contenido de la página

Dame tu voto ¡Gracias!

Dame tu voto en HispaBloggers!

miércoles, 31 de mayo de 2006

"luis eres un hereje"

Free Image Hosting at www.ImageShack.us

Este es el sucinto comentario que un valeroso visitante que firma como “Anónimo” ha tenido a bien depositarme bajo mi artículo sobre “El Código Da Vinci”. A partir de tan sencilla frase (sólo 4 concisas palabras) poco análisis puede hacerse, a excepción de que el autor (o autora) conoce mi nombre de pila (bautismal, que conste) y también tiene unas mínimas nociones de ortografía (a pesar de que desconoce el correcto uso de las comas; en este caso, una de ellas hubiera venido que ni pintada separando “luis” de “eres”). No obstante, querido/a amigo/a “Anónimo”, permíteme recordarte que los nombres propios, incluso los de los acusados de herejía, deben escribirse con mayúscula inicial, por lo que “Luis, eres un hereje” (con la letra capital y la coma antes mencionada) hubiera sido una alternativa que me hubiera parecido más aceptable. En cualquier caso, mi enhorabuena por haber escrito correctamente la palabra más complicada de las cuatro, ya que no todo el que insulta al prójimo suele discriminar adecuadamente la “g” de la “j”. No quiero ni pensar lo horrenda que hubiera quedado la acusación si hubiese sido formulada de la siguiente manera: “luis eres un herege”, por no decir “luis eres un ereje” o cualesquiera otras no menos espantosas variantes.

La verdad es que cuando publiqué el dichoso artículo acerca de “ECDV” (por si me está leyendo algún fanático de la intolerancia, de ésos que tan sólo buscan y rebuscan inexistentes ataques a la fe para poder rebatirlos como mejor saben hacer: insultando, desvelaré el enigma de que “ECDV” son las iniciales de “El Código Da Vinci”), esperaba bastantes más comentarios de los que he recibido, aunque, ingenuamente, los imaginaba referidos a mi postura favorable al resultado final del film de Ron Howard (por cierto, el muchacho o muchacha que me llama “hereje” ¿habrá leído por sí mismo/a el libro o visto con sus propios ojos la película, antes de atacar a alguien por trazar un artículo de opinión sobre esta última?). Como dije en aquel momento, una gran mayoría de las críticas han sido negativas y todas coinciden en los argumentos que yo, modestamente, traté de rebatir. Sin embargo, o yo no tengo ni repajolera idea de cine (cosa que a veces pienso, cuando me doy cuenta de que tengo más ganas de volver a ver “V de Vendetta” que, por ejemplo, “Brokeback Mountain”) o los que denigran a la versión cinematográfica de la novela de Dan Brown tan sólo representan a una preocupante minoría de espectadores, ya que todas, todas, todas las personas a las que conozco que han desafiado el anatema de la excomunión acercándose al cine para ver “ECDV” me han manifestado después una opinión más o menos positiva, coincidente, en líneas generales con la mía: “No es que sea la mejor película que he visto, pero está bien”.

El otro día alguien me comentó, medio en broma medio en serio, que casi parecía que yo me llevaba comisión de Columbia Pictures por defender la película. Ojalá fuera así: seguramente no tendría que estar ahora agobiado e inquieto por el desembolso de algo más de mil euros que tengo que efectuar si quiero rescatar mi coche del taller. Ojalá pudiese ir “de gorra” al cine, tanto yo como mis niños y puntuales acompañantes, y poder, asímismo, atiborrarme gratuitamente de palomitas e inundar mi gaznate de litros y litros de refrescos de cola a costo cero. Pero no. Ni me subvenciona Columbia ni tampoco recibo dividendos de los agentes de Ron Howard, Dan Brown o el propio Tom Hanks. Simplemente me considero lo suficientemente libre como para tener una opinión y manifestarla tratando de no insultar a nadie, cosa que, si tuviera que hacer alguna vez, haría poniendo bien visible mi nombre (con “L” mayúscula inicial) con el fin de que el eventual “insultado” tuviese ocasión de replicar y/o defenderse.

martes, 30 de mayo de 2006

El tiro por la culata

Free Image Hosting at www.ImageShack.us

Ultimamente me ha dado por reestructurar y reorganizar mi colección de música, razón por la cual estoy recopilando lo mejor de los mejores artistas y creando de cada uno de ellos una selección de sus piezas más granadas y significativas. Police, Eagles, Pink Floyd, Mecano, Radio Futura, Elvis Presley… Hoy le ha tocado el turno a Miguel Ríos, viejo rockero que a los 61 años está casi más joven que a los 16, y, mientras esta mañana emprendía en mi coche el trayecto Alhama-Lorca, he estrenado el recién grabado CD en el que he condensado la singular trayectoria del artista granadino. “Bienvenidos”, “Santa Lucía” y “Año 2000” sonaban mejor que nunca, pero, al iniciarse el “Himno a la Alegría”, he detectado un acompañamiento de percusión en el que nunca antes había reparado. “Será un remix”, es lo primero que he pensado, justo cuando mi vehículo ha comenzado a tironear y encabritarse. Con mano férrea lo he conducido hasta el arcén más próximo, donde el bicho metálico ha tomado la decisión irrevocable de no volver a arrancar. Yo, lejos de enfadarme, casi me he sentido ilusionado ante la posibilidad de estrenar por fin el chaleco reflectante que adquirí hace dos años y aún no había sacado de su funda. Ya a salvo de cualquier mal, he montado con no menos infantil ilusión uno de los triángulos de emergencia que todos los españolitos conductores hemos de cargar en el maletero sólo para que adquieran dudoso protagonismo en circunstancias como ésta. Acto seguido, me he dado el gustazo de utilizar el móvil dentro del coche (pero con éste detenido y el motor parado) para llamar al servicio de asistencia en carretera de mi compañía aseguradora. Tras dos largas llamadas en las que me han solicitado todos los datos solicitables y algunos más (aunque no el número de mi póliza de seguro, cosa que me ha extrañado), he tenido algo más de 30 minutos para continuar escuchando al veterano Mike Ríos, hasta que finalmente he sido rescatado por un servicial gruísta que se ha ocupado de que mi automóvil y yo aterrizásemos sin mayor novedad en el Servicio Técnico correspondiente. Allí, el muy educado encargado del taller me ha obsequiado la jornada (hablando en plata: me ha dado el día) con un primer diagnóstico consistente en que no-sé-qué correa se había roto y enganchado a su vez con otra correa, por lo cual la transmisión no transmitía y el alternador no alternaba, y todo ello devendría muy probablemente en una necesaria pero temida apertura de la culata….. y en ese momento he comprendido que el tiro que disparé hace dos años, cuando compré mi Megane de segunda mano, me había salido, precisamente… por la culata. Mil eurillos es el primer presupuesto provisional, y el metódico encargado me lo ha dejado caer tan trascendentemente que me ha dado la impresión de que me estaba preguntando veladamente si iba a efectuar la reparación o si tal vez estaría pensando en donar las piezas válidas del “carro” a la ciencia automovilística. Pero ¡ay! vivimos en una época rara, tanto que ni siquiera ya el pobre Raúl es capaz de tirar del carro de la Selección, y yo, pobre neófito de todos estos menesteres, he comprendido que, “carro” o “barrato”, no tenía más remedio que acatar el importe del arreglo si este fin de semana quería llevar a mis niños a algún lugar un poco más lejano que el muy caluroso casco urbano de Alhama. Ya me lo decía mi padre: “El coche es una hucha”… una hucha que, cuando menos te lo esperas, te achucha con traición y alevosía.

