veces que se ha entrenado con sus compañeros a pesar de haber estado lesionado. Pero ésto sólo ha sido el principio. Según Eto’o, existe una especia de guerra secreta entre dos bandos opuestos que tratan de controlar el poder futbolístico azulgrana. Por un lado, estarían los adictos al actual presidente, mientras que del otro bando se hallarían los que aún profesan inconfesable pleitesía al ex-vicepresidente Sandro Rosell, obligado a dimitir el año pasado a causa de su oposición a su antiguo amigo Laporta. Obviamente, Eto’o está en el bando “laportista”, mientras que futbolistas como Ronaldinho o Deco militarían en el frente “rosellista”. De Sandro Rosell, Eto’o ha dicho que “cuando era su jefe ni siquiera le saludaba”, pero que ahora disfruta hablando mal de él en público, y le ha retado a que “si tiene huevos” diga que ésto es mentira. Ni siquiera Ronaldinho se ha librado de las iras del camerunés, ya que el de los piños monumentales tuvo la ocurrencia de decir que “un jugador debe pensar no en uno mismo sino en el grupo” (por lo cual, Eto’o debió acatar las órdenes de Rijkaard), a lo que Samuel ha respondido que el primero que tuvo que pensar en el grupo fue Ronaldinho (como ya he dicho, supuestamente adicto a Rosell, y, por tanto, “enemigo” del africano) y no dejar en mal lugar a un compañero.

Las cosas se han puesto bastante feas en el seno del vestuario de un Barcelona que en muy pocas semanas se la juega a todos los niveles; no sólo tiene que mantener el liderato en la Liga, sino que debe continuar su andadura en la Champions y, por si fuera poco, ha de intentar darle la vuelta al resultado en contra que el Zaragoza cosechó en la Copa del Rey. Eto’o, con razón o sin ella, debió morderse la lengua antes de descubrir al eterno rival el exceso de humanidad que también existe en el vigente Campeón del principal torneo futbolístico español. Ahora es cuando más unidos hay que estar, y por éso, sea verdad o no lo sea, jamás debió salir a la luz pública la supuesta guerra civil que se ha desatado en Can Barça. Esperemos que todavía estemos a tiempo de atajar la crisis y apaciguar (todos) los ánimos para que, hermanados por el fútbol a pesar de las ideologías de algunos, los culés podamos disfrutar una vez más del triunfo deportivo del que tal vez no es “més que un club”… pero sí, indudablemente, el club de nuestros amores.

1 comentario :

Anónimo dijo...

Pues mira, ayer Emerson no quiso jugar y nadie dice nada. Como es del Madrid...