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viernes, 14 de julio de 2006

Cine: mi comentario sobre "SUPERMAN RETURNS"

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Superman vuelve. Vaya notición. Desde que en 1987 se estrenase la horrenda e infame “Superman IV: En busca de la paz”, todos los proyectos para devolver la gloria merecida al personaje icónico de DC Comics habían venido fracasando irremisiblemente. Algo parecido sucedía con Batman, también, por cierto, de DC, desde que la no menos horrenda “Batman & Robin” (1997) supusiese todo un atentado no sólo contra el buen cine sino también contra el buen gusto. El año pasado se estrenaba “Batman Begins”, para mí la mejor de todas las películas de las protagonizadas por el Hombre Murciélago, y ahora llega la esperadísima “Superman Returns”, con el evidente propósito de conseguir parecidos resultados cualitativos y cuantitativos.

Superman regresa a la Tierra después de cinco años. En ese tiempo (que empieza a contar justo después de finalizar “Superman II”, cuando el Hombre de Acero había vuelto a recuperar su fuerza y blindar de nuevo su identidad secreta después de una noche de amor junto a Lois Lane), el héroe ha estado tratando de localizar los restos de su destruído mundo natal, el planeta Krypton. No es el único que sabe que en Krypton radica el secreto de sus superpoderes: el sempiterno villano Lex Luthor tiene nuevos planes y no va a consentir que el hijo pródigo se los vuelva a frustrar. Paralelamente, la intrépida reportera Lois Lane parece que no ha perdido el tiempo, y tiene un hijo de cinco años al mismo tiempo que ha rehecho su vida junto a un nuevo compañero sentimental…

A pesar de la contratación de una primera estrella de Hollywood (Kevin Spacey) para desempeñar el rol del villano, lo primero que tenemos que dejar claro es que el auténtico enemigo de “Superman Returns” es… “Superman, la película”, el film de 1978 que dirigió Richard Donner y catapultó a la fama al malogrado Christopher Reeve. Por alguna razón que me parece absolutamente equivocada, el director de esta quinta entrega de la saga, Bryan Singer, ha optado por una vía peligrosamente ambigua entre el remake del título original y la continuidad de la línea argumental tras su primera secuela, lo cual acaba convirtiéndose en el principal lastre del film.

Ya he dicho alguna vez que “Superman” (1978) es la mejor adaptación de un comic llevada al cine. Su tono dramático (aunque salpicado con precisos golpes de humor), su diseño de producción, su banda sonora (obra de John Williams) y la elección de su protagonista (un Christopher Reeve que bordea la perfección) y antagonista (Gene Hackman, inconmensurable) son tan acertadas y brillantes que difícilmente podrán ser jamás superadas. Supongo que por esta razón, el director Bryan Singer no ha podido o no ha sabido escapar a la construcción de un aparatoso monumento con el que rendir un respetuoso homenaje cinéfilo hacia el film de Donner, del que se ha declarado ferviente admirador. Singer ha hecho pocas películas (“Sospechosos habituales”, “Verano de corrupción” y las dos primeras entregas de “X-Men”), pero todas reunían una gran calidad, por lo que a priori parecía una buena elección para hacerse cargo del cacareado regreso del Hombre de Acero.

Como he dicho al principio de este artículo, “Superman IV: En busca de la paz” (1987) era tan mala que necesariamente tenían que pasar algunos años para que algún productor se arriesgase a recuperar la franquicia con un mínimo de garantías de éxito, y ello sucedió a mediados de la década de los 90, cuando los derechos revirtieron de nuevo en Warner Bros., de donde nunca debieron salir. Desde entonces, mil y un proyectos se habían puesto en marcha y todos ellos se habían frustrado (el más sonado, el que contaba con guión de Kevin Smith y que hubiera dirigido Tim Burton con ¡Nicolas Cage! vistiendo la capa roja), y ni McGee (artífice de las dos partes de “Los Angeles de Charlie”) ni Brett Ratner (autor de “Hora punta”, “El Dragón Rojo”… y “X-Men 3”, sustituyendo, paradójicamente, a Bryan Singer) pudieron llevar a buen puerto sus respectivas visiones de la condición superheroica. Hasta que los directivos de la Warner consiguieron convencer a Bryan Singer para que abandonase a sus mutantes y se trasladase de Marvel a DC, y de Nueva York a Metrópolis.