lunes, 29 de mayo de 2006

Mi comentario sobre "X-MEN III: La Decisión Final"

Las dos primeras entregas de la saga “X-Men” (título original de la serie de comics conocida en España como “La Patrulla-X”), estrenadas, respectivamente, en 2000 y 2003, basaron su incuestionable éxito de público y su favorable acogida por parte de la crítica en su exacta mezcla de aventura, espectacularidad y alegato contra la intolerancia. Metáfora de la “diferencia” (ya sea a causa del color de la piel o de la orientación sexual), la mutación de los protagonistas se utilizó no sólo como excusa para exhibir un montón de apabullantes efectos visuales, sino también para exponer las consecuencias dramáticas que conlleva ser “especial” en un mundo regido por la mediocridad de lo “normal”. Cuando Bryan Singer, el director de los dos primeras partes, desertó de la serie para hacerse cargo de “Superman Returns”, los productores emprendieron una difícil búsqueda para encontrar a alguien capaz de mantener el mismo espíritu y, sobre todo, el mismo nivel logrado anteriormente. El elegido ha sido Brett Ratner, cuyo curriculum no está cuajado, precisamente, de obras maestras (sus mayores logros comerciales son las dos partes de “Hora punta” que intepretaron Jackie Chan y Chris Tucker), aunque he de decir que a mí me gustó bastante “El Dragón Rojo”, adaptación de la primera novela de Thomas Harris sobre el doctor caníbal Hannibal Lecter que Ratner filmó en 2002.

La acción de “X-Men III” arranca más o menos donde quedaron las cosas al final de “X-Men 2”: el criminal (o revolucionario, según se mire) Magneto está en libertad, tratando de reagrupar a su Hermandad de mutantes diabólicos, y la telépata y telekinética Jean Grey se ha autoinmolado para salvar las vidas de sus compañeros de la Patrulla-X. Estos últimos, entre los que destacan Lobezno (Hugh Jackman), Tormenta (Halle Berry), Pícara (Anna Paquin) y Cíclope (James Marsden) tratan de seguir adelante con sus vidas, cuando una poderosa empresa farmaceútica anuncia el hallazgo de una cura que eliminaría el gen mutante, con lo cual cesarían las “diferencias” entre los homo sapiens (humanos normales y corrientes) y los homo superior (los sujetos afectados por las mutaciones). Como es lógico, el Profesor Charles Xavier (Patrick Stewart), director de la Escuela de Jóvenes Talentos y mentor de la Patrulla-X y su antaño amigo Magneto (Ian McKellen) adoptarán posturas contrapuestas ante tan explosivo anuncio, en tanto que el nuevo Secretario gubernamental para Asuntos Mutantes, Hank McCoy, alias Bestia (Kelsey Grammer) apoyará los postulados de Xavier. La guerra entre los dos bandos parece inminente, y la increíble resurrección de Jean Grey (Famke Janssen), más poderosa y descontrolada que nunca, no hará sino empeorar las cosas…

El argumento elegido para esta tercera (y última, según algunos) aventura de los mutantes tiene mucho que ver con la famosa saga de “Fénix Oscura” (el regreso a la vida de una hiperpoderosa Jean Grey), aunque también con la que precisamente ahora está publicándose en nuestro país, desde las páginas de la nueva colección “Astonishing X-Men” (la curación del gen mutante). Evidentemente, los “viejos” lectores de las historietas de Marvel serán quienes más disfruten esta película, y sólo ellos podrán captar los numerosos guiños a la continuidad que se generan en la interacción de los personajes (Coloso lanzando como un misil a Lobezno, éste último y la Bestia luchando codo a codo), pero también es conveniente, al menos, que el espectador de la tercera entrega haya visto las dos anteriores; sólo de este modo podrá captar el fondo y el trasfondo de este relato que da comienzo con un flashback situado 20 años atrás, cuando unos jóvenes Xavier y Magneto reclutan a la niña Jean Grey. En cualquier caso, la película contiene tres o cuatro secuencias que te dejan con la boca abierta (aunque éso ya no extraña a nadie, tratándose de una producción de una major como la Fox), además de algún que otro instante cuyo intimismo y humanidad era casi imposible de prever en un director como Brett Ratner (me estoy refiriendo, por ejemplo, al prólogo, con el Angel tratando de cercenarse las alas que exhiben públicamente su “diferencia”).

No, no se echa demasiado en falta a Bryan Singer (cuyo “Superman Returns”, al menos si juzgamos por lo visto en el trailer, tampoco promete demasiado), y yo diría que en esta tercera parte se hallan algunos de los mejores momentos de toda la saga, especialmente a partir de que Magneto secciona el puente Golden Gate y arroja una de sus mitades sobre la vieja cárcel de Alcatraz, y, sobre todo, la lucha cuerpo a cuerpo subsiguiente, donde por fin vemos a la Patrulla-X (Lobezno, Bestia, Tormenta, Coloso, Hombre de Hielo y Gatasombra) actuando como un verdadero equipo, aunque también es justo reseñar la relación de Angel con su padre y, sobre todo, la consumación (nada convencional) de la historia de amor entre Lobezno y Jean Grey. No es una película de actores (aunque Ian McKellen, Halle Berry, Kelsey Grammer –el “Frasier” televisivo, que interpreta a la Bestia – y, sobre todo, Famke Janssen, están bastante entonados), pero no es tampoco una mala película. Muy al contrario, se trata de un entretenimiento dignísimo incluso para la inteligencia, con un mensaje moral no por simple menos necesario y, sobre todo, filmado y montado de modo primoroso, con pocas lagunas en su ritmo y con un tono narrativo que, sin dejar ser eminentemente serio, permite numerosos destellos de humor.

Calificación: 8 (sobre 10)

