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sábado, 16 de septiembre de 2006

Cine: Mi comentario sobre "ALATRISTE"

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“¿Qué es ser español?”, le preguntaron recientemente a Viggo Mortensen, protagonista de “Alatriste”. “Ser español es saber perder”, contestó inmediatamente el actor.

El Capitán Alatriste, tal como lo ven Arturo Pérez-Reverte (creador literario del personaje) y Agustín Díaz-Yanes (director de la película) no es un héroe. Tampoco es un villano. Es, sencillamente, un hombre de su tiempo, un soldado sin fortuna que de capitán tiene tan sólo el apodo, un hombre de guerra que no sabe vivir en tiempos de paz. Por éso, en los tiempos muertos en que los Tercios españoles, a los que pertenece, no tienen campañas belicosas en las que participar, se ve obligado a vender o alquilar su espada al mejor postor. Aún así, tiene sus principios, sus dudas morales. No todas las personas deben ser asesinadas porque sí.

Tales escrúpulos morales condicionan gran parte de la existencia de Alatriste, según nos cuenta la película del mismo título. Estamos en pleno Siglo de Oro, cuando España era una primera potencia mundial (algo semejante a los Estados Unidos de la actualidad), y no tenía otro remedio que mantener su Imperio y su hegemonía en base a su poderío militar. Los Tercios españoles (a semejanza de los marines estadounidenses) estaban obligados a participar en constantes contiendas allá donde se producían altercados o levantamientos, y sus componentes estaban curtidos en mil batallas y sus cuerpos guardaban el recuerdo de mil cicatrices. Eran los tiempos de Felipe IV, monarca débil y mujeriego que prefirió, tal como solía ser costumbre en la época, ceder la mayoría de sus atribuciones en el casi omnipotente valido real, el Conde Duque de Olivares. Era la época en la que la Iglesia no se recataba de ostentar un desmedido poder político desde las sombras, concretado en la persona del terrible inquisidor Fray Emilio Bocanegra. Era la época en la que las letras y la pintura florecieron al amparo de la miseria y la violencia, y Quevedo y Góngora y Velázquez se hallaban en la cúspide de su talento.

El escritor cartagenero Arturo Pérez-Reverte creó con sorprendente habilidad y con un apabullante dominio del lenguaje coloquial empleado en nuestro Siglo de Oro toda una colección de novelas alrededor de la figura del espadachín Diego Alatriste y Tenorio. A la primera aventura del personaje se sucedieron otra y otra y otra, hasta un total de cinco libros publicados y dos más aún por editarse. Las ventas han sido tan buenas y las críticas tan unánimemente positivas que era cuestión de tiempo que se diera el salto al cine, tal y como ocurre en casi todas las partes del mundo. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede allende nuestras fronteras, los productores de “Alatriste”, la película, han adoptado una decisión que, a mi modesto entender, constituye el principal foco de problemas a la hora de evaluar el resultado final del film: refundir todos los libros, los ya escritos y los aún pendientes, en uno solo. De esta (cuestionable) decisión, se derivan dos tipos de limitaciones: una de ellas, presupuestaria, y la otra, literaria o argumental.

La Historia del Cine está repleta de “sagas”, es decir, conjuntos de películas que tienen en común un mismo elenco interpretativo, los mismos personajes o parecidas situaciones. El éxito de la primera de ellas genera una secuela, que normalmente se financia, al menos parcialmente, con los beneficios de la película anterior, y, a su vez, aspira a producir nuevos beneficios con los que se pondrá en marcha una nueva entrega de la serie, y así sucesivamente. Haber concentrado todas las aventuras de James Bond, de Harry Potter o de Superman (por poner tan sólo tres ejemplos de sagas que años y años en activo y aún continúan generando beneficios) en una sola película no sólo habría disparado los gastos de producción (no es lo mismo contar una historia que transcurre en dos o tres localizaciones, que hacerlo teniendo que contar con el triple o el cuádruple de escenarios), sino que habría impedido que sus respectivas productoras no sólo rentabilizaran sino multiplicaran la inversión inicial. Como consecuencia del citado déficit presupuestario, las escenas de batalla, aunque están mucho mejor resueltas que en la infame “Tirant Lo Blanc”, casi parecen partidos de baloncesto, ya que es notablemente evidente que… falta personal.