He de decir que, desde el principio, tuve un mal presentimiento respecto a este “Superman Returns”. Las primeras decisiones de Singer (oscurecer los colores del supertraje, conservar la partitura original de John Williams…. pero sin John Williams, y volver a contar con Lex Luthor como único villano) se me antojaron potencialmente desacertadas, si bien es cierto que, en líneas generales, los aciertos (al menos en teoría) podrían haber superado a los defectos: Kevin Spacey, el nuevo Luthor, es uno de los mejores actores de la actualidad, los efectos especiales han avanzado inconmensurablemente en los últimos 20 años… e incluso el desconocido Brandon Routh parecía un digno heredero del llorado Christopher Reeve.

El problema de “Superman Returns” está en el tono, en la textura argumental y temática, en la misma esencia de su razón de ser. ¿De qué se trata en realidad? ¿De un remake de la película de 1978 o de una nueva entrega de la serie? Para tratarse de un remake, de una nueva versión, debería haber sido mucho, muchísimo más valiente, y haber prescindido del mismo diseño de producción, de la misma conceptualización temática e incluso de la misma y conocidísima banda sonora. Pero si lo que pretendía era erigirse, simplemente, en un nuevo capítulo de la saga, no se entienden los flashbacks sobre la infancia del héroe (¿un guiño a la serie televisiva “Smallville”?), la repetición de decenas de encuadres y movimientos de cámara que remiten a la película original, los aburridos diálogos en los que los personajes parece que hablan tan sólo para que el espectador los escuche y, sobre todo, el “maquivélico” plan del villano que, en realidad, es prácticamente el mismo que Luthor pretendía llevar a cabo hace casi 30 años.

El “oscurecimiento” del color del traje de Superman me parece una adecuada metáfora respecto a aquellos luminosos años 70 en los que todo comenzara. Ahora todo es más oscuro y menos colorista y no sólo los tonos rojos son casi marrones: Superman, que ha permanecido tantos años fuera del candelero, era un concepto pasado de moda (algo así también ha sucedido, paralelamente, en los comics) y los responsables de “Superman Returns” han tratado de dramatizarlo, de hacerlo “adulto” sin adulterarlo… y lo han conseguido sólo a medias. Sorprendentemente, Brandon Routh logra una interpretación tan correcta y una composición tan admirable y tan convincente que no se echa de menos a Christopher Reeve. Kate Bosworth, la nueva Lois Lane, supera sin mucho esfuerzo a la escuálida Margot Kidder, que constituía el punto más débil del reparto original. Frank Langella (el nuevo Perry White) no tiene apenas ocasión de lucirse, pero pesa más el recuerdo del estupendo Jackie Cooper. James Marsden, "Cíclope" en las tres partes de "X-Men", hace de sobrino (que no hijo, como se ha dicho) de Perry White y se supone que es el hombre que sustituye a Superman en el corazón de Lois. Eva Marie Saint, la legendaria protagonista de “Con la muerte en los talones”, resulta encantadora como la entrañable Mamá Kent (y Glenn Ford, el Papá Kent de 1978, aparece en una fotografía sobre la repisa de la chimenea). Parker Posey intepreta, con más pena que gloria, a una mala-pero-menos en la misma línea que la mucho más sensual Valerie Perrine. Y Marlon Brando, gracias a unos planos descartados pertenecientes a su actuación en la película de 1978, vuelve a ser Jor-El, el padre kryptoniano del protagonista. En cuanto a Kevin Spacey, parece como si fuese incapaz de trascender la debilidad de su personaje sobre el papel, y, aunque trata de no imitar a Gene Hackman, no consigue cuajar una buena interpretación.

