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martes, 30 de enero de 2007

Cine: mi comentario sobre "ROCKY BALBOA"



Han tenido que pasar 30 años desde el estreno del primer “Rocky” para que muchos se den cuenta de que Sylvester Stallone no es un mal tipo. Al igual que, por ejemplo, John Wayne, se trata de un actor de limitado repertorio gesticular, experto en interpretar una y otra vez el mismo papel (o sea, interpretarse a sí mismo), y siempre o casi siempre adscrito a cierta ideología reaccionaria o, como mínimo, conservadora. Ambos (Wayne y Stallone) flirtearon alguna que otra vez con la dirección (muchas más veces S.S. que J.W.), y los dos han sido, en algunos momentos de su carrera (Wayne durante mucho más tiempo), los actores favoritos de América. La gran diferencia es que, mientras John tuvo la fortuna de trabajar a las órdenes de los mejores directores de su tiempo (John Ford, Howard Hawks, Henry Hathaway), a Sylvester, por lo general, le han tocado simples artesanos del montón, junto a los cuales ha configurado una carrera en la que, básicamente, se ha limitado a lucir sus músculos. No es extraño que ningún crítico le haya tomado en serio, ni en su faceta de actor, ni en la de director y ni siquiera en la de guionista (que le deparó el Oscar por su guión para “Rocky”).

Desde el último gran éxito de Sylvester Stallone han pasado más años de los que puedo recordar, y la recaudación de las últimas películas con las que logró cierta repercusión comercial (“Máximo Riesgo” en 1993 y “Daylight, Pánico en el Túnel” en 1996) no pudo siquiera compararse a las cosechadas por sus “Rockys”, sus “Rambos” y su “Cobra”. No es del todo extraño que, ya en el ocaso no sólo de su carrera sino en el de su propia vida (acaba de cumplir 60 años), haya querido recuperar parte del crédito perdido entre sus fans, no sé muy bien si como colofón o broche final a su trayectoria o como un intento desesperado de reverdecer viejos laureles, ¿y qué mejor vehículo para hacerlo que meterse de nuevo en la piel del boxeador al que había dado vida en cinco ocasiones?

“Rocky Balboa” (o “Rocky VI”, sí lo preferís) es a “Rocky” lo mismo que la reciente “Superman Returns” es a “Superman” (1978): se trata, lógicamente, de una secuela, de una continuación, pero, durante gran parte de su metraje, uno tiene la sensación de que, al mismo tiempo, es un remake, una nueva versión. En su calidad de “padre de la criatura” (como dije anteriormente, a pesar de que no dirigió la primera entrega, de la que se ocupó John G. Avildsen, sí es cierto que fue el creador “literario” del personaje y el realizador de cuatro de sus cinco continuaciones), Stallone se permite no sólo contarnos la lógica decrepitud del ex-boxeador, sino también su renacimiento, o quizás, su rejuvenecimiento. La esposa de Rocky, Adrian (a la que siempre había encarnado Talia Shire, que esta vez no estaba por la labor) ha fallecido, y el viudo púgil, de un modo tan estúpido como hace 30 años, inicia un nuevo romance al mismo tiempo que descubre dentro de sí mismo una llama que creía apagada: no importa que haya triunfado en los negocios, no le basta con que la gente le respete… él es un boxeador y no un empresario ni un ídolo de multitudes, y no puede resistirse a la (pen)última llamada del cuadrilátero. Para narrarnos tan elemental historia, Stallone no duda en recuperar a varios de los actores veteranos de la saga (Burt Young, Bill Duke), cosa que me parece lógica y normal, e incluso revisitar la mayoría de los escenarios en los que se rodaron las secuencias más populares de sus viejas películas, sino que (a pesar de que ya no tiene 30 ni 40… sino 60 primaveras) pretende convencernos de que su forma física es prácticamente la misma de entonces. Nuevamente vuelve a trotar junto a su perro (a los sones de la música habitual, una vez más clonada sin pudor por el venerable Bill Conti), nuevamente vuelve a subir las escaleras del Ayuntamiento de Filadelfia sin apenas cansarse y nuevamente se enfrenta al campeón de los pesos pesados (de raza negra, of course), a pesar de que, en teoría, lo tiene todo perdido de antemano. El resultado del combate no os lo voy a contar aquí y ahora, pero ¿no he dicho más arriba que “Rocky VI” es casi un “remake” de “Rocky”…?.

Interpretada con innegable habilidad por un Sylvester Stallone tierno y campechano, que sabe ganarse el cariño de la audiencia desde su primera aparición en escena, “Rocky Balboa” está repleta de convencionalismos y sus diálogos tienen de originales lo que yo de rico… pero hay que reconocer que funciona. En ningún momento trata de parecer una obra maestra, nunca (a pesar de lo que he leído por ahí) pretender ser “la película definitiva sobre el boxeo”, y, por el contrario, tiene la virtud de saber narrar con sencillez (tanto argumental como estética) la historia de una persona humilde para quien la fama es sólo la consecuencia indirecta de haber podido realizar su sueño. En cuanto a si el mismo hecho de que la celebración de un combate de boxeo entre el campeón del mundo y un pobre sexagenario pueda parecernos poco menos que increíble… mejor dejémoslo para otra ocasión, ¿vale?. Ahora prefiero decir que, en el crepúsculo de su carrera, me he dado cuenta de que me cae bien Sylvester Stallone.
Luis Campoy
Calificación: 7 (sobre 10)

1 comentario :

Eduardo Alvarez Consul dijo...

El personaje de Rocky Balboa lo sacaron,porque desde los tiempos de Rocky Marciano no ha habido un boxeador americano de raza blanca que consiga ser Campeon del Mundo de Peso Pesado .
Por cierto Sylvester Stallone fue nominado a mejor actor y mejor guionista pero no gano ninguna de las dos estatuillas aunque lo lanzo al estrellato ,y el personaje de Rocky Balboa ademas de inspirarse en Rocky Marciano se inspiro en Chuck Wepner ,un pugil segunda serie que en 1975 ,fue aspirante al Campeonato Mundial de Peso Pesado Unificado perdiendo por KO en el quinceavo asalto ,entonces las peleas por titulos mundiales y continentales estaban pactadas a quince asaltos .