Pero aún más grave es la obligada concentración de los argumentos de siete libros en un solo film. Una de las impresiones que me causó “Alatriste” fue que me hallaba ante la visión de un resumen de los episodios de una serie de televisión. Fue como si, dividiendo los (más o menos) ciento cincuenta minutos que dura la película, le correspondiera a cada libro una duración aproximada de 35 minutos; así es como se van sucediendo las diferentes peripecias que acontecen a Alatriste y sus amigos y enemigos. Da la sensación de que no existe un argumento uniforme, sino tan sólo una colección de pequeñas (por lo breves) historias cuyo único nexo común es que en todas ellas aparece el hombre del bigotón y las botas descosidas, al que acompañan un conjunto de personajes ciertamente interesantísimos pero a los que no se les dedica el tiempo necesario, por lo que, lamentablemente, las estupendas interpretaciones de, por ejemplo, Javier Cámara (Conde Duque de Olivares), Juan Echanove (Francisco de Quevedo) y Eduardo Noriega (Conde de Guadalmedina) nunca llegan a brillar como hubieran brillado en caso de tratarse de un guión mejor construído. Por contra, ni Ariadna Gil ni, sobre todo, Blanca Portillo, me parecen las mejores elecciones para sus respectivos papeles, la primera porque su supuesta belleza parece que hay que sobreentenderla como el valor en los Tercios de Flandes, y la segunda porque, haciendo de hombre, su “Inquisidor Bocanegra” parece más ridículo que amenazador. Quienes también me gustaron bastante fueron Eduard Fernández, Antonio Dechent (¡qué pena que apenas tengan tiempo de esbozar lo que hubieran podido ser unas interesantísimas composiciones) y la pareja Unax Ugalde (Iñigo) / Elena Anaya (Angélica), a pesar de que son ellos quienes protagonizan uno de los momentos más indefendibles de toda la película, una escena de amor (¿?) absurda en la que la Anaya protagoniza un desnudo tan agradable de ver como argumentalmente innecesario.

En cuanto a Viggo Mortensen… chapeau. Sencillamente extraordinario. ¿Cómo podría haberse interpretado mejor el personaje de Alatriste? Mortensen le confiere una gallardía y una dignidad en los gestos que tan sólo sus ojos contrapuntean cuando es necesario. Fuerte y temido pero frágil, valiente pero desencantado, obediente pero capaz de cuestionar las órdenes cuando es necesario, sólo hace falta admirar su último encuentro con el Conde Duque de Olivares para calibrar el inmenso talento de Viggo Mortensen, que en su “Aragorn” de “El Señor de los Anillos” no tuvo ocasión de lucirse tan intensamente como lo hace ahora. Y sí, su voz no es precisamente baritonal y su dicción no es perfecta, pero ¿acaso es preciso que un espadachín del Siglo XVII hable con la voz de Constantino Romero?

A pesar de los reparos que he puesto a la construcción y estructura del guión, hay que decir que la dirección de Agustín Díaz Yanes (“Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”) es soberbia, con una planificación forjada en una sucesión de encuadres que rozan la perfección, unas ideas de puesta en escena que a veces llegan a deslumbrar y, sobre todo, una dirección de actores que casi siempre es sensacional. La fotografía (con esa escena inicial en las azuladas aguas de Flandes que te deja impactado desde el principio) es digna de ser nominada al Goya, cuando no al Oscar, y el diseño de producción es posiblemente el mejor que se ha visto en cualquier película española de estas características. Comentario aparte merece la banda sonora, compuesta por el jumillano Roque Baños, que ciertamente posee una gran calidad intrínseca y acompaña de maravilla a las imágenes… aunque, a poco que uno sea mínimamente conocedor de la música cinematográfica, de las “otras” músicas cinematográficas, sorprende comprobar que Baños ha “fusilado” sin piedad el trabajo de ilustres compositores como Basil Poledouris (las primeras notas de “Alatriste” no son sólo un plagio descaradísimo de “Conan el Bárbaro”… es que, joder, son exactamente las mismas notas), Hans Zimmer (nuevamente su celebérrima banda sonora para “Gladiator” recibe el ferviente “homenaje” de otro artista) e incluso el mismísimo Richard Wagner (el romance entre Iñigo y Angélica es hijo ilegítimo del de “Tristán e Isolda”).