Demasiado oscura, demasiado larga y (llamemos a las cosas por su nombre) demasiado aburrida, “Superman Returns” podía haber sido un glorioso nuevo comienzo…. pero se queda en una tierra de nadie que no es pasado ni es futuro, pero tampoco un presente muy prometedor. La innecesaria sorpresa argumental acerca de que Clark y Lois pudieron haber concebido un hijo durante su única noche de amor no hará sino poner las cosas aún más difíciles a los futuros guionistas de la saga, y todos los aficionados al comic tenemos aún fresco lo que sucedió cuando Peter Parker/Spiderman y su esposa Mary Jane a punto estuvieron de convertirse en padres. Un cambio tan drástico en el concepto primigenio del héroe podría no ser aceptado por el público, aunque será el tiempo quien lo diga. En cualquier caso, ya tenemos de vuelta a Superman, con nuevo rostro y un traje más o menos parecido al habitual (aunque, ahora que lo pienso, al que se asemeja mucho es al que lucía Christopher Reeve cuando interpretaba al héroe perverso en “Superman III”), con su novia habitual (aunque ahora madre y, además, comprometida con otra hombre) y con el mismo enemigo de costumbre, volando más alto y mejor que nunca (hay que admitir que los efectos especiales son lo mejor de la función, con especial mención al rescate del avión en el que viaja Lois Lane, toda la secuencia del coche sin frenos y ese plano, sin duda el mejor hallazgo del film, de la bala del atracador cayendo al suelo deformada tras rebotar en el ojo de Superman) y arropado por una fanfarria musical que ha hecho y sigue haciendo historia (por cierto, me sentí indignado cuando, en los títulos de crédito, se dice “Música compuesta por John Ottman” y, a continuación, en letras más pequeñas, “Tema de Superman escrito por John Williams”… cuando, en realidad, el porcentaje de música nueva compuesto por Ottman debe rondar el 15 % del total, y el resto de la banda sonora son los mismos acordes originales de Williams, además orquestados exactamente igual que hace 28 años).
Calificación: 7 (sobre 10)
Luis Campoy

martes, 4 de julio de 2006

Cine: Mi comentario sobre "SCARY MOVIE 4"

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“Aterriza como puedas” es, para mí, la comedia más divertida e hilarante de la historia del Séptimo Arte. Nunca jamás me he reído tanto en un cine como el día en que la ví por primera vez; en un par de ocasiones, a punto estuve de caerme de la butaca. Cuando, años después, tuve la oportunidad de realizar mi primera película, “El Butanero siempre llama dos veces” (1992), no dudé en utilizar el mismo esquema que el de “Aterriza…”: una trama argumental mínima pero efectiva, homenajes a las escenas más significativas de los films más conocidos, y un sinfín de gags (prácticamente uno en cada plano), que no dan tregua al espectador.

Después de “Aterriza como puedas”, sus artífices, los directores y guionistas Jerry Zucker, Jim Abrahams y David Zucker (conocidos popularmente como ZAZ), continuaron haciendo reir con la secuela de aquélla, “Aterriza como puedas II” (que no dirigieron personalmente), "Top Secret!", “Por favor, maten a mi mujer” y un par de sagas no tan exitosas pero sí bastante estimulantes, “Agárralo como puedas” y “Hot Shots!”, mientras, paralelamente, iban surgiendo diversas imitaciones más o menos afortunadas que copiaban la fórmula original. Una de ellas fue “Scary Movie”, que intentó ser al cine de terror lo que “Aterriza…!" fue al cine de catástrofes y más concretamente a la saga de “Aeropuerto”.

Perpetrada por los hermanos Wayans (Keenen Ivory en la dirección y Shawn y Marlon en la redacción del ¿guión?), “Scary Movie” dejaba bastante que desear a todos los niveles, pero resultó un incomprensible éxito de público, dando origen a la inevitable secuela, “Scary Movie 2”. Cuando todo parecía indicar que la cosa quedaba vista para sentencia, la productora de la saga, Miramax, decidió dar un giro de timón y contrató al veterano David Zucker, uno de los tres realizadores de “Aterriza como puedas”, para hacerse cargo de “Scary Movie 3”. El resultado fue espectacular: Zucker mantuvo a la mayoría de los protagonistas de las dos partes anteriores (con Anna Faris y Regina Hall a la cabeza), pero imprimió al nuevo film su estilo habitual y la franquicia subió enteros no sólo en cuanto a repercusión popular, sino también en cuanto a calidad.

Así las cosas, “Scary Movie 4” ha acabado por ser una de las películas más esperadas de la temporada, y llega a España no exenta de polémica: la distribuidora internacional, Buena Vista, filial de Disney, exigía tan altísimo porcentaje de los beneficios de taquilla que han sido muchos los exhibidores que han preferido no estrenarla.

