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miércoles, 20 de diciembre de 2006

Comienzan los encuentros

Esta mañana, mientras degustaba (en la medida en que uno puede degustar algo cuando lo hace vertiginosa y precipitadamente) mi imprescindible café con leche jalonado de tostadas, he recordado el comentario que hace unos días me dejó un buen amigo: “Prefiero desayunarme leyendo acerca del proceso de paz que no acerca de que ETA ha vuelto a matar”.

Esta mañana, he desayunado leyendo lo mismo que horas antes ya había escuchado en la radio (en la Cadena SER, como casi siempre): el Gobierno de España y Zapatero se reunió “formalmente” la pasada semana con representantes de ETA. Se trata del primer contacto oficial y tuvo lugar en “algún país europeo” (o sea, igual en España que en Francia, en Italia, o incluso en Turquía).

Ahora entiendo (todos entendemos) por qué, repentinamente, Zapatero ha citado a Rajoy para “suavizar las tensiones” y “recuperar las buenas relaciones”; esta misma semana el Presidente del Gobierno y el líder de la Oposición se verán las caras. La cara lampiña de ZP mirará a la cara barbuda de MR… pero no sólo se tratará de un educado encuentro entre caballeros derivado de exquisitas normas de cortesía. Yo me temo que alguien del Gobierno filtró la noticia de la cita (no sé si a ciegas) entre los dirigentes españoles y los jerifaltes encapuchados y, antes de ser descubierto en un grave y flagrante atentado contra la filosofía y la misma razón de ser del Pacto Antiterrorista, don José Luis ha optado por invitar a cava y polvorones a su principal rival político.

Mi opinión continúa siendo la misma de siempre: estoy por el diálogo, apoyo la negociación y jamás, jamás, aprobaré el uso constitucional de la violencia. Incluso los terroristas se merecen que alguien se siente a platicar con ellos… siempre y cuando las condiciones sean las que deben ser. Y me temo que, precisamente después de que en las últimas semanas se haya recrudecido exponencialmente el fenómeno conocido como “kale borroka” (en muchas ciudades del País Vasco la violencia callejera derivada del peor uso posible de la libertad de pensamiento no para de crecer y crecer), las presentes condiciones no son las más adecuadas para dialogar. Asímismo, no hay que olvidar que los chicos de Batasuna y sociedades afines no han desperdiciado ninguna ocasión que se les ha venido presentando para anunciar que el tan cacareado proceso de paz estaba más muerto que vivo… y, last but not least (“lo último, pero no lo menos importante”, que dirían el Príncipe Carlos o Paul McCartney en su lengua vernácula), ¿qué pasa con el enorme y muy amenazador arsenal que ETA conserva y que, según todo apunta, sigue incrementando?.

Me parece que el Gobierno de España y Zapatero no está haciendo las cosas bien, a pesar de que, como digo, en teoría yo mismo soy partidario del diálogo, incluso con ETA. Pero no ahora. No de esta manera. No sin esperar a que los terroristas entreguen las armas, sin haberles exigido que cese completamente la kale borroka y sin contar para nada con la sociedad ni con las otras fuerzas políticas.

Espero que os haya sentado bien el desayuno a quienes habéis leído esta mañana que ETA sigue prefiriendo negociar y no matar… pero yo hubiera deseado que las cosas se hicieran de una forma más sensata, responsable y transparente.

martes, 19 de diciembre de 2006

"Los animales de dos en dos, ua, ua..."

Ni “Noche de paz”, ni “Jingle Bells” ni “La marimorena”. La melodía más escuchada en estos días pre-navideños está siendo la banda sonora del anuncio de un coche: el Seat Altea. Mis hijos la tararean constantemente y a todas horas. Por si no sabéis a qué me refiero, más abajo os adjunto un enlace para poder acceder a esta pequeña maravilla, que no sólo está fantásticamente realizada sino que ciertamente ha sabido escoger una melodía notablemente pegadiza.

Al respecto de la música de este anuncio, quiero refrescar vuestras memorias, y, por si alguno no lo sabe, os revelaré que los muñecos de este spot desfilan a los mismos sones que lo hacían los soldados nordistas durante la Guerra Civil… (norte)americana. Sí, esta melodía se llama “When Johnny comes marching home” (“Cuando Johnny regresa marchando a casa”) y la silbaban o tarareaban los militares que defendían los intereses del Norte abolicionista que marchaban al encuentro de sus rivales, los defensores del Sur esclavista. La hemos escuchado en miles de ocasiones, en películas protagonizadas por John Wayne o Clint Eastwood, y su pegadiza sintonía viene siendo recurrente cada vez que se trata de reflejar la marcialidad de determinados personajes. Recuerdo que aparecía en la banda sonora de “Jungla de Cristal 3: La venganza”, y, concretamente, la versión que se ha utilizado para la publicidad del Seat Altea se ha importado de la que aparecía en el film de animación “Antz (‘Hormigaz’)”, arreglada por el músico Harry Gregson-Williams; ya allí ya se sustituía la letra original por otra que hablaba de que las hormigas marchaban "de dos en dos”.

Por lo que respecta al aspecto puramente visual, por ahí he leído que los movimientos de ositos, cerditos, monos, jirafas y demás bichos se ha conseguido mezclando métodos tradicionales con modernas técnicas de animación digital. El resultado es impactante, con inequívocas reminiscencias de películas como “Toy Story (1 & 2)” y “Pequeños Guerreros”.