Luis Campoy

miércoles, 24 de mayo de 2006

Comic: COINCIDENCIAS

Mismamente como si se hubiesen puesto de acuerdo. En este mes de Mayo he registrado algunas llamativas coincidencias en varios de los comics cuyas colecciones suelo adquirir, y esas coincidencias me han parecido lo bastante signitifactivas como para dedicarles un artículo. Para empezar, en el número 8 de “Astonishing X-Men”, Joss Whedon y John Cassaday continúan con su saga “Peligroso” (¿no sería mejor traducido “Peligrosa”?), en la que se narra el modo en que la famosa Sala de Peligro (donde desde tiempos inmemoriales se entrena la Patrulla X) adquiere conciencia y voluntad propia, llegando incluso a tomar forma corpórea. Tengo que decir que este episodio es un poco decepcionante con respecto al anterior, pero se agradece el toque terrorífico que aporta el desdichado Alas, el adolescente que se suicidaba lanzándose al vacío tras haber perdido sus poderes mutantes. El hecho de que Alas regrese de entre los muertos convertido en zombie confiere al tebeo una dimensión suplementaria, que lo hace aún más atractivo para un amplio espectro (permitidme el chiste malo) de público. Pero es que en el número 11 de “Ultimate Fantastic Four” tenemos otra ración de zombies, sólo que aún más espectacular. Tras un experimento transdimensional, el joven Reed Richards de la línea ultimate contacta con su yo adulto perteneciente al universo Marvel convencional, a resultas de lo cual viaja a una realidad alternativa en la que todos los superhéroes han caído vícitimas de una extraña enfermedad que les ha convertido en oscuras criaturas necesitadas de alimentarse de otros superseres todavía sanos. El guiño a películas como “28 días después” o “Amanecer de los muertos” es más que evidente, y queda espectacularmente resaltado por un sorprendentemente maravilloso dibujo de Greg Land. Pero no se acaban aquí las casualidades, ya que en este mismo “Ultimate Fantastic Four 11” Mark Millar cuenta el modo en que, durante un viaje temporal, la Cosa derriba de un puñetazo a un enorme Tiranosaurio Rex… que es justamente el mismo bicho que aparece en la doble página inicial del número 5 de “Los Nuevos Vengadores”, también publicado este mes. Lo del dinosaurio es lógico, ya que en el número anterior dejábamos al Capitán América, Iron Man, Spiderman, Luke Cage y Spiderwoman recién llegados a la Tierra Salvaje, a donde habían acudido en busca del científico Karl Lykos, más conocido como Saurón (con acento bien grande para distinguirlo del villano de “El Señor de los Anillos”), que es capaz de convertirse en hipnótico pterodáctilo.

Tres comics, tan diferentes los unos de los otros (bueno, todo lo diferentes que pueden ser unos tebeos de superhéroes procedentes de la misma editorial), y, sin embargo, capaces de albergar en un mismo mes tan evidentes y espectaculares coincidencias. Como dijo Stan Lee: “Excelsior!”.

lunes, 22 de mayo de 2006

Mi comentario sobre "EL CODIGO DA VINCI"


Lo primero que tengo que decir acerca de “El Código Da Vinci” es que estoy indignado. Indignado a causa del trato que está recibiendo esta película mediante una estrategia perfectamente orquestada cuya finalidad es conseguir que la gente no vaya a verla. Si ya la novela original de Dan Brown hablaba de una conspiración urdida por la Iglesia católica, parece que algo parecido está sucediendo ahora a través de determinados medios de comunicación que utilizan su poder e influencia para evitar que los espectadores afronten un thriller intelectual que plantea y resuelve decenas de enigmas religiosos y lo hace resultando siempre entretenido.

Por si alguien no ha leído la novela en que se basa el film recién estrenado, tan sólo desvelaré en líneas muy generales la trama de “El Código Da Vinci”. Cuando el conservador del Museo del Louvre es hallado muerto en su lugar de trabajo, el experto en simbología religiosa Robert Langdon (Tom Hanks) es considerado culpable por la Policía francesa. Ayudado por la criptóloga Sophie Neveau (Audrey Tautou), Langdon consigue escapar y tanto la chica como él se ven obligados, para probar su inocencia, a resolver una serie de enigmas cuya trascendencia final pondría en peligro el fundamento mismo de la Iglesia católica, razón por la cual un obispo del Opus Dei (Alfred Molina) encomienda a un torturado monje, albino por más señas (Paul Bettany), la misión sagrada de silenciar a aquéllos que conozcan el secreto. Perseguidos tanto por el Opus como por un estricto policía francés (Jean Reno), Langdon y Sophie sólo contarán con la ayuda del tullido Sir Leigh Teabing (Ian McKellen), estudioso de uno de los conceptos sagrados más famosos de todos los tiempos: el Santo Grial.

Por respeto a esos pocos seres humanos que todavía no han leído el best seller superventas escrito por Dan Brown, esto es todo lo que voy a contar acerca del argumento de “El Código Da Vinci”, y, aunque os parezca lógico que no se desvelen demasiados detalles acerca de un film de intriga, es justo lo contrario lo que se está haciendo estos días a través de un sinfín de medios de comunicación. ¿Por qué razón se cuentan tantas y tantas cosas acerca de la trama de la película? ¿Por qué proliferan tanto las críticas negativas, que la tildan casi unánimemente de “aburrida”? La respuesta a las dos preguntas es muy simple y evidente: porque determinados sectores no quieren que vayáis a verla. ¿Para qué ir a ver una película cuyas sorpresas argumentales ya conocéis y que, además, os va a resultar aburrida?.

Si de algo os vale la opinión de quien ésto suscribe, os diré que yo no me aburrí durante la proyección de “El Código DaVinci”, sino todo lo contrario: se me hizo corta. El guión de Akiva Goldsman consigue aligerar el texto de Dan Brown de millones de detalles que en la novela cautivan pero en el film hubieran resultado superfluos, de forma que la intriga se desliza casi vertiginosamente. La obligada inclusión de un sinfín de explicaciones acerca del misterio que los protagonistas deben ir desentrañando está visualizada de un modo fascinante, mediante flashbacks que hacen recordar obras maestras como “Intolerancia”, fotografiados casi fantasmagóricamente y devenidos en hologramas entre los que Hanks y McKellen deambulan como sumergiéndose literalmente en la propia Historia.

Quizás he hecho mal escribiendo “Historia” con mayúsculas, porque, obviamente, ni la novela ni la película pretenden ser un tratado histórico, sino solamente una lúcida evasión que toma como excusa la religión y la influencia que la Iglesia ha tenido en el devenir de la Humanidad. No obstante, dudo mucho que un espectador de nivel medio considere que un producto comercial como éste pretende resultar ofensivo para su fe, y habría que preguntarse por qué ciertas entidades e instituciones se sienten amenazadas por una producción que, hábilmente, ha basado su campaña publicitaria en el impacto de la novela y en ningún momento ha pretendido ser otra cosa que un vehículo de entretenimiento.