“Scary Movie 4”
está repleta de referencias a otras películas, a las que parodia con tanto respeto en lo formal como irreverencia en la fidelidad al espíritu del título original. En este caso, la trama principal es la misma de “La Guerra de los Mundos” de Steven Spielberg: un hombre separado cuyos hijos van a pasar el fin de semana junto a él se convierte en la mayor esperanza de la Humanidad para hacer frente a una invasión alienígena. Paralelamente, el espectador es bombardeado con un sinfín de chistes a costa de films como “El bosque”, “El grito” (versión USA de “La maldición”), “Saw” o las veneradas “Million Dollar Baby” y “Brokeback Mountain”, e incluso con un epílogo final en el que la burla va dirigida directamente contra el protagonista de “La Guerra de los Mundos”, Tom Cruise, de quien se ironiza su comparecencia el verano pasado en el show de Oprah Winfrey.

Me ha defraudado bastante “Scary Movie 4”. Supongo que una parte de mí esperaba encontrar un imposible retorno a los días de gloria de “Aterriza como puedas”, pero de aquélla tan sólo permanece el director, uno de los actores secundarios (el simpático e incombustible Leslie Nielsen) y la tan imitada fórmula de “argumento propio + oleada de chistes + parodias de películas famosas”. Por desgracia, el humor de hoy en día ha descubierto la universalidad de la vena escatológica y la mayoría de los chistes tienen que ver con fluídos corporales o actividades sexuales (el gag inicial con Charlie Sheen y su sobredosis de Viagra, o la misma referencia a “Brokeback Mountain”, con absurda canción incluída) y, en cualquier caso, aunque la fotografía no deja de ser correcta, la planificación de Zucker es de lo más “plana” (valga la redundancia), los actores, todos ellos, están absolutamente desaprovechados (¿qué se le perdido por aquí a Bill Pullman? ¿acaso echaba de menos sus días de bufón en “Spaceballs”?) y el noventa por ciento de los gags son tan efectivos en su hilaridad como torpes en su concepción y desarrollo.


Calificación: 6 (sobre 10)

Luis Campoy

lunes, 3 de julio de 2006

Errores imperdonables

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Escribo este artículo desde la indignación. Me parece indignante, inadmisible y vergonzoso que una revista de Cine publique un texto como el que os reproduzco a continuación (originalmente publicado en la página 21 del número 130 de la revista “CINEMANIA” correspondiente a este mes de Julio de 2006):

Veteranos en paro

Cineastas de experiencia como ROMAN POLANSKI (73 años, arriba, en el rodaje de Oliver Twist, donde acabó de niños hasta el gorro) se toman un respiro con el Oscar al mejor director (El pianista) en el estante. Nada se mueve en el despacho de SYDNEY POLLACK (71), dedicado a la producción tras La intérprete. JOHN FRANKENHEIMER (72) lleva seis años (desde Operación Reno) sin aparecer en los créditos. Los mismos que JOHN SCHLESINGER (77), desde Algo casi perfecto. El director de El cartero siempre llama dos veces BOB RAFELSON (73) y ALAN J. PAKULA (70) esperan quizá su última oportunidad, mientras tanto, BLAKE EDWARDS (83) ya vive retirado.


Hasta ahí el texto original. Yo lo he leído, lo he releído y de repente he pensado que debo ser tremendamente clarividente o absolutamente omnisciente, porque soy capaz de responder sin lugar a dudas a algunas de las preguntas que parece sugerir el articulista de “CINEMANÍA”. Por ejemplo, yo sí sé por qué no se mueve nada en el despacho de John Frankenheimer: porque falleció el día 6 de Julio de 2002, a la edad de 72 años (los que dice el texto que tiene en la actualidad). Asimismo, una de las razones por las que John Schlesinger no ha dirigido ningún otro film desde la penosa “Algo casi perfecto” es porque pasó a mejor vida el día 25 de Julio de 2003. Finalmente, tengo que decir que dudo mucho que Alan J. Pakula esté aguardando su última oportunidad, ya que el hombre tuvo la mala idea de morirse el día 19 de Noviembre de 1998.

Jamás he leído un artículo tan corto que contuviese tantos y tan garrafales errores. Ninguno somos perfectos y yo soy el primero en equivocarme. Pero, tratándose de una revista especializada en Cine (por cierto, ¿no os parece que la portada de Julio, el mes de "Superman returns" no podía haber sido más fea y menos estimulante?), ya hubiese sido lamentable que el trabajo en cuestión albergase una información errónea respecto a un cineasta fallecido al que aún se considera vivo. Dos, hubiera sido sospechoso, pero ¡tres!, tres directores muertos a los que el articulista aún considera vivos y “en paro”…. amigos, éso me parece sencillamente imperdonable.