No sé si se venderán muchos coches de esta gama, pero de verdad que dan ganas de ir corriendo a comprárselo para convertir su maletero en hiperpoblada arca de Noé….

martes, 12 de diciembre de 2006

Cine: Mi comentario sobre "HAPPY FEET"

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“Happy Feet” (cielos, nuevamente un título inglés que no se traduce a nuestro idioma… y no creo que sea porque “Pies felices” sea menos bobo que el original) pasa por ser una de las películas más esperadas de estas Navidades, y nuevamente se trata de un film de animación. Hace poco me quejaba amargamente de la desmesurada proliferación de esta clase de productos, y de aquí hasta final de año a los pobres padres cinéfilos que tenemos niños también cinéfilos aún nos quedan por afrontar otro puñado de “desafíos animados” como “Ratónpolis”, “Arthur y los Minimoys” y alguna que otra más de cuyo nombre no quiero acordarme. Por lo que respecta a “Happy Feet”, seguramente ninguna otra de sus pasadas o presentes competidoras podrá igualar sus irreprochables logros técnicos. Pero seguramente sí serán bastante más divertidas.

Mumble, alias “Pies felices”, es un pingüino emperador al que la vida le ha jugado una mala pasada. No sólo su físico es ligeramente diferente, menos “imperial” que el de sus padres y amigos, sino que su garganta no emite los gorgoritos de oro que caracterizan (no sé si sólo en la ficción) a estos simpáticos palmípedos eternamente ataviados con smoking. A pesar de que, cuando canta, todo bicho viviente en cien kilómetros a la redonda hubiera deseado haber nacido sordo, Mumble posée un don que le hace único: sabe bailar. De hecho, baila tan bien que ya quisieran Fred Astaire y Gene Kelly haber nacido pingüinos. Sin embargo, por ser “diferente”, por ser un “bicho raro”, la comunidad e incluso su padre reniegan de él y Mumble tendrá que marcharse y emprender el inevitable viaje hacia la búsqueda y la aceptación de sí mismo…

Este es el esquema argumental de “Happy Feet”, y, de verdad, que, a este respecto, hay muy poco más que decir. El guión parece ser no otra cosa que una excusa para que los animadores se luzcan, y, por otra parte, ni los chistes son demasiado graciosos ni la consabida moraleja en favor de la tolerancia y el respeto está resuelta con la solvencia que uno esperaba. Asímismo, hay que constatar que la introducción de unas doscientas mil canciones (más o menos) no ayuda demasiado a que la historia progrese, sino tan sólo a que en torno a ellas se ejecuten deslumbrantes coreografías. Uno no puede evitar pensar en “Moulin Rouge”, y el dato de que la protagonista de aquel film, Nicole Kidman, preste su voz a la madre de Mumble, no hace sino confirmar la sensación de que, musicalmente, se ha tratado de repetir el éxito de aquella banda sonora… cosa que, ciertamente, sí se ha conseguido. Las adaptaciones musicales (de temas originales de un abanico de artistas que va desde Stevie Wonder a los Gipsy Kings, pasando por Prince o Queen) son, casi todas, sensacionales, con mención especial a los actores que se destapan como cantantes: Robin Williams, la citada Nicole Kidman, Hugh Jackman y, especialmente, una increíble Brittany Murphy, cuyas cuerdas vocales dan vida a Gloria, la pingüina enamorada de Mumble.

Pero es en el terreno de la animación donde se hallan los verdaderos alicientes para acudir a ver “Happy Feet”. No sé cómo describir la perfección técnica que se ha logrado para esta película, dirigida por un veterano George Miller que no sólo realizó en su Australia natal la mítica (e hiperviolenta) trilogía de “Mad Max”, sino también un sensacional drama como “El aceite de la vida” y fue, asímismo, máximo responsable de las dos películas sobre el simpático cerdito Babe (produjo la primera y dirigió la segunda), que ya anticipaban algunos de los logros visuales de “Happy Feet”. El equipo comandado por Miller ha conseguido lo que nadie había logrado antes: “fabricar” un (falso) documental en el que los animales parecen haber sido adiestrados para actuar, cantar y bailar. El efecto es tan alucinantemente creíble que mi hijo, de 8 años, estaba empeñado en que “ésa película no era de dibujos”.

Incuestionablemente, “Happy Feet” no es una película del montón. A pesar de que su moralina parece haber sido sacada de un mercadillo, a pesar de que sus diálogos merecerían haber sido retocados y pulidos antes de haber sido grabados… los movimientos de cámara, la imaginativa planificación de George Miller y la extraordinaria habilidad de los animadores (ayudados, claro está, por lo mejorcito y más potente de la plana mayor de los ordenadores de Hollywood) convierten una historia bastante sosa en un hito poco menos que histórico.

No puedo decir nada más: tal vez no sea la película de animación más animada que he visto este año (sigo pensando que “Ice Age 2”, “Colegas en el bosque” o, sobre todo, “Cars” constituyen entretenimientos mucho más… entretenidos), pero sí es la mejor realizada, la mejor acabada, la única que parece… real.


Luis Campoy
Calificación: 7,5 (sobre 10)