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viernes, 3 de marzo de 2006

El adiós de Florentino Pérez

Cuando escuché por primera vez que Florentino decía “Adiós” me pregunté si acaso el showman televisivo, creador de Krispin Klander y protagonista de “Isi/Disi” había decidido retirarse de los escenarios….. Pero no, se trataba del “otro” Florentino, no Fernández (el gracioso), sino Pérez (el millonario); no el de “Esta noche cruzamos el Mississipi”, sino el de “Esta tarde abandonamos el barco que se hunde antes de que nos hundamos con él”. Cuando llegó a la Presidencia del Real Madrid, allá por el año 2000, lo hizo con un bombazo más sociológico que deportivo: fomentando la traición de un futbolista (Luis Figo) que, en pleno éxito, escupió a la cara de la afición del Fútbol Club Barcelona y se pasó al equipo rival. El dinero lo puede todo, o casi todo, y, a partir de ese momento, el bueno de Florentino (Pérez) demostró su preocupación por amenizar nuestra apatía estival y trató de que no hubiese verano sin que el Real Madrid fichase a bombo y platillo (sobre todo platillo… volante) a alguno de los jugadores más mediáticos de la galaxia del balompié. Así, casi siempre entre los calores de la canícula, llegaron Zidane, Ronaldo, Beckham, Owen, Woodgate (bueno, éste nunca ha terminado de llegar del todo), Baptista, Ramos, Robinho, Cassano, etc. etc. etc. El brillo de tantas estrellas resplandeciendo juntas cegó a más de uno, y casi nadie pareció darse cuenta de que las estampitas no juegan al fútbol, y por éso hubo que recurrir a los “currantes” de la cantera para que desempeñaran el trabajo que los VIP’s no querían ni sabían desarrollar. Así nació la política empresarial de “zidanes” y “pavones”, que ha acabado por desequilibriar al club merengue. El baile de entrenadores (al pobre Vicente Del Bosque le echaron justo después de ganar una Liga, como justo “premio” a su contribución; le sucedieron Carlos Queiroz, Camacho, García Remón, Vanderlei Luxemburgo, López Caro…. y seguro que se me olvida alguno) y de directores deportivos (al bocazas de Valdano se le secó su irritante labia argentina, y el poco menos que legendario Arrigo Sacchi salió echando pestes) demuestra que la mentalidad empresarial del ya ex-presidente es muy útil a la hora de dirigir una macroempresa (su constructora, ACS, ha cerrado ejercicio triplicando los benificios del año anterior), pero totalmente infructuosa cuando se trata de conseguir que once hombres sobre un campo de césped no sólo den patadas a un balón, sino que sientan realmente los colores que teóricamente deberían defender. ¿Supondrá realmente la dimisión de Florentino, tal y como él dice, “el revulsivo que el Real Madrid necesita”? ¿O simplemente impedirá que su imagen de marca empresarial se deteriore al ritmo que la imagen deportiva del equipo? En la rueda de prensa en la que confirmó su dimisión, Florentino Pérez adoptó el papel de padre comprensivo y reconoció que no había sabido “educar” a sus jugadores, y que los había “malcriado” y “consentido”. Cuando yo reconozco eso mismo respecto a mis propios hijos suele ser después de haber cedido a algún capricho que me ha costado un par de euros; ¿cuánto habrá invertido el señor Pérez en saciar los caprichos de sus galácticas megaestrellas? Me da vértigo sólo de pensarlo………….

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