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sábado, 12 de agosto de 2006

Cine: Mi comentario sobre "JORGE EL CURIOSO"

Free Image Hosting at www.ImageShack.usUna verdadera y muy agradable sorpresa. Eso me resultó “Jorge el Curioso” (“Curious George”) cuando el otro día fui a verla con mis niños.

Tal y como me sucedió hace unas semanas con “Asterix y los vikingos” (de la que todavía no he hablado… pero hablaré), la primera sensación que experimenté viendo en pantalla grande una película de dibujos diseñada y rodada al viejo estilo (en dos dimensiones y merced al trabajo de decenas de animadores, y no como consecuencia de la pericia tecnológica de un frío ordenador) fue de estar retrocediendo quince años en el tiempo, a una época más inocente, más pura, más auténtica.

El “Jorge” del título (“George” en el original inglés) es un simpático monito que vive en Africa, en un entorno casi paradisíaco. Su gran aventura comienza cuando Ted, también conocido como “El hombre del sombrero amarillo”, irrumpe en sus dominios buscando el Idolo de Zagawa, una estatua gigantesca que resulta ser una miniatura. Decepcionado ante las expectativas del señor Bloomsberry, dueño del museo en que trabaja y que, tras su fracaso, se va a ver abocado al cierre, Ted regresa a la civilización llevando a Jorge como inesperado polizón. Las vidas de ambos cambiarán para siempre…

Basada en una colección de libros infantiles escritos en la década de 1940 por Margret y H.A. Rey (que es justamente como se llama el carguero que en la película hace la ruta hacia Africa), “Jorge el Curioso” es fruto del esfuerzo y dedicación de Matthew O’Callaghan, que llevaba diez años tratando de poner en marcha el proyecto, y al fin ha conseguido llevarlo a buen puerto gracias a la producción de Ron Howard, el denostado director de “El Código Da Vinci”.

Concebida como un cruce entre “King Kong” y “En busca del Arca Perdida”, “Jorge el Curioso” está dotada de un encanto visual que roza lo mágico, debido sobre todo a una utilización de la luz como jamás he visto en ninguna otra película de dibujos animados. La luminosidad de la selva, los cielos soleados de la ciudad, los interiores del museo y el edificio de apartamentos en el que vive Ted están plasmados con una paleta de colores absolutamente fascinante, digna del monito Jorge, artista autodidacta que en el film crea auténticas obras de arte utilizando sus manos y pies. La banda sonora del film contiene varias canciones a cargo de Jack Johnson y ha sido producida por el omnipresente Hans Zimmer.

La aparente sencillez de su factura, la simplicidad de su argumento, el mensaje positivo a favor de la amistad y escenas tan logradas como la del vuelo en globo o la del pánico en las calles que provoca la gigantesca imagen holográfica del pequeño Jorge constituyen suficientes alicientes para pasar una agradable tarde en el cine con los niños, que disfrutarán un entretenimiento sano gracias a esta película que en numerosos momentos, supongo que deliberadamente, resulta demodé y atemporal, como los buenos sentimientos que redimen la avaricia y la ambición.

Por cierto, mi hijo se llama Jorge y es muy mono, y también muy curioso……


Calificación: 7 (sobre 10)

Luis Campoy