Autor de una filmografía irregular, Ron Howard, ex actor infantil y antiguo protegido de George Lucas y Steven Spielberg, es artífice de varios taquillazos como “1, 2, 3… Splash”, “Cocoon” y “Willow”, de películas más o menos fallidas como “EdTV”, “Desapariciones” o “Rescate”, de producciones ambiciosas en lo cualitativo que obtuvieron algún que otro Oscar (caso de “Una mente maravillosa”) y, sobre todo, de dos películas que, personalmente, me encantan, “Apolo 13” y “Cinderella Man” (su mejor trabajo, claramente perjudicado por razones extracinematográficas debidas al talante de su protagonista, Russell Crowe), y podía parecer a priori un director inadecuado para afrontar la traslación al cine de “El Código da Vinci”. Personalmente, hubiera preferido a alguien más solvente, fiable o habilidoso como David Fincher, Bryan Singer o, puestos a pedir, Ridley Scott o el mismísimo Spielberg, pero, al menos en mi muy modesta opinión, formulada DESPUÉS y no antes de ver el resultado final, Howard se defiende bastante bien. Apoyado en una fotografía sublime que hace del claroscuro un verdadero arte, y eludiendo en lo posible la irritante parafernalia de efectos digitales que caracteriza al cine actual, Howard factura un digno entretenimiento (siempre, por supuesto, según mi punto de vusta) que no debería ofender la sensibilidad (se trata tan sólo de una película de evasión) ni la inteligencia de nadie. La mayoría de las necesarias explicaciones, apoyadas, como he dicho, en imágenes deslumbrantes, son fácilmente accesibles para cualquiera, las escenas de acción (persecuciones automovilísticas incluídas) están resueltas con corrección y el aspecto estético del film ha sido cuidado al máximo, haciendo protagonistas a las maravillosas obras de arte que ayudan a hacer avanzar la trama (“La Gioconda” o “La Ultima Cena”, ambas de Leonardo Da Vinci) o constituyen el escenario de algunas partes de la misma (el museo del Louvre o la Capilla de Rosslyn, si bien la Abadía de Westminster que aparecía en el libro tuvo que ser “reconstruída” para la película a partir de encuadres de otros lugares sagrados, dada la oposición de sus responsables religiosos). Me atrevo a decir que “El Código Da Vinci”, en virtud a la utilización de la luz como elemento dramático, es la película más “spielbergiana” de su realizador, aunque Howard le gana la partida al creador de “E.T.” a la hora de reprimir ciertos molestos derroches de sensiblería (véase la escena final en la capilla Rosslyn) que suelen lastrar incluso las grandes obras de este último. Mención especial merece la banda sonora compuesta por Hans Zimmer (cuyos cortes, por cierto, están todos titulados en latín), que acompaña perfecta y modélicamente a las imágenes aportándoles una dimensión dramática aún más profunda, y que, al parecer, ha sido censurada en Inglaterra debido a su “tenebrismo” (¿?) y exceso de tensión (¿¿??).

Otro de los aspectos que más se ha criticado de “El Código Da Vinci” es la interpretación de sus actores, que ciertamente no están todos al mismo nivel. El inmenso Ian McKellen borda, como siempre, su papel, y su Leigh Teabing adquiere nuevos matices de socarronería y debilidad que no tenían ni su Gandalf de “El Señor de los Anillos” ni su Magneto de “X-Men”: un actorazo. Paul Bettany (el monje asesino) sabe hacer creíble, dolorosamente creíble, a un personaje que sobre el papel podría haberse quedado en un villano bidimensional. En cuanto a Jean Reno, Alfred Molina, Audrey Tautou y Tom Hanks, obviamente han conocido días mejores y mejores interpretaciones. Jean Reno se me antojó pasivo y apático, Alfred Molina, más que a un Obispo del Opus Dei, parece que continúa encarnando al Doctor Octopus de “Spiderman 2” (y el doblaje, el mismo que entonces, acentúa esa sensación), Audrey Tautou abusa de las expresiones de perplejidad y se apoya demasiado en su tierna fragilidad, y Tom Hanks, sin estar mal, tampoco está a la altura de lo que podría esperarse de él (Russell Crowe, que durante muchos meses fue el actor previsto para el papel de Langdon, seguramente hubiera resultado más convincente); pero tampoco es para decir que, en la novela, Langdon es “un hombre atractivo” y Hanks lo convierte en “un ser grimoso”, como he leído por ahí. En cuanto a si existe química o no con Audrey Tautou, evidentemente no la hay, pero es que tampoco tiene por qué haberla, porque el guión del film elimina la más mínima posibilidad de romance entre Langdon y Sophie, lo cual, personalmente, agradezco; ¿acaso es necesario que los protagonistas de sexo opuesto acaben enamorados o encamados?.

“El Código Da Vinci” no pasará a la historia como la Mejor Película de todos los tiempos, y tal vez ni siquiera como la mejor de este año; pero es que nunca aspiró a serlo (al menos, lo primero). Es costumbre desde tiempos inmemoriales que los libros más aclamados por la crítica literaria y que consiguen enamorar a mayor número de lectores acaben convertidos en imágenes cinematográficas, y era obvio que la controvertida novela de Dan Brown no iba a ser una excepción. Eso sí, pocos libros y películas llegan precedidos de tanta expectación y, por tanto, de tanta publicidad gratuita. Por ello es por lo que esas personas o instituciones a las que me refería anteriormente tratarán por todos los medios de convenceros a vosotros, potenciales espectadores, de que no debéis invertir algo más de dos horas de vuestro tiempo en conocer los mismos misterios que Brown recoje en las páginas de su best-seller. La decisión la tenéis vosotros mismos: yo tan sólo os digo que me gustó, que me entretuvo y que me encantó el modo en que se visualizan y resuelven los enigmas (sagrados o no) que adornan su argumento. No os dejéis llevar por actitudes reaccionarias o inquisitoriales, que una cosa es ser corderos (del rebaño de Dios)… y otra, muy distinta, ser borregos.

Calificación: 8 (sobre 10)

Luis Campoy

viernes, 19 de mayo de 2006

Primer trailer de "SPIDER-MAN 3"...

... pero no os hagáis ilusiones: es falso. Se trata de un fascinante trucaje de imágenes perpetrado por un fan dominicano, a base de planos de los dos Spidermans anteriores mezclados con fotogramas de "La Momia" y "Spawn". El resultado es muy divertido, ya que por primera vez podemos "visualizar" el traje negro, al Hombre de Arena y, sobre todo, a... ¡Veneno!. Lo he encontrado en la red y, advirtiéndoos de que la calidad no es perfecta, os invito a descubrirlo. Pinchad aquí abajo:

http://www.youtube.com/watch?v=qX-n-AUl-uU&eurl

Hoy por hoy por Pedro Blanco


La marcha de Iñaki Gabilondo a la nueva televisión Cuatro supuso un durísimo golpe para cualquier estudio de audiencias de la cadena SER. Ese es un hecho incuestionable. Su sustituto, Carles Francino, ha tardado mucho en cogerle el caire al programa indisolublemente asociado a Gabilondo, “Hoy por hoy”. Con Francino, las mañanas de la SER tienen otro tono, más político y, sobre todo, más social. Sólo que a veces lo político y social puede hacerse aburrido, sobre todo cuando la voz del presentador no tiene ni de lejos los matices, la entoncación y la perfecta dicción de don Iñaki. Es cierto que últimamente parece que el programa ha levantado un poco el vuelo, pero desde hace unos días vengo dándome cuenta de que cuando es el predecesor de Francino, Pedro Blanco, quien tiene la oportunidad de conducir el espacio, las cosas cambian. Blanco se ocupa básicamente de los sesenta minutos que median entre las seis y las siete de la mañana, y ocasionalmente conduce “Hoy por Hoy” cuando Francino está ausente, pero se trata de una auténtica promesa de la radio, poseedor de una bonita voz, muy puesto en temas de actualidad y siempre dispuesto a aportar alguna jugosa anécdota personal. Con todos mis respetos para Carles Francino, disfruto más cuando es Pedro Blanco quien lleva el timón. ¿Alguno quiere opinar al respecto?.

jueves, 18 de mayo de 2006

El Príncipe Almodóvar


Como casi todo el mundo ya sabe, el cineasta manchego Pedro Almodóvar acaba de ser galardonado con el Premio Príncipe de Asturias 2006 destinado a galardonar una trayectoria artística de probado reconocimiento. Ningún premio es totalmente objetivo y, por tanto, totalmente justo, desde el Nobel hasta el Oscar, pasando por el de Eurovisión o el FIFA World Player, ya que todos estos reconocimientos son fruto de la deliberación de una serie de personas subjetivas debido a su propia humanidad, y nunca del todo imparciales. De todas formas, conceder el Príncipe de Asturias a nuestro más grande Embajador cultural no me parece en absoluto erróneo ni desacertado (otro cantar es el de Humanidades, que recayó en Guillermito Puertas, o sea, Bill Gates).