No es la mejor película española de la Historia, y no sé si es la mejor película que podía haberse hecho a partir de los libros de Pérez Reverte, (que, como dije antes, se merecían adaptaciones individuales y por separado), pero “Alatriste” es una obra cinematográfica de primer orden, llena de belleza, de historia y de talento, que ilustra muy bien la época en la que se desarrolla y, como dijo Viggo Mortensen, explica a la perfección lo que implica (o implicaba) ser “español”. En la última escena del film (durante la cual se escucha una marcha de Semana Santa que no entiendo cómo pudo ser mantenida en el montaje final), cuando los últimos vestigios de los antaño invencibles Tercios de Flandes se ven abocados a la rendición o a la total aniquilación, la arrogante respuesta de Alatriste/Mortensen es toda una declaración de principios: “¿Rendirnos? Por favor, ¡somos un Tercio español!”. Una frase memorable para una película que simplemente creo que todos deberíamos ir a ver.


Luis Campoy
Calificación: 8,5 (sobre 10)

Victimas del Heavy Metal

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He vivido en Alhama de Murcia durante algo más de 5 años y todavía puede decirse que no me he ido del todo, ya que mis padres continúan residiendo en ese bonito pueblo que nace en las faldas de Sierra Espuña y debe gran parte de su apogeo industrial a la célebre factoría de ElPozo.

El lugar en donde ha estado mi casa durante estos últimos tiempos es, sin duda, uno de los más privilegiados enclaves de la Alhama urbana, en el centro estratégico de la localidad, flanqueado por el propio Ayuntamiento y frente al hermoso Jardín de la Cubana y el Auditorio Municipal.

Podría parecer que vivir en lugar semejante es sinónimo de prosperidad, una auténtica suerte, lo más parecido a un lujo. Y así es casi siempre. Casi.

El pasado sábado, 9 de septiembre, me despertaron de mi merecido descanso unos sonidos nada melódicos ni bucólicos. Había dormido en casa de mis padres y confiaba en seguir durmiendo durante un ratito más… cuando, de repente, una guitarra eléctrica estalló en mis tímpanos y me atacó directamente al corazón.

El Auditorio Municipal de Alhama acoge numerosos eventos lúdicos, folklóricos, cinematográficos y musicales, a priori podría pensarse que un pueblo con unas mínimas ambiciones culturales necesita fervientemente de un lugar así… pero tal vez alguien olvidó que quienes viven (vivimos) en los alrededores del Auditorio necesitamos, también, unas mínimas dosis de paz… un poquito de tranquilidad.

La paz y la tranquilidad son algunos de los antónimos aplicables al rock duro, el Heavy Metal en estado salvaje que durante más de 17 horas barrió y asoló el centro neurálgico de Alhama sin que los vecinos de la zona pudiéramos hacer otra cosa que ahogar nuestras penas en “ajo” y “agua”… o huir.

Me gustaría saber cuál es el mecanismo mental por el cual el concejal responsable (o, mejor dicho, irresponsable) del área alhameña de Cultura y Festejos consideró adecuado que un evento semejante, que no dudo resultaría muy gratificante para una mínima minoría de jóvenes propios y ajenos, supusiera un castigo acústico sin precedentes, no sólo para los “afortunados” vecinos que residen en el lugar más privilegiado del pueblo, sino también para los residentes en la Residencia de Ancianos que se halla a no más de 200 mts. del citado Auditorio Municipal.

¿Cuánto hace que no habéis asistido a un concierto de rock duro? Tal vez haga poco o haga mucho tiempo, o tal vez no os resulta agradable tal estilo de ¿música?, que en otros tiempos alternaba los temas marchosos y estridentes con hermosas baladas que hicieron historia. Nosotros, quienes vivimos junto o frente al Auditorio Municipal de Alhama de Murcia, simplemente no pudimos elegir si asistíamos o no a esta manifestación cultural que de cultural tiene lo que yo de guapo, de rico, de torero… o, ya puestos, de devoto del heavy metal.

