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martes, 11 de abril de 2006

Mi comentario sobre “TIRANTE EL BLANCO”


Vicente Aranda está a punto de cumplir 80 años, pero, sinceramente, no creo que “Tirante el Blanco” sea, ni mucho menos, una prueba evidente de que chochea. Simplemente, le ha salido una mala película.

Tal y como cuenta Joanot Martorell en su célebre novela “de caballerías”, publicada en el siglo XV, Tirante el Blanco es un famoso caballero andante, capitán de su propia mesnada, que es requerido por el Emperador de Constantinopla para proteger tanto la ciudad como la virginidad de su hija Carmesina, a la que está pensando ofrecer en matrimonio al Gran Turco, líder de los otomanos que acechan tras los muros. Sin embargo, las cosas no son tan simples, y Tirante caerá pronto en las redes tejidas por la cohorte de damas que rodean a Carmesina…

Para no ser totalmente negativo respecto a esta película que ví (en el cine, of course) el sábado por la noche, empezaré diciendo que el diseño de vestuario es sublime y la música, obra de José Nieto, me pareció particularmente inspirada y adecuada, sorprendiéndome lo bien grabada que está.

Pero todo lo demás que se me ocurre no es precisamente positivo. Desde el mismo arranque de la película (la nave de Tirante arribando a un puerto de Constantinopla que se nota a la legua que está pésimamente reconstruído por ordenador), me asaltó la necesidad de reir… precisamente en las escenas menos apropiadas, mientras que, cuando sí era preceptivo liberar algunas sonrisas, éstas se hallaban tan perdidas entre los bostezos que las acompañaban, que casi era mejor no exteriorizarlas.

En el mismísimo “Don Quijote de la Mancha”, Miguel de Cervantes rinde homenaje al “Tirant lo Blanc” literario, salvándolo del fuego purificador al que los amigos de Alonso Quijano someten al resto de novelas caballerescas que pueblan las estanterías del hidalgo. Sin embargo, la traslación fílmica que firma Vicente Aranda es una sucesión de despropósitos desde el principio hasta el final, y ni siquiera el handicap de haber tenido que rodar en inglés (por exigencias de los coproductores británicos) ni las evidentísimas carencias presupuestarias me valen como excusa para paliar sus deficiencias.

Para empezar, Aranda ha metido la pata en la selección del casting, tal vez demasiado sujeto a las ya citadas servidumbres de cara a sus socios financieros ingleses, aunque la elección del británico Caspar Zafer como protagonista no es lo peor, ya que Zafer, al menos, tiene la apostura y gallardía necesarias. Rafael Amargo pone su palmito al servicio del Gran Turco, y aunque está más bien hierático e impasible, tampoco resulta particularmente molesto. Giancarlo Giannini cada día es peor actor, y aquí está pasadísimo o ausente, según los planos, pero ni siquiera ése es el peor de los males del film. El verdadero lastre de “Tirante el Blanco” es, sin duda, la joven Esther Nubiola, seguramente la peor Carmesina posible, incapaz de expresar emoción alguna, con una belleza que, como la fe o el valor en la mili, hay que dar por supuesta casi sin verla, y, sobre todo, con una voz y una dicción que son de lo peor que he oído en el cine español, al menos en un papel protagonista. Menos mal que están por allí Leonor Watling (mucho más guapa, más sexy y mejor actriz), Ingrid Rubio (poco favorecida en lo físico, pero componiendo un personaje encantador) y, sobre todo, Victoria Abril, que borda su papel de cortesana manipuladora y que a duras penas puede contener su lujuria.

Tratándose de una película de Aranda, era previsible que antes o después la trama de “Tirante el Blanco” acabaría propiciando un desfile de tetas y culos ciertamente de muy buen ver (incluso los de señoras entraditas en años como Victoria Abril o Jane Asher, la inglesa que hace de emperatriz), pero, para cuando esto sucede, yo llevaba tanto rato agitándome nervioso en la butaca que la líbido ya estaba tan adormecida como yo.

Quizás a alguien le extrañe que Vicente Aranda se haya atrevido a filmar una película de aventuras que requería dos o tres batallas y algunas escenas de masas, no tanto por la avanzada edad del realizador como por tratarse de un género que no es el suyo. Evidentemente, y esto me parece clarísimo, Aranda compró o alquiló tres DVDs en los que indudablemente se ha inspirado: “El reino de los cielos”, “Alejandro Magno” y “Gladiator”. De “El reino de los cielos” ha tomado prestados, además del diseño de los decorados y los vestuarios, los entresijos de la defensa de una ciudad cristiana (Jerusalén en aquel caso, Constantinopla en el presente) asediada por no tan fieros musulmanes; de “Alejandro Magno” copia la relación entre el protagonista y su lugarteniente (allí, Hefestión: Jared Leto; aquí, Diafebus: Charlie Cox); y, naturalmente, de “Gladiator”, ha plagiado la concepción y coreografía de las batallas. Sobre este último aspecto cabe lamentar la poca imaginación de Aranda o de su director de segunda unidad, a quienes, ante la evidente carencia tanto presupuestaria como logística (donde debería haber miles de figurantes, apenas aparecen decenas de ellos), tan sólo se les ocurre utilizar el mismo e insoportable recurso exhibido en el film protagonizado por Russell Crowe. Los ralentís ya me parecieron exasperantes en “Gladiator” (recuerdo que pensé, y sigo pensando, que era una pena que secuencias tan espectacularmente filmadas se estropeasen así en la moviola), pero es que la cámara lenta de Aranda, más que ralentizar, lo que hace es paralizar, lo que en absoluto mejora la carga dramática de la secuencia. Muy mal.

Me da pena decirlo, pero “Tirante el Blanco” es lo peor que he visto en el cine este año, y, seguramente, también el pasado. Se mire por donde se mire, una película que pretende ser espectacular y se queda en paupérrima, que trata de ser divertida y lo único que consigue es aburrir, que tan sólo cuenta en su haber con un mínimo cuidado estético y alguna (aislada) buena interpretación actoral… no puede ser considerada una buena película, y tan sólo cabe esperar que Vicente Aranda, ya prácticamente octogenario, tenga todavía la oportunidad de entonar un canto de cisne a la altura de algunos de sus trabajos anteriores.


Calificación: 4 (sobre 10)

Luis Campoy

6 comentarios :

Isa dijo...

Estoy pasando algún buen rato últimamente leyendo críticas malas de Tirante el Blanco. Sin ir más lejos, una que pusieron en Cinelandia aparecida en el diario El Mundo logró que me riera y todo con frases como " de dos horas le sobran dos horas" o algo así.
Desde luego ésta no voy a verla. Quizá si me invitan, para echarme unas risas.

Un saludo :)

Anónimo dijo...

Todavía no he ido a verla, pero es que hacer una película de un clásico de la literatura, en este caso, catalana......hay que tener valor...Yo me leí en su día la novela, pues estudié filología catalana (soy mestressa de catalá) y es una novela compleja.

Por cierto, hice la tesina de licenciatura sobre una novela de caballerías de la misma época: Curial i Güelfa.

Luis Campoy dijo...

No seas mala, querida Isa, no te rías deliberadamente del pobre cine español; aunque en este caso, como digo, fue prácticamente inevitable.

Anónimo dijo...

lo mejor de esta pelìcula fue la persona que tenìa a mi lado en la butaca....ja ja ja.Aunque no me resisto a seguir viendo cine español, esta pelicula no ayuda en nada a los desfavorecidos comentarios habituales "contra" el cine que se hace en casa...

Anónimo dijo...

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