Almodóvar, con una carrera de más de veinticinco años a sus espaldas, ha de ser juzgado, como todo creador, por la envergadura de su arte, y no sólo por su talante personal o por la temática interna de sus trabajos. Que se trata de una persona homosexual que se enorgullece de serlo y ha hecho de su tendencia una bandera y un icono no da derecho a nadie a descalificar la calidad de algunas de las películas que ha filmado. Es cierto que las primeras, como “Folle, folle, fólleme, Tim”, “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón” o incluso “Laberinto de pasiones” han sido despiadadamente devoradas por el tiempo, y sólo perviven como rancios baluartes de la “movida” madrilena de los ochenta. Pero también es verdad que, con el devenir de los años, el director manchego no sólo se ha limitado a filmar una película tras otra, sino que ha conseguido erigirse en artista total, en genio generador de un estilo propio e inconfundible. Existe un “cine Almodóvar”·, un “estilo Almodóvar”, un “universo Almodóvar”, y eso no es aplicable a la mayoría de quienes viven del negocio cinematográfico. De acuerdo en que llega a hacerse monótono y pesado que en sus films los protagonistas sean casi siempre mujeres (cuando no travestis o transexuales) y casi nunca los hombres sean presentados como personajes positivos. Pero no es menos cierto que él como nadie sabe crear un clima propio e intransferible, a base de una fotografía que legitima la pantalla panorámica, una dirección de actores (sobre todo, actrices) casi perfecta, unos diálogos que basculan entre la comedia y el drama casi sin solución de continuidad, una dirección artística sencillamente exquisita y, sobre todo, un tratamiento del color que casi desde sus inicios constituye la marca de fábrica de la casa.

Ahora viaja a Cannes para presentar a concurso su último trabajo, “Volver” (ver crítica en esta misma página), y en el aeropuerto atendía ayer a los periodistas que le felicitaban por la consecución de este importante Premio. Nadie es profeta en su tierra (en Francia, Estado Unidos y en muchos sitios más, Pedro está considerado simplemente uno de los mejores directores de la actualidad), pero, aparte de sus más o menos cómicas apologías de la femineidad y la homosexualidad, creo que a Almodóvar puede considerársele el más brillante talento en activo de una industria cinematográfica tan precaria como es la española.

Campeones... también de Europa


Con muchísimos más apuros de los previstos, el Barça nuevamente se proclamó Campeón de algo, en esta ocasión de la Champions League (la antaño conocida simplemente como “Copa de Europa”). Si queréis saber la verdad, yo estaba convencido de que al final del día me iría a la cama con la satisfacción de una merecida victoria, pero ignoraba que íbamos a sufrir tanto para conseguirla. Mientras me encaramaba al altillo del armario para desempolvar la bufanda azulgrana que mi abuela Dolores me tejió hace unos 30 años, imaginaba que íbamos a vivir una noche eufórica plena de goles o al menos de un fútbol vistoso y espectacular. Sin embargo, el amigo Frank Rijkaard debió levantarse ayer con el pie izquierdo, y planteó una alineación de ésas que recuerdan sus primeros meses en el club, cuando estuvo probando todas las combinaciones posibles hasta dar con el sistema de juego que le encumbró como uno de los mejores técnicos del mundo balompédico. Para empezar, dejó en el banquillo al joven (22 añitos recién cumplidos) Andrés Iniesta, el jugador con la mente más en forma del equipo, y en su lugar colocó al madurito Mark Van Bommel (holandés, por cierto, como el propio Rijkaard), que no ha brillado precisamente durante esta temporada y, desde luego, no atraviesa su mejor momento de ¿creación? de juego; pero es que, además, Ronaldinho salió como delantero centro de corte clásico, anclado en el centro del ataque blaugrana, y el casi siempre devastador Samuel Eto’o quedó relegado a la banda, donde su oportunismo y olfato podían hacer menos daño al equipo rival, un Arsenal ante el que hay que descubrirse. Considero justa la expulsión del guardameta Lehmann, que derribó a Eto’o tras agarrarle por el pie, pero no fue lógica la anulación del gol de Ludovic Giuly con el que concluyó la misma jugada. Allí el árbitro debió aplicar la ley de la ventaja, o, en su defecto, pitar penalty y no falta, pues el derribo del delantero camerunés tuvo lugar sobre la mismísima línea que limita el área pequeña. De todas formas, en ningún momento el equipo inglés se derrumbó ni tiró la toalla, sino todo lo contrario. Si ya desde el principio quedó demostrado que el Arsenal estaba más lúcido que el Barça, con un par de acciones peligrosísimas con la rúbrica del pretendido Thierry Henry (que, si hacemos caso al diario sensacionalista “Sport”, es desde hace al menos un año jugador azulgrana), lo que sucedió al quedarse con un hombre menos fue simplemente que su hambre de triunfo estalló con voracidad, y, como consecuencia de esta ansia devoradora, llegó el gol inglés a cargo del corpulento Sol Campbell. El Barcelona intentó empatar el partido antes de irse al descanso, pero la disposición táctica de Rijkaard seguía sin funcionar, y ni Ronaldinho ni Eto’o ni mucho menos Van Bommel tenían su noche, siendo el pobre Giuly, uno de los jugadores más bajitos sobre el terreno, el único que lo intentó todo, a pesar de que sus compañeros le ponían los balones más inverosímiles. En el segundo tiempo y, tras el receso, pareció que Rijkaard recuperaba la cordura. Xavi continúa sin estar al cien por cien, así que era obvio que el único centrocampista inspirado y creativo era Iniesta, que nada más saltar al campo demostró que toda la primera parte había sido un borrón que había que limpiar urgentemente. Los dos cambios siguientes acabaron por recomponer al Barça ganador que todos (o casi todos) estábamos deseando recuperar. Larsson salió por un poco afortunado Van Bommel, y de su bota brotó el pase de gol que materializó Eto’o, que ya ocupaba su demarcación natural, intercambiando su posición con un bastante desconocido Ronaldinho, que no cuajó una buena actuación. El empate estaba logrado, pero fue la segunda sustitución (Belletti por Oleguer) la que determinó el destino del encuentro. Un providencial Juliano Belletti, nuevamente a pase de Larsson, mandó a la red un esférico que, al igual que hoy se recuerda a Koeman como “el héroe de Wembley”, seguramente le convertirá en “el héroe de Saint-Denis”. Todavía quedaban minutos, pero todo estaba consumado. El Arsenal se había vaciado sobre el campo tras una actuación inmejorable y un sobreesfuerzo que, quizás no del todo justamente, no les reportó el premio que merecían. Pero claro, a nadie la amarga un dulce, y, como reconocido culé, me entusiasmó poder presenciar cómo un emocionado Carles Puyol levantada la segunda Copa de Europa para el palmarés del F.C. Barcelona. El proyecto de Laporta cosecha un nuevo fruto maduro, y en agosto se vivirá una SuperCopa de Europa totalmente inédita, ya que los dos contendientes serán, por primera vez, dos equipos del mismo país: el Sevilla, triunfador de la UEFA, y el Barça, flamante campeón de la Champions. La noche también tuvo su regusto melancólico, por cuanto constituyó prácticamente el adiós de dos personajes que han contribuído meritoriamente a que los azulgrana hayan llegado donde han llegado: Henrik Larsson, que regresa a su Suecia natal para terminar su carrera futbolística, y el menos nombrado Henk Ten Cate, hasta ahora segundo de a bordo de Frank Rijkaard, que la temporada próxima se convertirá en nuevo entrenador del Ajax de Amsterdam. A pesar de que a algunos, que suelen mezclar demasiado frecuentemente el deporte con la política, no les acabe de gustar que un club catalán conquiste el Viejo Continente, lo cierto es que el Fútbol Club Barcelona se ha proclamado, por segunda vez en su historia, ganador de la Liga de Campeones. Y ése es un hecho innegable.