No me interpretéis mal: me encanta la música, TODA la música, y en mi vasta colección de CD’s no faltan las obligadas recopilaciones de AC/DC, Iron Maiden, Scorpions, Metallica o Barón Rojo. Pero tan sólo durante la mañana del sábado, cuando los técnicos de sonido estaban de pruebas, pudimos escuchar varios temas de alguno de los grupos que acabo de citar. El resto del tiempo, los simpáticos heavymetaleros que ensayaban sus instrumentos se limitaron a acariciar nuestros oídos con redobles de batería que retumbaban como terremotos, acordes de guitarra que rasgaban el aire como rayos ultrasónicos y chillidos/berridos/aullidos que más parecían eructos bestiales que voces humanas.

El concierto propiamente dicho comenzaba a las 4 de la tarde, y yo y los míos decidimos que nuestra salud y nuestra cordura bien merecían una huída tan honrosa como necesaria. De todas formas, nadie puede huir eternamente y, cuando regresamos, el recital se hallaba en su punto álgido. Debían ser más o menos las siete, y, en vista (y sobre todo en oído) de que la “marcha” no decaía sino que iba en crescendo, no tuvimos otro remedio que acometer una nueva escapada… durante la cual, por las calles adyacentes, pudimos codearnos (en el sentido literal) con unos cuantos heavymetaleros vestidos rigurosamente según los cánones sagrados de la heavymetalería, ésto es: camiseta negra decorada con calaveras, esqueletos u otros motivos óseos; vaqueros desgastados; botas paramilitares; cadenas, pulseras y collares repletos de pinchos; y, en la mayoría de los casos, largas y espesas melenas bajo las que apenas se entreveían los ojos, narices y bocas de los adeptos a esta religión que, como dije anteriormente, sustituye muy frecuentemente los gorgoritos vocales por los eructos más gutulares.

Bromas aparte, y aunque lógicamente no tengo nada en contra de quienes hacen de la música heavy una auténtica forma de vida, sí lo tengo contra quienes anteponen el interés lúdico de una minoría a la supervivencia y la estabilidad mental de quienes, durante un día y una noche, pasamos de ser tranquilos ciudadanos alhameños… a convertirnos en víctimas del heavy metal.

viernes, 8 de septiembre de 2006

Cine: Mi comentario sobre "MONSTER HOUSE"

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Hace 2 años, un film de animación titulado “Polar Express” fue noticia a causa de su innovadora tecnología de última generación, que permitía capturar los movimientos de actores humanos y crear en un ordenador su réplica “dibujada”. Así, un omnipresente Tom Hanks (interpretaba a un agobiante elenco de personajes) campaba a sus anchas por aquella película dirigida por Robert Zemeckis (“Forrest Gump”, “Regreso al Futuro”), cuyo larguísimo proceso de producción devino un trabajo que no obtuvo ni de lejos la repercusión soñada.

Nuevamente es Robert Zemeckis quien, junto a Steven Spielberg, afronta la producción de esta “Monster House”, rodada según la misma tecnología de captura de movimiento… aunque con resultados no mucho más estimulantes. En primer lugar, no puedo ni quiero evitar proseguir con mi particular cruzada contra la utilización indiscriminada de los títulos originales de procedencia anglosajona. ¿Por qué “Monster House” y no “La Casa de los Monstruos” o, más acertadamente, “La Casa Monstruosa”? En segundo lugar, y éste es, sin duda, el aspecto más elogiable del film, hay que reseñar la insólita perfección técnica lograda por el nutrido equipo de animadores informáticos capitaneado por el director novel Gil Kenan. No es sólo que, como digo últimamente, las texturas de cabellos y pieles, elementos de atrezzo y vestuario hayan sido reproducidos con un realismo impresionante… “Monster House” se permite todo un alarde de virguerías cinematográficas que te deja estupefacto: travellings circulares de efecto desasosegante, complejos planos secuencia, movimientos de grúa de los que tanto gustan al productor Steven Spielberg… Todo un virtuosismo que merecía un soporte argumental algo más entretenido o, para el caso, más terrorífico.

