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miércoles, 11 de octubre de 2006

Bono & Aragonés


Unidos por los avatares de la actualidad, los nombres de José Bono y Luis Aragonés se enlazan en mi mente para escribir este pequeño artículo en el que pretendo ejemplarizar sobre lo diferentes que pueden resultar las personas en función de sus decisiones y sus elecciones.

Por un lado, el político, tenemos a José Bono, para mí el más carismático de los miembros del primer gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Famoso por su patriotismo y su religiosidad (tal vez impropias de un hombre de izquierdas… ¿o no tanto?), Bono dimitió poco antes de aprobarse el polémico Estatut de Cataluña, alegando motivos personales y familiares, si bien todo el mundo pensó que en realidad se marchaba porque sus discrepancias con la política de su propio partido eran tan insalvables que sólo su retirada podría preservar su honorabilidad. Pues bien, seis meses después, a Zapatero se le ha ocurrido la sensacional idea de proponerle un regreso a bombo y platillo para hacerse cargo de la Alcaldía de Madrid, de la cual en teoría es complicado descabalgar a Alberto Ruiz Gallardón, para mí (y supongo que para muchos otros) la personalidad más brillante de la galaxia del Partido Popular. Bono primero adelantó que su respuesta iba a ser una negativa sin paliativos, aunque al cabo de unos días se dejaba querer e insinuaba que “a nadie le amarga un dulce”, aunque su (pen)último vaivén le ha escorado, parece que definitivamente, hacia el más rotundo “no”. O sea, le ha dado a Zapatero la espalda y no el espaldarazo. Y a mí me parece lógico y consecuente, al fin y al cabo Bono afirmó que colgaba las botas (y las medallas) del ministerio para dedicarse a la vida familiar y contemplativa.

De uno que no quiere volver… a uno que no quiere irse. Lo de Luis Aragonés al frente de la Selección absoluta de fútbol es ya casi surrealisra, tanto como lo fue anteriormente con Iñaki Sáez o el propio Javier Clemente. ¿Qué razón argumenta Aragonés para aferrarse a un cargo en el que ha fracasado estrepitosamente? ¿Que aún tiene confianza en su proyecto futbolístico? Por amor de Dios, ¿qué proyecto? Los propios jugadores lo dicen a escondidas: la Selección es un caos y les falta verdadera motivación. En el fondo, tampoco la culpa es enteramente del llamado “Sabio de Hortaleza”. En primer lugar, ya va siendo hora de que termine el ciclo de quien le nombró y le mantiene en el cargo, un Angel María Villar cuyo mandato dura demasiado y será recordado no precisamente por los éxitos deportivos y sí por la frustración y la dudosa claridad de su financiación. Pero no nos olvidemos de los jugadores. Tal vez sea por lo poco que significa ya el color de una bandera o el nombre de una patria, pero los mismos hombres que por el club que tanto y tan bien les paga se dejan la piel los domingos en el campo, cuando llegan a la Selección parecen repentinamente vacíos de ilusión, de ganas, de moral. Y ni siquiera las “vacaciones forzosas” a las que se ha sometido al madridista Raúl han solucionado o paliado el problema.

Tachadme si lo deseáis de derrotista o incluso de antiespañol, pero, sinceramente, me gustaría que esta noche la Selección de Argentina vapuleara de lo lindo a la nuestra, a ver si así el Sabio de Hortaleza colgaba sus casi septuagenarias botas y se dedicaba, por ejemplo, al cultivo de las… hortalizas (perdonad el chiste fácil, no he podido resistirme). Y si, con él, se va también el amigo Villar y unos cuantos de los “ilustres” seleccionados españoles, mejor que mejor. (Y muchas suerte y mucho cuidado para Miguel Angel Lotina, que parece va camino de ser el próximo en encargarse de seleccionar y aleccionar a “la Roja”).

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