miércoles, 17 de mayo de 2006

Los cincuenta del Capitan Trueno


A pesar de que se trata de un comic español, nacido en una industria a años luz de la que, por ejemplo, es capaz de vender millones de ejemplares en los USA del inefable George Bush, la mayoría de medios de comunicación se hacen eco estos días de las bodas de oro de uno de nuestros héroes de papel más populares: el Capitán Trueno.

Heredero en cierto modo de la tradición instaurada por un ilustre predecesor como El Guerrero del Antifaz, el Capitán Trueno nacía en 1956, llenando a sus desprevenidos lectores de aventuras gallardas y caballerescas, de castos amores eternos y de adversarios (casi siempre extranjeros) poseídos por una destructiva maldad. Hay quien dice que su creador literario, Víctor Mora, trató de patentizar con Trueno un ejemplo vivo de las cualidades éticas y morales que propugnaba el régimen del general Franco, pero el otro día leí que, en realidad, Mora era (es) un comunista convencido a quien sólo le importaba el poder evasivo de la aventura medieval. Es ésta una constante que se repite una y otra vez cuando una obra alcanza el éxito: unos y otros, los ideólogos afines y rivales tratan de atribuirse los méritos últimos de lo creado.

El Capitán Trueno es una especie de guerrero o caballero andante a quien no acompaña tropa o mesnada alguna, sino tan sólo dos fieles compañeros de armas: el joven Crispín y el gigantón tuerto Goliat. Juntos viajan por todo el medievo, desfaciendo cuantos entuertos encuentran a su paso. El mundo medieval nunca fue tan pequeño como en este tebeo, cuya faceta eminentemente visual corrió a cargo de un excelente dibujante conocido simplemente como Ambrós.

Para que no faltase ningún elemento en el cocktail (la apostura y gallardía de Trueno, la vivacidad adolescente de Crispín y la bonhomía y fuerza bruta de Goliat), era obvio que tenía que haber una “chica”, y así surgió la bella y rubia Sigrid, heredera del trono escandinavo de Thule, y que junto al Capitán Trueno protagonizaría una historia de amor tan puritana y estirada en el tiempo como la que, por ejemplo, mantuvieron Superman y Lois Lane.

Aunque cada vez más espaciadas a lo largo de los años, las historias o historietas del Capitán Trueno han seguido publicándose hasta casi la actualidad, con el ya fallecido Ambrós reemplazado por decenas de artistas que, no pudiendo imitarle, emprendieron caminos estéticos muy diferentes. Víctor Mora, no obstante, ha sido el máximo responsable de los guiones, y parece que tiene intenciones de continuar la serie, una serie que ha estado a punto de saltar al cine en dos ocasiones (la primera de ellas, bajo dirección de Juanma Bajo Ulloa, quien luego fue sustituído, también infructuosamente, por Alejandro Toledo) y que, como mínimo, sí ha saltado al mundo de la música, desde el que el grupo Asfalto cantara una canción dedicada a este bravo paladín cuyo estribillo rezaba: “Ven, Capitán Trueno, haz que gane el bueno…”

viernes, 12 de mayo de 2006

Mi comentario sobre "MISSION: IMPOSSIBLE III"


Desde el principio me pareció que “Mission: Impossible”, el primer capítulo de la saga cinematográfica que dirigió Brian De Palma en 1996, era mucho más que una simple película de evasión. Los que intentamos no sólo pasar el rato sino, al mismo tiempo, comprender y disfrutar cada detalle del argumento, tuvimos mil y una razones para prestar atención al complejísimo guión de David Koepp y Robert Towne, trufado de pistas verdaderas y falsas, datos casi siempre mareantes y decenas de personajes cuyos nombres había que retener de inmediato. Quizás por éso, para complacer a un espectro de público más amplio (a ése que sólo disfruta en el cine cuando las imágenes sirven de contrapunto al sabor de las palomitas), el film también contenía un par de memorables escenas de acción, que enseguida pasaron al imaginario colectivo (recordad el divertido homenaje que se le rendía en “Shrek 2”). A continuación, el actor y productor Tom Cruise, principal impulsor del proyecto de adaptar al cine la serie televisiva creada por Bruce Geller, se apuntó un nuevo éxito (aunque sólo de público) con “Mission: Impossible II”, que apostaba deliberadamente por complacer al espectador más “palomitero”, en detrimento del que poseía inquietudes más “intelectuales”; el film, dirigido por John Woo, tan sólo es recordado por la espectacularidad de su secuencia de inicio y por la aparatosidad de su duelo final a bordo de sendas motocicletas.

“Mission: Impossible III” demuestra el fino olfato del Cruise productor, que ha sabido rectificar a tiempo y regresar a la mezcla primigenia que contenía iguales dosis de intriga y espectacularidad. Sin ser tan difícil de seguir como en el caso de la primera entrega, el guión vuelve a obligar al espectador a prestar atención a los detalles, a las intrigas y a las motivaciones de los personajes. En esta ocasión, vemos que el superagente Ethan Hunt (ya retirado del servicio activo) pretende llevar una vida normal y está a punto de casarse con la doctora Julia (Michelle Monaghan). Sin embargo, un antiguo compañero de su Agencia ultrasecreta, Musgrave (Billy Crudup) acude a él para encargarle una última misión: liberar a la agente Lindsey (Keri Russell), que se halla prisionera en Berlín (Alemania) a manos del supercriminal Owen Davian (Philip Seymour Hoffman). Si decide aceptar la misión, Hunt contará con su propio comando, compuesto por 3 especialistas (Ving Rhames, Maggie Q y Jonathan Rhys Meyers), pero deberá hacerlo sin el consentimiento del jefazo, el rígido Brassel (Laurence Fishburne).

Como veréis, os he atiborrado de nombres propios para que experimentéis por vosotros mismos lo que os comentaba al principio del artículo, pero en realidad el hilo argumental no deja de ser esquemático. Casi os diría que desde el primer momento supe quién era el villano, y obviamente, sin contaros el final, es evidente que todos podéis imaginar cómo acaba la película. Por lo tanto, y a pesar de que los diálogos y situaciones son un poco menos estúpidos que en “Mission: Impossible II”, lo que destaca sobremanera en las película que ahora nos ocupa es su puesta en escena.