Los protagonistas de “Monster House” son dos niños llamados DJ y “Croqueta”, quienes, con la ayuda de Jenny, una nueva amiga, se atreven a desafiar las ominosas amenazas del Sr. Nebbercracker, propietario y único (¿¿??) habitante de la vieja y lúgubre mansión que se alza al otro lado de la calle…

El inicio de “Monster House” es un obvio y clarísimo guiño al de “Forrest Gump”, que, como dije anteriormente, fue dirigida por Robert Zemeckis, aquí productor. En “Gump”, una pluma caía del cielo y revoloteaba en dirección a la Tierra, mientras que en “House”, se trata de una hoja de árbol. Otra referencia escandalosamente evidente es la caracterización del villano-pero-menos Nebbercracker, prácticamente un clon del Gollum de “El Señor de los Anillos”. Asímismo, no es difícil recoger referencias a otros títulos tan “spielbergianos” como “Los Goonies” o “Gremlins” o la mismísima “E.T.”, cuyo protagonista, Elliott, es un claro precedente del DJ de esta “Casa Monstruosa”.

En resumen: “Monster House” me parece una película ambiciosa y arriesgada que tan sólo triunfa plenamente en el aspecto técnico y estético, pero cuyo desarrollo argumental adolece de cierta indefinición y no consigue mantener el ritmo, ahogándose en numerosas lagunas que restan consistencia a algunas de sus espectaculares escenas climáticas, como el arranque siguiendo a la niña del triciclo (cita a “El Resplandor”) o la incursión en la casa monstruosa. En cualquier caso, merece la pena verla aunque sólo sea por su puesta en escena, cuya vocación terrorífica la hubiera hecho mucho más digna de estrenarse en las fechas próximas al Día de Todos los Santos (Halloween), época en la que hubiera obtenido un taquillaje y una difusión popular de los que ahora carecerá.

Luis Campoy
Calificación: 7,5 (sobre 10)

Cine: Mi comentario sobre "LA JOVEN DEL AGUA"

Free Image Hosting at www.ImageShack.usA pesar de que, de acuerdo con mi natural forma de ser, tolerante y respetuosa, más adelante matizaré este primer veredicto, lo primero que tengo que decir es que “La Joven del Agua” es una TONTERÍA.

El caso del director de origen hindú M. Night Shyamalan es bastante pintoresco dentro del actual panorama del cine norteamericano, versión hollywoodiense. Con su primer trabajo de amplia difusión, “El Sexto Sentido”, alcanzó la gloria incuestionable, o sea, unos ingresos impresionantes en taquilla y el unánime reconocimiento de la crítica. Apoyada en un correcto trabajo de sus dos principales estrellas, el hoy ya en declive Bruce Willis (que en aquel entonces aún estaba en su mejor momento) y el niño-casi-prodigio Haley Joel Osment, “El Sexto Sentido” supo renovar algunos de los esquemas del cine de terror para lograr unos resultados terroríficos de un modo clásico y elegante, renunciando, por ejemplo, a los habituales baños de sangre tan característicos del pseudo cine gore para adolescentes, reservando para el final del film una sorpresa mayúscula que, incluso a estas alturas, yo me niego a desvelar. Todavía su siguiente película, “El Protegido”, mantuvo a Shyamalan en la cresta de la ola, apostando nuevamente por la narración clásica y la elegancia visual. A continuación, nos regaló la algo más endeble “Señales”, que, a pesar de sus deficiencias, obtuvo un considerable éxito comercial, y, finalmente, la que hasta ahora era, según sus propias palabras, su película más personal, “El Bosque”, que fracasó comercial y artísticamente.

Prueba de que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, la quinta película de Shyamalan vuelve a apostar por una visión “personal” de la interrelación entre lo fantástico y lo cotidiano, con un resultado económico que podría definirse como patético y con la crítica especializada dividida entre los que continúan alabando el talento del realizador hindú y quienes piensan (pensamos) que “La Joven del Agua” no es sólo su peor película, sino simplemente un film decepcionante a todos los niveles, una mala película.

Cleveland Heep (Paul Giamatti) es el portero y encargado del mantenimiento de una urbanización residencial en la que existe una enorme piscina, en la cual aparece de pronto una extraña muchacha que parece recién salida de un cuento de hadas, un cuento que va haciéndose más real a cada momento que pasa y en el cual casi todos los habitantes de la urbanización y el propio Heep están llamados a tener un papel relevante…

