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viernes, 10 de marzo de 2006

Un comic que me impresionó


Quiero hablaros de la profunda impresión que, todavía hoy, meses después de haberlo leído, me continúa causando una revelación que el guionista Joe Michael Straczynski se sacó de la manga para provocar un impacto visceral en los lectores más veteranos de la serie de Spiderman, los que la seguimos (casi) ininterrumpidamente desde los remotos años 70. En el número 512 de la colección "Amazing Spider-Man" (publicada actualmente en España por Panini) se desvelaba una serie de hechos destinados (como así ocurrió en los USA) a levantar polémicas de diferente signo, no sólo en los lectores de tebeos, sino en los poseedores de mentes demasiado estrechas y algo timoratas.

Os pongo en antecedentes: durante los últimos años 60 y primeros 70, Peter Parker, alias Spiderman, mantuvo un largo romance con una preciosa muchacha llamada Gwen Stacy, a la que conoció en su primer día en la Universidad. Gwen, caracterizada por el exquisito dibujante John Romita,Sr. como una doncella rubia que se peinaba con flequillo y ceñía su cabello con una diadema negra, poseía una personalidad tan viva y definida que pugnaba por salirse de lás páginas de la historieta: era dulce y abnegada hasta la extenuación, pero también aguerrida y combativa cuando la ocasión lo requería. Creo que todos los lectores de "Spiderman" estábamos platónicamente enamorados de ella, y por éso nos dolió tanto su (¿inesperada?) muerte ("Amazing Spider-Man" 121, Junio de 1973) provocada por la némesis arácnida, el Duende Verde original, bajo cuya máscara se escondía la personalidad esquizofrénica de Norman Osborn, padre de Harry, el mejor amigo de Peter Parker. Durante la no menos inolvidable batalla subsiguiente ("Amazing Spider-Man" 122), era el propio Duende Verde/Norman Osborn quien parecía morir de forma no menos dramática, a pesar de que, muchísimos años después, a los guionistas de la colección del Hombre Araña se les ocurrió la idea de que, en realidad, Osborn no murió de verdad y permaneció oculto durante 25 años (en el cómputo del mundo real; apenas 4 años para los personajes de tebeo).

Ya en la actualidad de lo publicado últimamente en España, hace unos meses aparecieron de la nada dos misteriosos personajes enmascarados llamados Gabriel y Sarah, quienes amenazaron la vida de Peter y sus seres queridos (su esposa Mary Jane y su adorada tía May), demostrando que conocían la identidad secreta del superhéroe. Paralelamente, Peter recibió (con un retraso de más de 4 años) una carta enviada por la pobre Gwen antes de morir, en la que le confiesa que, con el pretexto de un viaje de varios meses de duración a Europa, gestó y dio a luz a dos gemelos llamados... ¡¡Gabriel y Sarah !! O sea, aquéllos que tanto deseaban perjudicar a Peter y su familia eran nada menos que los hijos gemelos de la pobre Gwen (cosa que, en una impactante ilustración firmada por el dibujante Mike Deodato, Jr., el propio Spiderman comprobaba de primera mano, al arrancar la máscara de la tal Sarah y hallar los mismos rasgos de la fallecida novia de Parker).

Verificada la ascendencia materna de los atacantes, tan sólo quedaba por averiguar un detalle sin importancia: ¿quién fue el padre?. Aquí la cosa se complicaba un poco más, porque a) Peter nunca se acostó con su entonces novia (recordemos que los comics en los que se narraba su noviazgo se publicaron en la década de los 70, una época mucho menos permisiva que la actual) y b) los niños nacidos entonces tendrían en la actualidad (según el particular cómputo de los comics Marvel) no más de 4 ó 5 años, pero tanto Sarah como Gabriel son muchachos que aparentan rondar la veintena............. Los dos interrogantes tuvieron una explicación a todas luces absurda e ilógica, pero, como he dicho anteriormente, me causaron, sinceramente, una especie de conmoción. Ciertamente, imaginar a la muchacha más dulce y adorable de la historia de la historieta haciendo el amor con.... ¡Norman Osborn, alias el Duende Verde!, puede resultar una imagen dantesca pero, al mismo tiempo, imborrable. La vaga explicación que el guionista Straczynski enarbolaba nos contó que, durante una de las muchas crisis que el abuso de drogas provocó en su hijo Harry, Norman Osborn estaba tan abatido que la pobre Gwen intentó consolarle, y..... una cosa llevó a la otra, y al cabo de unos meses nacieron los hijos de la pareja, alterados sus genes por el suero que Osborn consumía para obtener los superpoderes que le permitían enfrentarse a Spiderman convertido en el Duende Verde, los mismos poderes que le permitirían sobrevivir a las heridas sufridas en el (aparentemente) mortal combate con el Hombre Araña. Así pues, Gabriel y Sarah se desarrollaban mucho más deprisa que los niños de su edad, y Osborn trató de coaccionar a Gwen para que le permitiese criarlos a su antojo, cosa a la que la chica se negó y provocó, horas después, su muerte a manos del Duende Verde.

Ya he dicho antes que esta nueva aventura de Spiderman causó un gran revuelo en Estados Unidos, tanto entre los defensores a ultranza de la continuidad (en realidad, Gwen jamás estuvo ausente de la vida de Peter durante tanto tiempo como para ocultar un embarazo y parir dos niños sin que éste lo sospechara) como, sobre todo, entre los norteamericanos más moralistas y puritanos, que no son capaces de aceptar que una joven de veintipocos años se acueste con un señor de más de cuarenta, sin estar casados y, encima, se quede embarazada. En cualquier caso, han pasado varios meses desde que leí el número 43 de la actual colección de Spiderman que publica Panini, y todavía me enervo al pensar en todo ello. Sé que la mayoría de la gente considera a los comics como una afición sólo admisible en niños o adolescentes, pero yo, además de poseedor de un espíriritu inamoviblemente juvenil, soy también admirador del arte, y os aseguro que tanto en la literatura de J.M. Straczinsky como, sobre todo, en los maravillosos dibujos de Mike Deodato, Jr., hay mucho arte... y mucha belleza.

Calificación: 8,5 (sobre 10)
Luis Campoy

1 comentario :

Anónimo dijo...

This is very interesting site... »