Tras ser tanteados David Fincher (“Seven”) y Joe Carnahan (“Narc”), finalmente el realizador asignado por Cruise al proyecto ha sido el televisivo J.J. Abrams, responsable de series como “Alias” y “Perdidos”, y que aquí se viste de largo como director de cine. Muy bien filmada de principio a fin, cuidando con mimo la composición de cada plano y, sobre todo, configurando prodigiosas escenas de acción que tienen el ritmo preciso y la duración apropiada, estoy seguro de que “Mission: Impossible III” será recordada por tres grandes momentos que con toda seguridad serán imitados en las comedias venideras: la elaboradísima secuencia del secuestro de Davian en el Vaticano, la consecución de la “Pata de Conejo” (auténtico mcguffin o broma argumental del film) en Shanghai y, sobre todo, la misión de rescate de la agente Lindsey en Berlín, con esa inolvidable huída en helicóptero por entre las aspas de los molinos aerogeneradores del parque ecólico.

En un momento en que todo el mundo parece estar empezando a odiar a Tom Cruise a causa de su vida personal (su demasiado publicitado romance con Katie Holmes, su defensa a ultranza de la Iglesia de la Cienciología, su cruzada contra los psicólogos, su propósito de comerse la placenta tras el nacimiento de su hija…), tengo que decir que me impresionó el excelente estado de forma del actor, que, con 43 años, compone un personaje eminentemente físico, en un rodaje en el que en la mayoría de sus escenas prescindió de la utilización de dobles. Que Cruise es un actor bastante aceptable no creo que haga falta que yo lo diga, como tampoco que dispone de un registro limitado y que sus composiciones son casi siempre calcos las unas de las otras (claro que lo mismo ocurre con otras grandes estrellas del cine de ahora y de siempre). Philip Seymour Hoffman, que acaba de ganar el Oscar por “Truman Capote”, aporta algo de “qualité” a la película, pero dispone de pocos minutos y tampoco parece muy deseoso de entregarse al máximo. Quien sí me sorprendió fue Billy Crudup, muy sutil y acertado en su papel, y no digo más para no reventar el lógico suspense. Ving Rhames repite por tercera vez como Luther, el eterno compañero de Ethan Hunt, Laurence Fishburne parece anclado artísticamente en su “Morpheus” de la trilogía “Matrix” y la bella Maggie Q, diva del moderno cine de artes marciales de Hong Kong, recuerda muchísimo a Lucy Liu. Finalmente, ¿soy el único que creyó ver un toque de morbo en las dos actrices a las que defiende Tom Cruise en la película? Michelle Monaghan recuerda en más de un plano a Katie Holmes, la actual esposa de Cruise y madre de su hija Suri, pero es que Keri Russell (la pelirroja “Felicity” televisiva) tiene también un cierto parecido con Nicole Kidman, anterior pareja del actor. ¿Será casualidad? ¿Serán tan sólo imaginaciones mías?. ¿Adivináis cuál de las dos muere… en el film?

Calificación: 7 (sobre 10)
(iba a darle 7,5 o quizás incluso 8, pero el horrendo epílogo, exultante de absurda felicidad y, además, a cámara lenta, se merece un capón)

Luis Campoy

Manolete torea en Alcoy


Ya está bastante avanzado el rodaje de la película “Manolete”, que, obviamente, narra parte de la vida del torero español más famoso de todos los tiempos. Pocos días después del estreno del mastodóntico “King Kong” de Peter Jackson se anunciaba a bombo y platillo que el protagonista masculino de ésta, Adrien Brody, iba a ser el actor encargado de dar vida al diestro, en un indudable acierto de casting. El parecido de Brody con el mítico matador es innegable, nariz incluída, y, afortunadamente, las negociaciones económicas llegaron a buen puerto y el fichaje del ganador del Oscar por “El Pianista” pudo hacerse realidad. En la película, a Brody le acompaña nada menos que “Pe”(nélope Cruz), dando vida a la compañera del matador, Lupe Sino, siendo Menno Meyjes, conocido por su labor de guionista para “El Color Púrpura” de Steven Spielberg, el director al frente del proyecto.

Durante esta semana, el equipo de rodaje ha estado filmando localizaciones en la alicantina población de Alcoy, concretamente a 25 metros de donde vive mi amigo Eugenio, que me cuenta que todas las calles adyacentes se hallan cortadas al tráfico, con lo que las crecientes oleadas de curiosos tienen que conformarse con seguir con la vista a las decenas de figurantes vestidos de época que entran y salen del improvisado plató alcoyano. Como bien dice mi amigo, “yo fliparía” contemplando un despliegue de esas características. Muchas gracias, Eugenio, por la información.

jueves, 4 de mayo de 2006

Campeones

¡Campeones! No hubiera hecho falta gracias a la derrota de su más aventajado perseguidor, el Valencia, pero, tras ganar por 0-1 al Celta, el Fútbol Club Barcelona acaba de proclamarse justo vencedor de la Liga de Fútbol 2005-2006. Lo de “justo vencedor” lo digo sin triunfalismo alguno, ya que es obvio y notorio que ningún otro equipo español reúne o ha reunido méritos similares, o, al menos, tanta regularidad cualitativa durante tanto tiempo. Dicen que, numéricamente hablando (en el cómputo de goles marcados/goles recibidos y cosas así), el mejor equipo de la segunda vuelta del Campeonato ha sido….. el Real Madrid, pero ni siquiera los madridistas más acérrimos podrían negar la superioridad del eterno enemigo azulgrana.

Hace tiempo que a la actual plantilla del Barça se la está intentando comparar con aquel mítico “dream team” de Johan Cruyff, pero la realidad es que los Ronaldinho, Eto’o, Deco, Puyol, Xavi, Márquez o Messi de ahora poco o nada tienen que envidiar a los Koeman, Guardiola, Stoichkov, Romario, Laudrup, Bakero o Zubizarreta de aquel super equipo de los años 90. El mérito no es individual, sino colectivo, y todo comenzó con la llegada de Laporta y Rosell y con el fichaje de Ronaldinho (jugador mediático) y Rijkaard (entrenador de sorprendente talento y talante).

En aquel verano de 2003 muchísima gente se burlaba del Barça de Gaspart y Van Gaal, que era objeto de críticas y chanzas por parte de los partidarios a ultranza del Real Madrid… y de los anti-catalanistas de toda la vida. Pero al final de aquella Liga las risas se congelaron en muchas bocas, y el club azulgrana no ha hecho otra cosa que iniciar un camino de crecimiento que todavía debería dar sus frutos el próximo día 17 en París en la Final de la Champions League frente al Arsenal.