¿Qué queréis que os diga? Durante los dos primeros tercios de película (más o menos la primera hora y pico) no dejé de removerme en la butaca, inquieto, aburrido, hastiado e incluso indignado. Sí, Paul Giamatti es un pedazo de actor, que representa como nadie al hombre común y corriente, al “don nadie” provisto de un corazón de oro (como ya pudimos ver en “Entre copas”, “American Splendor” o incluso “Cinderella Man”), la fascinante Bryce Dallas Howard (hija del director Ron Howard y que ya protagonizó “El Bosque”) no se queda atrás en cuanto a talento interpretativo, sobre todo dando vida a personajes inquietantes (miedo me da imaginar cómo resultará su composición de la dulcísima Gwen Stacy, novia del Hombre Araña en la inminente “Spider-Man 3”), y M. Night Shyamalan es único a la hora de crear ambientes opresivos y desasosegantes. Ahora bien, “La Joven del Agua” acumula un sinfín de despropósitos a nivel tanto narrativo como de puesta en escena. En primer lugar, el guión resulta un panfleto intragable, repleto de situaciones absurdas y diálogos horteras, y en ningún momento resulta creíble en su intento de convencernos de que la “sirena” Story (Howard) ha dado el salto desde el país de los cuentos hasta el terreno de la realidad, una realidad bastante irreal que remite por momentos a diversos films de Steven Spielberg, sin ir más lejos su criticadísimo (por lo ñoño) segmento incluído en el film de episodios “En los Límites de la Realidad”. Por si fuera poco, a la hora de planificar la mayoría de las secuencias del film, Shyamalan pretende ser posmoderno e innovador y emplaza la cámara en un punto en el que frecuentemente los personajes que dialogan entre ellos quedan fuera de cuadro; en otras ocasiones, miran directamente a cámara, lo que tal vez pretende crear un efecto “documentalista” o “realista” que jamás se consigue. También me parece una decisión equivocada la de visualizar a las criaturas supuestamente amenazadoras que acechan a Story, que hubieran resultado muchísimo más amenazadoras si tan sólo se hubiese sugerido su presencia, sin llegar a mostrarla de un modo tan poco satisfactorio como aparecen en el film (algo así sucedía ya con los marcianos de “Señales”). Además, el propio Shyamalan, como tiene por costumbre, aparece como actor, aunque en un papel mucho más largo de lo que es habitual en él, por lo que sus (nulas) capacidades interpretativas lastran aún más el discurrir de la película.

En resumen: toda una decepción, un fracaso artístico sin paliativos, del que sólo puede salvarse, como mucho, la última media hora, en la que el relato consigue despegar mínimamente, apoyado no en las imágenes, en los diálogos o en las interpretaciones de su reparto, sino tan sólo y únicamente en la estupenda banda sonora de James Newton Howard. Muy poco bagaje para un director que hace tan sólo 7 años parecía provisto de un talento capaz de destronar al mismísimo Steven Spielberg y que, en vista de sus reiterados fracasos consecutivos, ya está pensando en agachar la cabeza y aceptar hacerse cargo de una de las próximas entregas de “Harry Potter”.

Luis Campoy
Calificación: 4,5 (sobre 10)

sábado, 2 de septiembre de 2006

Primer Trailer Oficial de "SPIDERMAN 3"


Hace unas semanas me hice eco de una página web en la que se podía ver un trailer "falso" de la (esperadísima) "SPIDER-MAN 3", si bien se trataba de un collage de imágenes perpetrado por un aguerrido fan. Pues bien, ahora va en serio, y os adjunto el link donde podéis encontrar el primer "teaser" oficial de la película. Personalmente, y, aunque no me gusta mucho el diseño del traje negro (es prácticamente el mismo que el otro... pero oscurísimo), tengo que deciros que estoy encantado con las imágenes que nutren el trailer, donde puede verse a Eddie Brock (Topher Grace) pero no a su alter ego, Veneno (a éste lo reservan para los siguientes "aperitivos"), a Flint Marko/El Hombre de Arena y Harry Osborn luciendo el uniforme de Duende (¿verde o no?). También, en un par de planos que te dejan boquiabierto, aparece una dulcísima Bryce Dallas Howard dando vida a la maravillosa Gwen Stacy... rubia y con diadema, como mandan los cánones. ¡Y el simbionte que poco a poco va recubriendo el cuerpo de Spiderman resulta de lo más creíble... y terrorífico! En fin, espero que os guste; ya me contaréis.

http://www.apple.com/trailers/sony_pictures/spider-man_3/large.html