En cualquier caso, como reconocido culé que soy, me complace acostarme contento esta noche y deseo compartir esta alegría con quienes sientan, futbolísticamente hablando, igual que yo, y también con los que, simplemente, disfrutan de un fútbol alegre y ofensivo como el que el Barcelona sabe tan bien jugar.

miércoles, 3 de mayo de 2006

Mi encuentro con... Santiago Segura


Fue en la primavera de 1998. Acababa de casarme y mi vida era cómoda e incluso algo aburrida, y por ello me era tan fácil meterme en mil y un fregados. Realizaba entonces mi programa de radio “Pantalla Grande”, colaboraba activamente en la más modesta infraestructura del Paso Blanco, y era miembro de la junta directiva del recién creado Cine Club “Paradiso” de Lorca, una asociación cinéfila que nacía llena de ilusiones y ambición. Una de las primeras misiones del Cine Club, además de configurar su propia programación, fue el apoyo a la Primavera Cinematográfica de Lorca, que por aquel entonces se celebraba justo después de la Semana Santa. Con motivo de aquel evento, acudió a la Ciudad del Sol un importante elenco de primeras (o segundas) figuras del Cine español, que venían a promocionar sus últimos trabajos, a recibir algún homenaje o simplemente a disfrutar del buen clima mediterráneo; entre otros, se dejaron caer el ya fallecido director Juan Antonio Bardem y la musa de su último film, Mar Flores; Cayetana Guillén Cuervo y su padre, Fernando Guillén; el aún desconocido Andrés Gertrudix; el simpático actor de la vecina Puerto Lumbreras, Ginés García Millán; Neus Asensi, guapísima estrella de la recién estrenada “Torrente, el Brazo Tonto de la Ley”, y el director y protagonista de este último film, Santiago Segura.

Con Santiago me encontré brevemente la noche de la clausura de la Primavera Cinematográfica, celebrada en el Hotel Amaltea de Lorca. A pesar de que era necesario obtener una invitación especial para dejarse caer por los jardines del hotel, donde se celebraba el cocktail de despedida, recuerdo que no cabía un alfiler. Todos los cinéfilos de la zona y gran parte de los que sólo buscaban una copa y un canapé gratis estaban allí metidos, y formaban ruidosos corrillos en los que no sólo se hablaba de cine. Cámara en ristre, intenté acercarme a alguno de los actores allí desplazados, con el fin de sacarme alguna foto con ellos, y lo conseguí fácilmente con Andrés Gertrudix y Neus Asensi. En cuanto a Santiago Segura, la cosa estaba algo más complicada.

Mi amigo Monty, que ya en aquel año 1998 era el fan número uno de S.S., no cesó en su empeño de asediar a su ídolo hasta que obtuvo no sólo un autógrafo, sino una foto e incluso una camiseta con el logotipo de “Torrente”. Yo no iba a ser menos, y, después de un largo rato haciendo cola (tal era la euforia colectiva desatada en torno al hombre de moda), me pude aproximar a Santiago. Me presenté, le dí una tarjeta de mi programa de radio, y le propuse hacernos una foto juntos. “Joder, estoy más solicitado que el burro del Retiro”, me contestó, sonriendo con más desgana que entusiasmo. No tengo el gusto de calibrar si el sex-appeal animal del señor Segura supera o no al del burrito del parque madrileño, pero, así, viéndolo de cerca, “Torrente” no me pareció tan divertido o ingenioso como en televisión; sería el agotamiento de las inacabables sesiones de promocion... En cualquier caso, he aquí la foto que (creo recordar) mi entonces esposa nos sacó. Apenas pude expresarle a Santiago Segura mi entusiasmo por su película (como he dicho alguna vez, el primer “Torrente” me parece una pequeña obra maestra… de lo kistch y de lo cutre… pero obra maestra al fin y al cabo) y estoy seguro de que la tarjeta que le dí acabó en alguna de las papeleras del hotel, pero, en cualquier caso, guardo un bonito recuerdo de aquella velada, y, como buen cinéfilo y mitómano que soy, mi autoestima sube muchos enteros cada vez que me veo retratado junto al amiguete por antonomasia del Séptimo Arte made in Spain.

martes, 2 de mayo de 2006

Cine: Mi comentario sobre "PLAN OCULTO"


Viendo “Plan oculto”, lo primero que hago es darme cuenta de lo ajeno que he estado a la carrera de Spike Lee, del que no he visto uno solo de dus trabajos desde “Malcolm X” (también, protagonizada, por cierto, por Denzel Washington). Otra cosa en la que reparo es en el radical cambio de estilo sufrido por el realizador afroamericano, tanto en lo temático (denuncia social a flor de piel) como en lo estético (colores vivos, movimientos de cámara casi frenéticos), desde los casi prehistóricos tiempos de “Haz lo que debas” o “Fiebre Salvaje”.

“Plan oculto” (cuyo título original no es otro que “Inside Man”, es decir, “El hombre de dentro”, aunque también podría significar “Dentro del hombre”) es la historia del atraco perfecto. Y poco más hay que decir. De hecho, la subtrama que intenta darle un aliciente suplementario al argumento principal es, para mí, lo más flojo y prescindible de la película.

Un grupo de atracadores liderados por Dalton Russell (Clive Owen) penetra en un banco de Nueva York y toma como rehenes a un grupo de empleados y clientes. Naturalmente, enseguida serán avisadas las fuerzas de seguridad, y la negociación es encomendada al detective Keith Frazier (Denzel Washington). Sin embargo, las cosas no son, en el fondo, tan simples como parecen, y no tardan en revelarse intereses bastante más prioritarios que el dinero…..

Soy consciente de que “Plan Oculto” ha sido muy bien acogida por la crítica y por el público más cinéfilo, y no seré yo quien diga que se trata de un mal producto. De hecho, mientras la veía, me encantó su contundencia, su planificación y montaje, la sobriedad de su fotografía, el aprovechamiento de sus escasísimos escenarios y, naturalmente, la presencia de Denzel Washington, uno de mis actores favoritos. Visualmente me resultó original el recurso de que los atracadores del banco obliguen a los rehenes a vestirse con monos idénticos a los suyos, para así poder confundirse con ellos, y no dejó de parecerme atractivo el subrayado musical compuesto por Terence Blanchard, a pesar de que en algunas secuencias me pareció que la banda sonora iba por un lado, y las imágenes por otro.

Sin embargo, allí donde “Plan Oculto” pretende desmarcarse del resto de películas sobre atracos es donde encontré su máxima debilidad. Toda esa historia acerca del anciano director del banco (Christopher Plummer) y la mujer (Jodie Foster) a la que contrata para que impida que ciertos secretos salgan a la luz se me antoja rancia y ñoña y dramáticamente superflua, por muy correctos que estén tanto Plummer como Foster (por cierto, también una de mis actrices favoritas). Si la acción se hubiese dispersado un poco menos y se hubiese potenciado un poco más la interesante relación entre el atracador y el policía (que, en algún momento, me recordó a la que mantienen Bruce Willis y Alan Rickman en “Jungla de Cristal”), estoy convencido de que el film hubiese mejorado ostensiblemente.

Para finalizar, comentaré, como casi siempre, algunas cosillas respecto al reparto, en el que destaca un Denzel Washington simplemente normalito (lo cual, a su nivel habitual, es bastante), un Clive Owen cada vez más inexpresivo, una Jodie Foster tanto o más glacial que de costumbre, un Willem Dafoe en un papel corto pero muy bien matizado y un Chiwetel Ejiofor (actor negro de nombre prácticamente imposible de recordar) que no lo hace nada mal a pesar de que su bagaje anterior se reducía, por lo que a mí respecta, a haberse dado el gusto de casarse con la maravillosa Keira Knightley en “Love Actually”.

Calificación: 7 (sobre 10)

Luis Campoy